O LO UNO, O LO OTRO

Por berbros
Enviado el 20/03/2015, clasificado en Varios / otros
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Dicen que nació con cerebro y medio; y con un tamaño de cabeza un poco más grande de lo normal y que al nacer, casi se le va la vida a su madre.

A los cinco años ya se le veía que sus manos eran agiles y a los diez, sus dedos hábiles y ligeros como plumas, cuando tocaban aquél organillo en la Iglesia de la plaza principal de su pueblo, de igual manera que lo haría un ángel. A los doce, compaginaba la música con ser monaguillo y el resto del tiempo, siempre los ojos clavados en los libros; preferiblemente historia y poesía, pero siempre bajo las faldas de su madre, la señora Ciscar, constantemente escoltada por su perrita Luca, que parecía más bien una dama de compañía. Pues no daba ni patada sin ella.

Él iba y venía al colegio, Amigos??! Solo uno; su profesor de religión, el cual, poco a poco le fue adicionando y engatusando a su antojo, hasta el punto de convencerle de comenzar sus estudios para sacerdote. Y con esto, la Sr. Ciscar estaba más que encantada.

A los treinta, desempeñaba el cargo de cura en la misma Iglesia donde un día fue monaguillo. Todos sus feligreses creían que tenía la vocación calada hasta el tuétano. Aunque él, muchas veces no encontraba esa devoción, ni por asomo. Mientras, iba viendo pasar la vida rápidamente por delante de sus narices y eso le angustiaba.

Una mañana, sintió el deseo de pensar, necesitaba reflexionar, algo le bailaba en sus sienes, así que, se vistió con su sotana negra y tomo camino dirección a la playa. Una vez allí, se dispuso a caminar por la arena, inmerso en sus pensamientos, en su interior.

De repente, por detrás, oyó unas voces de gente:

¿Y el olor a castidad? A que olerá la castidad? Preguntaba una A lo que otra contestaba: - A mí que me registren, yo de olores no sé, yo voy por loores.

Escuchar esto le distrajo y lo alejo de su propósito. Sabía que murmuraban por él.

 

Estas, las voces de algunos, seguían cotilleando a sus espaldas?

¿Estos castos, serán enfermos imaginarios? A la porra tanta película y tanto libro de amor y tanto casto, si están todos sanos, coño! A corretear por el campo, hombre ya, que se acaba el mundo. Síganme los sanos?. Los que tengan amor que se jodan, que son unos enfermos.

No quiso seguir escuchando, con los zapatos llenos de arena y pensando que hay muchos bocazas sueltos, sin saberse de lo que dicen y luego no son nada de nada, se alejó de allí.

Sin embargo, esa noche no pudo dormir, ni la siguiente, y tampoco algunas otras que les siguieron. Algo había en las palabras de esos bocazas, que hacían que no pudiese dejar de cavilar. Una parte de él era madura, la otra parecía ser como un adolescente tímido. Algo estaba despertando en él, sin duda algo tardío, su sexo. Empezaba a sentirlo. Y se preguntaba y más que preguntar sentía verdaderas ganas de explorar. Porque él conocía mucho de poemas, pero nada sabía de orgasmos. Necesitaba comprobar, constatar, necesitaba? Ya no quería versos blancos, ya no quería fingir orgasmos cuando escribía poemas, ya no podía seguir mirando a sus feligreses cuando dentro de él la llama del deseo y su yo sexual se habían activado? No pudo más, y fue en su busca?

La señora Ciscar murió del disgusto. Luca, la perrita que ejercía de dama de compañía, lo hizo tres días después de su ama, posiblemente por melancolía. Y él está más que satisfecho, es dichoso, está feliz con su nuevo quehacer como actor en películas pornográficas, a las que siempre con el máximo respecto, suele darles alguna pincelada de humor con tonos religiosos y poéticos.

Su última película lleva por título ?Amor fingiendo un poema? Al comienzo él, se muestra vestido de cura, en su mitad se le ve a pecho descubierto recitando un alejandrino y todo para terminar desvestido.


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