ENCADENADA (PARTE 1 DE 2)

Por cclecha
Enviado el 31/03/2015, clasificado en Fantasía
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Poco a poco la calma iba volviendo a la villa. La patricia Julia todavía no salía de sus aposentos ya que el dolor que sentía la obligaba a rehuir las miradas del servicio.

Todo había ocurrido cuando Julia, habiendo salido de la villa al pueblo vecino, se había cruzado con una filera de esclavos encadenados  y custodiados por soldados, que venían procedentes de la cantera cercana.

Julia había hecho parar a sus porteadores y, saliendo del palanquín, se  había dirigido hacia uno de los encadenados que le llamaba la atención.  Dirigiéndose, posteriormente, a quién comandaba la expedición de esclavos, le había dicho:

- ¿Cuánto quieres por ese? - dijo señalando a un esclavo que destacaba del resto.

- Oh, excelencia? precisamente este es el mejor de todos: alto, fuerte, joven e incluso inteligente?

- Calla. No quiero oír más tu tronada cháchara. Hablarás con mi responsable económico y llegaréis a un acuerdo. Ya lo puedes desencadenar y que pase a seguir mi comitiva.

Así empezó todo.

Cuando llegaron a la  villa, sus dos más directas esclavas domésticas, Patricia y Livia, recibieron a su señora, y enseguida pasaron a cotillear entre ellas y a hacer comentarios sobre el esclavo. Livia, aparte de ser esclava más cercana, había conseguido ser la amiga y confidente de la señora. Ahora tenía preparadas las cremas y ungüentos previos al baño.

Cuando Julia, después del baño y enfundada en toallas, fue recibiendo las cremas varias, (la miel de almendras y las grasas animales que le ofrecía Livia), también se vio obligada a responder a las preguntas de su ayuda de cámara.

- Señora, sé que sois de naturaleza casta, como bien lo atestigua vuestra forma de vivir y comportaros con los hombres. También las túnicas y togas que usáis, siempre hasta los pies y no dejando ver ni un pedazo de carne a la vista, también eso  es digno de elogio. Pero, algo me dice que la compra de ese esclavo tan apuesto es algo que a mi señora le supera. ¿Es verdad?

- Tienes razón, Livia; cuando lo vi encadenado a un grupo de hombres, saliendo de la cantera, con el torso desnudo, sucio,  incluso con barba y pelo largo y descuidado, algo dentro mío se turbó.

Fue pasando el tiempo y nuestra patricia cada día  prestaba más atenciones a su esclavo Ursus. Quería que aquel esclavo alto, fuerte y moreno, de alguna forma le reconociese todo con lo que ella lo privilegiaba. Un día le ofreció el liderazgo de los esclavos de sus fincas agrícolas, otro día, el que llevara las cuentas de la villa principal, otro más, que opinara sobre tal o cual avance tecnológico  y estético de la villa...

Pero parecía que a Ursus todo aquello, aunque le venía bien, tampoco le importaba profundamente. Él era partidario de la libertad. No quería ser esclavo en ninguna forma, y todo aquello que se le ofrecía era un sometimiento, en una u otra forma. Había conseguido dominar su mente para que ella tuviera la libertad que no podía tener su cuerpo y su vida. Sus pensamientos eran libres y puros, por más que su actividad y trabajo estuvieran contaminados por la falta de libertad. Su pensamiento no admitía cadenas y, en esa parcela, su  libertad era absoluta.

Julia, por su parte, quería conseguir que con su atención y cuidados varios hacia Ursus, éste tuviera una vida lo más cómoda posible... las limitaciones del esclavo estarían suavizadas al máximo. De esta forma, Julia, esperaba que el esclavo se lo valorara, agradeciera y respondiera de forma muy parecida al amor.

Sin embargo, una cosa son los planes que tenemos sobre cualquier circunstancia, y otra cosa es la realidad tal cual se manifiesta. Los hechos dejaban al descubierto que Julia, apesadumbrada, no salía de sus habitaciones? ¿Qué pasó?


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