CUMPLIR UN ANTIGUO SUEÑO

Por J.J.REX
Enviado el 09/04/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Mayte y Corina, inseparables y entrañables amigas desde el tiempo de su más tierna infancia, continuaban siéndolo hoy en día. Aún jóvenes, pero entrando en la exquisitez de la madurez bien asumida, con el paso de los años vieron en su cuerpo y en el de su compañera el despertar de la primavera, desde los primeros brotes hasta los momentos más álgidos y exultantes de la culminación de su desarrollo, el paso del verano y la llegada del otoño. Juntas estudiaron, descubrieron el amor y el mundo. Un día decidieron retomar un antiguo sueño y abandonar durante un mes marido e hijos para cumplirlo. Sacaron del baúl común de su historia un viejo y no culminado deseo, hicieron sus sobrias mochilas y se fueron a la India.
Después de una semana y muchas visitas a diferentes ciudades y monumentos, fueron a parar a las orillas del Ganges, justo el día en el que una multitud compuesta en su inmensa mayoría por hombres con apariencia de faquires, ascetas o santones, se acercaban a las aguas del gran río para practicar sus ritos y abluciones. Decidieron incorporarse a la muchedumbre y viendo que prácticamente todos iban desnudos, dejaron las mochilas con las ropas en un lugar un poco apartado y así, como vinieron al mundo caminaron hacia la orilla. De lo que no se percataron fue de que quienes iban desnudos eran los hombres y antes de poder reaccionar se encontraron en medio de un grupo de santones, con el agua hasta las rodillas y sin apenas espacio para moverse. Sorprendentemente para ellas tantos portadores de penes parecían estar más preocupados por sus ritos que por las dos estupendas mujeres que tenían a su lado y con las que inevitablemente se rozaban y topaban.
Mayte recordó un artículo que leyó en una revista sobre el desarrollo de los sentidos, como elemento sagrado e iniciático de diversas creencias a lo largo del mundo, entre ellas las radicadas en la India. En el caso de los faquires, comentaban que eran capaces de controlar hasta tal extremo el sentido del tacto que podían dominar el dolor hasta unos límites increíbles y en sentido contrario, eran capaces de sentir y hacer sentir los placeres más gratos y desconocidos. Se lo comentó a Corina y entre risas comenzaron a imaginar las situaciones más cómicas y a la vez, por qué no decirlo, excitantes. Dada la situación en la que estaban, no podían evitar decir una ocurrencia detrás de otra, sobre todo teniendo en cuenta que no las entendía nadie.
Craso error el que cometieron. Sí las comprendían. Entre tantas personas, cómo no, había varios que entendían su idioma y se sintieron profundamente ofendidos. Increpadas y reprendidas, no sabían cómo disculparse y sobre todo dónde meterse, tan lejos de la orilla, en medio de ese bosque humano y sin un mínimo trapo encima. Se disculparon y para hacer ver la sinceridad de su arrepentimiento, mostraron interés por ese conocimiento y habilidad; tanto fue así que varios faquires, conmovidos por la actitud de las amigas se ofrecieron a practicar sobre ellas sus dones.
No sabían cómo decir que no después de todo lo que había pasado, así que en pocos instantes se encontraron inmersas en un ritual de los sentidos. Decenas de manos abrieron sus brazos y piernas, acariciando de una manera desconocida para ellas cada rincón de su cuerpo.
No quedaba ni un centímetro cuadrado de su piel sin tocar, acariciar o masajear, cuando varios dedos, no sabían cuantos, empezaron a merodear por todos los orificios corporales, friccionando suavemente, describiendo pequeños círculos, hasta que sintieron que el sinfín de dedos entraba por todas y cada una de las oquedades. Boca, oídos, fosas nasales, ano y vagina, fueron penetrados una y otra vez, al mismo tiempo que las frotaciones, masajes y amasamiento de las partes externas se repetían esta vez en el interior de sus cuerpos.
Una inmensa sensación de placer recorría todo sus sistemas nerviosos. Mayte y Corina gemían sintiendo como un escalofrío de placer subía y bajaba a lo largo de su columna vertebral. Nunca habían sido tan conscientes de poseer tan espléndido y sensual clítoris. La humedad que fluía de sus sexos resbalaba por sus piernas hasta confundirse con el agua. En un estado de éxtasis absoluto pidieron ser penetradas y en ese momento se rompió el encanto.
Se sintieron profundamente ofendidos, no era un acto sexual lo que estaban haciendo sino la expresión de la altura y profundidad a la que eran capaces de llegar en sus prácticas ascéticas, después de largos años de práctica, concentración y disciplina. A empellones las sacaron del río y a empujones las llevaron lejos, muy lejos, hasta quedar en medio de una plaza de la ciudad muy concurrida, completamente desnudas y allí las abandonaron.
Tumbadas en el suelo boca arriba comenzaron a masturbarse y a pedir sexo, su grado de excitación las estaba llevando a la locura y el único deseo era culminar lo que habían iniciado, mientras unas mujeres viendo lo que pasaba se acercaron a ellas tocándolas y masturbándolas. Al cabo de un rato, apenas saciadas, fueron conscientes de la realidad y decidieron volver a por sus cosas, pero no sabían dónde estaban, habían perdido sus equipajes, el dinero y los pasaportes. A duras penas consiguieron unos ligeros trapos con los que cubrirse mínimamente y comenzar su desesperado deambular para lograr volver.
Lo que acontece a partir de ahora y el peregrinaje de éstas dos mujeres perdidas y desnudas hasta conseguir llegar a sus casas ya es otra historia.


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