Reloj de arena cap. Final

Por Fran Tomas
Enviado el 15/04/2015, clasificado en Intriga / suspense
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Capítulo 5

La suave voz de Carla me despertó, me había quedado dormido mientras leía.

-Despierta dormilón ya es la hora de la cena.- Me susurro al oído.

-Perdona pero ya sabes que últimamente no duermo muy bien.- Conteste mientras me incorporaba sin dejar de mirarla a los ojos.

- Siempre me ha gustado verte dormir.

- ¿Cómo has entrado?

- Me ha abierto Marc. No te preocupes por él ya está dormidito.

¡Riing! El timbre de la puerta me despertó de golpe, otra vez ese sueño, otra vez la sensación de vació.

Abrí la puerta y era Carla. Se había tomado la molestia de traer la cena, Kebab, me había leído el pensamiento; cogí un par de cervezas de la nevera y cenamos. Durante la cena me conto que Amaro le había confirmado que el libro lo había escrito H.G. Wells, aunque muy poca gente conocía de su existencia.

-Por lo que me ha contado Amaro, el libro lo escribió Wells cuando termino la relación con el amor de su vida Rebecca. Como en muchas obras de Wells el tema principal es la búsqueda de la felicidad sea cual sea esa, a veces es el amor, otras el trabajo. Al final Wells encontró la suya en los libros.- Me relataba Carla mientras terminábamos de cenar.

Lo que me contaba Carla me hacía pensar en cual sería mi felicidad, quizá ya la había encontrado y no sabía reconocerla, o quizás la había perdido para no volver.

Acabada la cena prepare un par de copas y nos sentamos en el sofá para seguir hablando. Le conté el vacío que sentía desde que había comenzado a leer el libro y no sé si fue el alcohol o el intenso vinculo que había entablado con la librera pero le conté los sueños que había tenido desde que la conocí. Lo extraño de su reacción fue que más que sorpresa su rostro reflejaba tristeza.

-Se lo de los sueños Asier y conozco el vacío que sientes. Por eso estoy aquí y por eso existe el libro, pero yo no estaré siempre aquí y el tiempo se acaba. Debes encontrar la felicidad, debes encontrar un camino nuevo.- Me dijo Carla con lágrimas en los ojos.

- No te entiendo, mi felicidad eres tú. Cuando estoy contigo el vacío desaparece. De verdad que no entiendo que me quieres decir. La culpa de todo la tiene ese maldito libro, desde que cayó en mis manos todo ha ido a peor.

Mi mente no podía pensar en otra cosa, necesitaba destruir el libro para sentirme lleno e impedir que Carla se fuera. Cogí un bote de gasolina azul, una papelera y me disponía a quemar el libro.

-No lo hagas Asier, el libro es la clave. En él están tus sentimientos, si lo quemas volverán a ti y no podrás encontrar el camino.

No podía entender lo que me decía Carla con los ojos llenos de lágrimas, la rabia inundaba todo mi ser y solo pensaba en quemar el libro. Vacié la botella de gasolina en la papelera y le prendí fuego, me dispuse a destruir el libro cuando una ráfaga de aire hizo que se prendiera la cortina. Asustado corrí a la cocina a por agua pero cuando volví al salón ya era tarde, el fuego avanzaba por la casa. Comencé a gritar el nombre de Carla pero el humo no me dejaba ver donde estaba, el aire cada vez era más irrespirable y el fuego casi me rodeaba pero no podía dejar de gritar.

Diez minutos más tarde llegaron los bomberos alertados por la llamada de un vecino. Yo estaba en una ambulancia con oxígeno viendo cómo se quemaba mi piso. Mientras esperaba a que sacaran el cuerpo quemado de Carla llego Juanito, les dije a los paramédicos que le llamaran como familiar más cercano, no quería preocupar a mis padres.

-Asier tío que ha pasado.- Me pregunto Juanito mientras cogía mi cara con sus manos,

-No lo sé tío, me he vuelto loco y por mi culpa ella está muerta.- Le conteste con lágrimas en los ojos.

-Pero de quien me estás hablando Asier, los bomberos me han dicho que estabas solo.

-No puede ser, Carla estaba conmigo. Te hable de ella ayer en el funeral de Marc.

-Asier, hace dos semanas que no nos vemos, y Carla murió hace dos meses junto a tu hijo Marc.

Dos meses antes:

-Déjame adivinar Asier, me llamas para decirme que hoy tampoco vas a venir a buscarnos después del entrenamiento de Marc.

-Los siento nena pero tengo que visitar otro cliente, este mes no he vendido casi nada y necesitamos el dinero.

- Habla por ti. Tu hijo y yo lo que necesitamos es que pases más tiempo con nosotros, con lo que ganamos los dos podemos vivir perfectamente. Pero bueno tú sabrás cuáles son tus prioridades.

- No me vengas con lo mismo de siempre, si trabajo tanto es por nosotros, para tener una vida mejor y ser felices.

-A mí me gusta mi vida y soy muy feliz con lo que tengo. Quizás deberías plantearte que es lo que entiendes por felicidad. Pero mira, déjalo ya hablaremos en casa. Nos cogeremos el bus como de costumbre.

Mientras Carla y Marc esperaban en la parada a que viniera el autobús un conductor borracho se salió de la calzada y los arrollo, Marc murió al instante pero a Carla le dio tiempo a hacer una última llamada mientras agonizaba pero no le cogieron el teléfono y dejo un mensaje: Asier, te quiero, por favor, se feliz. Y su voz se apagó para siempre.

Presente

Las palabras de Juanito colapsaron mi mente y las piezas de un puzle que hasta ese momento no entendía encajaron. Me vi en casa días atrás escribiendo un libro, me vi en el cementerio con mi madre Lourdes visitando la tumba de Marc y Carla, me vi visitando la librería en la que ella trabaja hablando con su jefe Amaro de su libro preferido "La máquina del tiempo", comiendo solo en nuestro restaurante favorito y abriéndole la puerta al repartido del Kebab como tantas otras veces habíamos hecho juntos. El vacío acabo por engullirme y ya no había ningún camino que quisiese seguir así que empecé a gritar su nombre esperando volver a verla, y ya nunca pude dejar de gritar.

Días mas tarde y ya recluido en un hospital siquiátrico me llego un paquete de los juzgados, eran las pocas pertenencias que se habían salvado del incendio. Había una foto mía con Carla y Marc, su libro favorito de H.G. Wells y otro libro que la medicación hacia que apenas reconociese: "Reloj de arena, en busca de la felicidad" de Asier Tomas.


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