La cita

Por priscilla69
Enviado el 10/02/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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Sarah llevaba puesto el vestido Channel que Tom le había regalado e iba maquillada para la ocasión. Había reservado mesa en un lujoso restaurante que estaba en el puerto.

Le apetecía cenar pescado y pensó que a Tom también.

Iban a salir solos por primera vez.

Bajo al hall donde Tom la esperaba. También iba vestido par la ocasión. Llevaba un traje Armani con camisa blanca. No llevaba corbata ni pajarita, pero igualmente estaba elegante.

Sarah suspiró al verlo y percibió cuan atractivo era.

Bajaron en el ascensor directamente al parking. Abajo les esperaba el chófer. Siempre dispuesto a llevar a Sarah donde le pidiera.

-Llevamos al puerto por favor

George sonrió y les abrió la puerta.

Primero entró Tom y le siguió Sarah, que se sentó a su lado.

-Hoy estás excesivamente atractivo. Me siento celosa de que otras mujeres puedan verte y ponerse cachondas con solo observar tu cuerpo.

Pero no va a ser así.

Me molesta que incluso puedan masturbarse pensando en ti. Que se metan el dedo a tu costa. Me pone enferma el solo hecho de pensarlo. En este momento sería capaz de matar para evitarlo.

-¡Estás como una cabra! Sonrió Tom.

-¿Por qué siempre piensas en cosas raras? En el fondo reconozco que oirte decir esas cosas me pone como una moto. Yo de ti cerraría esa boquita porque de seguir diciendo sandeces, provocarás que te arranque ese vestido que yo mismo he elegido parar ti, y te follaré hasta que tu cerebro borre todas esas excitantes estupideces.

Sarah le sonrió tímidamente y lentamente acercó su mano a la bragueta y le desabrochó el botón.

Veinte minutos más tarde llegaron al restaurante. El portero le abrió la puerta.

-Buenas noches Sra Bates.

Les dirigió a la mesa.

Entraron en un pequeño comedor privado, que tenían para acontecimientos de pocas personas. Era muy acogedor.

Había poca luz y muchas velas. También estaba encendida la chimenea la cual acababa de completar el ambiente íntimo.

Se sentaron uno al lado del otro.

El camarero dio una carta a cada uno y pidieron la bebida.

-Una botella de Moët y una agua con gas por favor

-Muy bien, enseguida les sirvo.

 

Tom le cogió la mano por debajo de la mesa y se la acarició suavemente.

-Seguro que venias a menudo con tu marido a estos sitios tan bonitos.

-Puede... pero no me lo pasaba tan bien como contigo.

-Si no le querías.. ¿Por qué estabas con él?

Tu tenías dinero suficiente y recursos para no tener que aguantar a alguien que no te alegra la vida.

-Por eso te contraté. Para que trabajases para mi marido, y me alegrases la vida a mi.

Empezaron a besarse lentamente, pero la cosa fue en aumento.

Sarah le metió la lengua en la boca y las enlazaron formando círculos sincronizados cada vez más rápidos. La mano de Tom se posó en el muslo de ella y subió lentamente por la entrepierna. Se dió cuenta que no llevaba bragas.

Comenzó a dibujar círculos con el índice alrededor del clítoris, mientras ella le devoraba el lóbulo de la oreja suavemente con los dientes.

Al percibir la humedad y lo expuesta que estaba le introdujo el índice mientras jugaba con el pulgar y el piercing, que hoy era un aro más grande. En ese mismo instante apareció el camarero con la bebida.

Ambos tomaron posición rápidamente en la silla. Tom iba a sacar el dedo pero Sarah le apretó la mano con las piernas y le impidió hacerlo.

Les sirvió una copa de champan a cada uno y dejó la botella de agua con gas sobre la mesa.

-Voy a por la cubitera y tomaré nota de los platos.

El camarero se retiró y Tom siguió con la danza de dedos entrando y saliendo del interior de Sarah.

Ella se metió en la boca parte de la servilleta de lino para evitar gritar y se corrió.

-¡Te debía una!

Después de lo del coche mientras veníamos hacía aquí.

-Me ha encantado.

Ha sido una experiencia alucinante.

¡Cuanto morbo!

He estado a punto de pedirle al camarero que se uniera a nosotros.

-Eso si que no.

todas esas experiencias tuyas tan alucinantes son sólo para mi.

Yo también soy capaz de matar antes de compartir.

El cogió la servilleta y la mojó con el agua mineral y se la pasó a Sarah.

-¡Limpiate!

Yo también lo voy ha


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