Aromas

Por Annbethquim
Enviado el 22/04/2015, clasificado en Amor / Románticos
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Esperaba ansiosa que el cartero trajera uno de esos pequeños paquetes que solían llegar. Se habían conocido en verano y habían forjado su amistad en la distancia a golpe de cartas. La oficina de correos y el simpático cartero que tocaba a su puerta, se habían convertido en su nexo, en su punto de encuentro.

Juan le escribía, al menos, una vez al mes, contando todo lo que pasaba en aquella pequeña ciudad que olía a mar y que tenía en su paseo marítimo los balcones más hermosos que había visto. Abrir aquellos paquetes y leer aquellas cartas era lo más interesante que podía ocurrir en su monótona vida. Estaban llenos de dulce melancolía y distancia. Aquel día era especial, había correo. No venía sólo la carta. Juan gustaba de meter algo en aquellas pequeñas cajas: unas postales, unas bolsitas de té, unas piedras y conchas de la playa... Cosas realmente sin valor, pero que a ella se le hacía el mayor de los tesoros. Eran pequeños trozos de aquella isla de la que se había enamorado, como si se la mandaran por entregas y en algún momento pudiera completarla. Esta vez eran unas pequeñas rapaduras envueltas en papel de celofán amarillo. No fue capaz de comérselas, se limitó a guardarlas junto al resto de las cartas en su cajita de madera.

Después de algunas cartas y paquetes, que se fueron espaciando en el tiempo, su cartero dejó de sorprenderla. La monotonía lo envolvió todo. Su colección se quedó incompleta. Sólo el aroma a miel, almendras y canela, todo envuelto en papel celofán, que había guardado con tanto celo, le devolvía a tiempos pasados. Hoy volvió a añorar aquellos pequeños paquetes al abrir su caja de madera.


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