un vaso de agua

Por Renacida
Enviado el 25/04/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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¿Recuerdas ese día en tu casa?

Llevábamos poco tiempo saliendo y era la primera vez que no habíamos tenido ni un tiempo a solas, tenía poco tiempo de conocer a tus papás y ese día me llevaste a comer a tu casa. Llevábamos una semana sin vernos y el deseo casi se podía ver entre nosotros, no perdíamos ocasión en darnos aunque fuera el más simples de los besos o de rozarnos con cualquier pretexto. La tarde iba pasando y se hacía eterna, teníamos esperanzas de quedarnos solos aunque fueran unos minutos pero parecía que eso no iba a pasar. En tu cuarto pusimos una película y nos acostamos en tu cama, le pusimos atención por no más de 30 segundos cuando nuestras bocas ya se estaban buscando y nuestras manos ansiosas tocaban cada rincón posible, tus manos buscaron mis pechos y los masajearon sobre la ropa, cuando encontraste mis pezones acercaste tu boca y diste pequeños mordiscos, gemí bajito tocando tu erección sobre el pantalón, tu boca subió a mi cuello regando besos y haciéndome tener escalofríos, tus manos curiosas se abrieron paso por debajo de mi pantalón y con trabajos rozaste mi clítoris con tu dedo, me pegue a tu boca para ahogar los gemidos que me arrancabas, mi cuerpo se retorcía bajo tus manos y mis ojos te rogaban que me arrancaras la ropa. Muy suavemente desabroche tu pantalón y saque apenas la parte superior de tu pene que ya estaba muy duro, lo masajeé un poco y no pude aguantarme las ganas de llevármelo a la boca, aunque tenía movimientos limitados hice lo mejor que pude pasando mi lengua y metiéndomelo hasta donde podía, empezaste desesperadamente a desabrochar mi pantalón para ponerme de espaldas y penetrarme así. Tu pene ya rozaba mi entrada cuando escuchamos ruidos que se acercaban y tuvimos que acomodarnos la ropa y fingir que toda nuestra atención estaba en una película que ni siquiera me había fijado en el título, tu mamá asomo por la puerta para preguntarnos si todo estaba bien y poniendo cara de inocentes respondimos que sí, cuando se fue me levante para abrocharme el pantalón y te paraste atrás de mi para seguir manoseándome, me aparte porque no quería calentarme más sabiendo que no íbamos a poder terminar. Frustrados y un poco molestos nos sentamos en la orilla de la cama viéndonos de vez en cuando, de pronto en una voz demasiado alta me preguntaste "¿quieres un vaso de agua?" Y con cara de confusión te dije que si "pues vamos a la cocina" me tomaste de la mano y me llevaste hasta la cocina yo te seguía sin saber que estábamos haciendo, en realidad ni siquiera tenía sed solo dije que si porque no sabía que contestar. Me sacaste por la puerta que daba a la parte de atrás de tu casa y ahí enfrente de la ventana comenzaste a besarme y a recorrerme con las manos , sin perder tiempo me desabrochaste el pantalón y me lo bajaste hasta las rodillas me diste la vuelta y me pusiste de frente a la ventana con las piernas lo más separadas posibles y un poco inclinada hacia enfrente, escuche el sonido de tus pantalones abriéndose mientras metías un dedo en mí y me preparabas para lo que venía, me mordía los labios para no hacer ruido, y con un movimiento rápido me la metiste hasta el fondo, tuve que agarrarme fuerte al marco de la ventana para no estrellarme contra ella por la fuerza con la que me penetrabas, mordías mi cuello y pellizcabas mis pezones y yo estaba en la gloria sintiendo como entrabas en mí y tu cuerpo pegando contra el mío, tan solo unos minutos después me tomaste fuerte de las caderas y supe que estabas a punto de terminar así que pegue mis nalgas más fuerte hacia ti y te dejaste ir ahogando un jadeo en mi cuello, te quedaste así apenas unos segundos antes de salir de mí y ayudarme a acomodarme la ropa.

Cuando regresamos a tu cuarto regresamos sin ningún vaso de agua pero con una sonrisa que decía más que mil palabras.


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