Aprendiz de sumisa: El primer castigo.

Por Malu Ramírez
Enviado el 19/05/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Llevo mes y medio siendo la sumisa de ese hombre, mi amo, mi señor... durante este tiempo me ha estado preparando para el día de nuestro encuentro.

Todas sus instrucciones las he tenido que seguir al pie de la letra para ser lo que mi amo desea de mí. Aún a veces me siento rara diciendo esas palabras, yo que siempre fui un alma libre hoy me he encadenado a una situación inusual para muchos, incluso para mí.

Esa frase que habla sobre la liberación real, la superación incluso espiritual al grado de decir "en la libertad de tu cadena estoy, mi señor". Me ha costado bastante tiempo tanto acostumbrarme a la idea como a aprender a ser realmente yo, a satisfacer mis deseos, mis instintos en todos sentidos, a aprender y ser realmente libre de ataduras de cualquier índole, a entregarme en totalidad a mí y sólo a mí.

Esa evolución que he tenido en este tiempo ha sido difícil... venía de una relación sumamente tormentosa pues puedo decir que amaba, amé en demasía al hombre, encontré al amor de mi vida y por no ser yo ese todo que ahora soy no supe conservarle. Aprendí lo que era el amor en libertad, y antes de atarlo a mí a una relación destructiva lo dejé ir. Ese fue el primer paso para el crecimiento que ahora tengo.

Mi señor está tan al pendiente de mí, y del aprendizaje que voy teniendo que el dolor por la pérdida del hombre que amo se ha mitigado notablemente, ha sabido llevarme despacio, y de su mano he aprendido cosas que para mi formación personal han sido indispensables.

Ayer me ha pedido cumplir con un castigo por haber tardado tanto con la primera ordenanza que me ha dado como tal, era tan difícil hacerlo para mí... quería que me entregara a él en solitario y relatara con lujo de detalle lo sucedido... me ha costado tanto no llorar y recordarle a aquel al tratar de hacerlo, que por más de un mes me fue imposible realizar dicha encomienda.

Hoy debo cumplir mi castigo. Todo para hoy ha sido elegido con sumo cuidado, la ropa, zapatos, accesorios, todo. Mi amo ha dado órdenes expresas de todo ello así como documentar paso a paso todo lo que he de realizar.

Me doy un baño relativamente largo, consintiendo mi cuerpo con agua caliente y acariciando todo mi cuerpo, no solo lavándolo, llevando con mis manos al climax a mi clítoris mientras el jabón se enjuaga solo. Al sentirme a punto de estallar, cambio al agua fría para calmar un poco el deseo. Salgo rápidamente de la ducha, me perfumo y me coloco la blusa y la falda corta con la que he de salir a pasear, tomo las fotos pertinentes para después enviarlas por correo a mi amo, me maquillo ligeramente, me pongo las sandalias altas a juego con la vestimenta así como aretes, reloj, pulsera y anillos... nada de cadena al cuello aún.

Tomo mi bolso y salgo de casa dispuesta a ir a donde debo hacerlo. Al tomar el bus debo tener cuidado pues esos escalones altos son propensos para mostrar más de lo debido y hoy que estoy sin lencería mucho más.

El viaje dura casi una hora, y en un enfrenón por poco salgo volando del asiento. Bajo del bus y me dirijo caminando al lugar donde trabajo, quince minutos más de sentirme expuesta, con pena... me siento como si todo el mundo viera que voy desnuda, recuerdo en ese instante a mi amo y me ruborizo. Todo el mundo está inmerso en sus cosas sin tomarme en cuenta, pero yo los siento como si supieran lo que sólo yo sé.

Una lucha interna se da en mí... y de repente viene a mi mente que es mi amo quien me ha ordenado estar de esta forma, mi cuerpo comienza a temblar del deseo de que constate que sí lo estoy haciendo, me lleno de sensaciones nuevas, sintiéndome diferente, segura, plena... abarrotada del hombre que ha logrado en mí lo que sólo uno había logrado: dominar mi mente, hacer que mi cuerpo se doblegue a sus deseos aún en la distancia.

Llego al lugar donde trabajo y mis compañeros notan algo diferente en mí, me lo hacen saber; se me ve más segura y con un brillo inusual en mis ojos... en ese momento me siento una mujer nueva.

Después de cobrar mi salario regreso a mi casa, ya sin miedo y sin el pudor anterior. Al llegar me dirijo rápidamente a mi recámara, literalmente corro a mi cama, me recuesto y subo la falda hasta mis caderas; con mis manos comienzo a masturbarme queriendo quitarme las ganas ya encendidas por toda la aventura que acabo de vivir y deseando sea mi amo el que me posea, el que toque mi cuerpo, el que recorra y embista mi vientre... logro un orgasmo y al mismo tiempo pronuncio su nombre e inmediatamente el de aquel, conjugando al amo y al amor en un solo sentir, mi cuerpo estalla de placer y en llanto.

Tardo un poco en calmar mis calores, en que mi corazón retome su ritmo, en que el sentimiento de culpa y traición a aquello que siempre fui fiel se borre, al fin llega a mí el sosiego de haber superado a pesar de todo en gran parte tanto la encomienda como el castigo requerido por mi amo.

Es difícil dejar de lado todo aquello por lo que siempre me regí: el amor y lo que éste conlleva (la fidelidad, el no permitirme ni un roce mental ni físico de nadie más que no sea el hombre dueño de mi corazón). Y es algo en lo que mi amo sabe que debo seguir trabajando.

Y a pesar de que su "pequeña flor" aún no germina del todo ante el placer, solo una frase sale de sus labios al yo relatar la experiencia: "Habré conquistado tu alma, cuando ya no temas darme placer con tu mirada desnuda al sentimiento".

 

Malu Ramírez


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