El Mirador de la Ciudad PARTE 2

Por Xavier
Enviado el 04/05/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Parte 2

Mientras yo conducía, te quitaste el chalequito y desabrochaste dos o tres botones de la blusa, podía ver que tampoco llevabas nada debajo de la blusa y en tus hermosos pechos de muy buen tamaño repuntaban unos duros pezones que se dejaban marcar bajo la blusa, luego te subiste la falda y comenzaste a acariciar tus labios con tus dedos índice y medio, de arriba abajo, un dedo en cada labio que se movían sincronizados, cuando tus dos dedos llegaban a tu ano, muy lubricado por tus fluidos vaginales, le diste unos pequeños círculos con ambos dedos y metiste un poquito el dedo dentro de tu ano moviéndolo dentro de él. Me diste un espectáculo que me puso una erección de a millón, sentía que ya estaba por explotar al verte haciendo eso. Llegamos a un mirador en lo alto de la montaña donde podíamos ver toda la ciudad iluminada, era un sitio alejado de todo y nadie nos podía escuchar. Al llegar bajamos del coche, y vi a la luz de los faroles que tus fluidos escurrían por tu entrepierna. Me tomaste de la chaqueta con las dos manos y me diste a probar tus fluidos vaginales que estaban en tus dedos empapados, un delicioso néctar con aroma a sexo y sabor a pasión. Inmediatamente te acosté sobre el capó de mi Chevy Challenger y me puse frente de ti y subí tu faldita negra de seda, te subí las piernas al aire y comencé a lamer tu entrepierna para limpiar tus fluidos vaginales despacito con mi lengua entera, quería saborear tu lubricación con cada papila gustativa. Despacio lamiendo cada milímetro llegué donde se juntan tu ano y tu vagina, sin tocar ninguno de estos con mi lengua, le di varios lambiscones a ese territorio en medio de tus placeres, un chupón profundo hizo gotear más de tus lubricación hacia mi lengua, la cual aprovecho cada gota y con mi lengua llena de néctar lamí tu ano embarrándolo con tu propio jugo proveniente de tu vagina. El sabor y el aroma de tu vagina y tu ano mezclados son de lo más enloquecedor y embriagante.

Mis dedos abrieron suavemente tus labios y mi lengua comenzó a lamer la entrada de tu vagina la cual palpitaba y se contraía frecuentemente, hice unos círculos antes de meter completamente mi lengua en tu vagina. Inmediatamente tus gemidos ya no pudieron ser contenidos por tu boca y estallaron desenfrenadamente. Toda la ciudad podría oír semejante canto de placer. Metí y saque mi lengua de tu canal vaginal vigorosamente y con ímpetu, en ocasiones dejaba mi lengua hasta adentro y la movía dentro de ti al compás de tus contracciones que anunciaban un eminente orgasmo. Tu clítoris palpitaba sin control y hacia que piercing también se moviera de manera muy llamativa, lo cual fue una invitación para que lo chupara deliciosamente, con mi lengua entera le di varias lamidas antes de jugar con la punta de mi lengua haciéndolo bailar de un lado a otro. Tu respiración era muy rápida y temblabas de éxtasis al borde de un orgasmo monumental. Comencé a succionar tu clítoris y con mi mano derecha metí el dedo pulgar en tu vagina y el dedo medio despacio en tu lubricado y apretado ano. Mientras seguía lamiendo y chupando tu clítoris mis dedos entraban y salían de tu vagina y tu ano en compás sincronizados, yo podía sentir como tu vagina y tu ano apretaban mis dedos. Decidido a darte un orgasmo extravagante, metí el dedo anular en tu ano, en ese momento tenías mi pulgar en tu vagina y dos dedos míos en tu apretado ano y en menos de 30 segundos tu orgasmo se hizo presente, soltando un chorro de tu delicioso néctar orgásmico que capture en mi boca y en ese preciso momento apreté mis dos dedos en tu ano y mi dedo pulgar, como en el movimiento de un chasquido, juntando mis dedos adentro tuyo en dos orificios diferentes, y pude ver como se extendió tu orgasmo por varios minutos arqueando tu espalda con tus increíbles pechos al aire que deliciosamente exhibían dos aureola rosadas pequeñas y pezones a punto de estallar y tu cabeza totalmente hacia a otras con los ojo en blanco sin poder hablar, estremecida y temblando de placer. Eras mía, estabas a mi merced? al volver a mover mis dedos, otro orgasmo se avecinaba, y volviste a entrar en trance erótico al explotar tu segundo orgasmo dejando el capo de mi coche empapado y dibujando la silueta de tu cuerpo sobre él.


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