UN AFFAIRE CONSENTIDO (PARTE UNO)

Por vogpopel
Enviado el 09/05/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Hace unos años mi relación con mi esposa no funcionaba del todo bien, incluso a la hora de la pasión todo era... Bueno... en el mejor de los casos, -al menos, para mí que siempre he sido muy intenso en el sexo-, a pesar de que mi esposa es bella y tiene un cuerpo de esos que hacen babear. Como muchos hombres, aburrido y afectos del placer carnal, busqué maneras de satisfacer mis deseos sin acudir a otros brazos, pues aunque en un par de ocasiones se presentó la ocasión de llevar a la cama a otras mujeres, otra relación no me interesaba mucho, así que comencé a buscar cosas que me pudieran excitar para dar rienda suelta a mi déficit de erotismo en casa. Comencé a andar todo el camino que recorren las personas fanáticas del sexo: navegar en internet, ver fotos de mujeres desnudas, meterme a páginas de chat para adultos, ver grupos de sexo, videos y películas porno, incluso revistas pornográficas con historias locales y casi vulgares que me erotizaban mientras me masturbaba. Llegó un momento en que me masturbaba hasta diez veces al día, por lo que, después de un corto tiempo y ampliado mi panorama, comencé con fantasías sexuales de todo tipo que repetía en mi mente cada vez que me tiraba a mi esposa, -desde fajarme a alguna de sus compañeras, o alguna vecina, hasta verla cogiendo con alguien más o metiéndose a la cama con varios hombres a la vez, haciéndolos delirar de placer-. Las fantasías swingers llamaron particularmente mi atención.

En mis fantasías ella era toda una puta sin freno, una reina del placer. Ella trabaja en una oficina con mucha gente de su edad y me contaba cómo sus compañeros se metían con sus compañeras y viceversa, así que no podía pensar que a ella nunca le hubieran hecho una insinuación siendo tan atractiva y ellos tan promiscuos. Pero no, solía vestir muy formal y recatada y se comportaba como una mujer seria y profesional, - me consta porque la acompañé a varios eventos de su trabajo y notaba cómo la trataban, tanto hombres como mujeres, a pesar de que yo no suelo ser celoso y no me habría molestado que algún compañero suyo mostrara interés en ella-. Mi deseo era verla menos formal y seria, mas casual y sensual. Ella me gustaba mucho y me habría gustado que otros hombres y mujeres apreciaran su belleza, pero cada vez que le preguntaba si alguien la había chuleado en la oficina esperando que me sorprendiera con alguna historia osada, en el mejor de los casos me respondía que alguna compañera había apreciado su blusa o sus zapatos... Gran cosa!!!.

Pero en algunas ocasiones a la hora del placer, cuando lograba excitarla al límite me daba cuenta de que podía ser muy intensa y desinhibida, así que decidí subir el volumen de la relación y comencé a calentarla cada vez que la tenía en la cama con películas porno, posiciones nuevas, lugares nuevos como algún buen motel, hablarle con obscenidades mientras me la daba, algunas nalgadas o hasta un par de chupetones que dieran cuenta de la pasión desatada en la cogida previa, con la esperanza de que algún compañero suyo la viera y se excitara imaginando cómo se habría calentado para dejarse hacer tal chupetón. Definitivamente me excitaba mucho la idea de saberla cogiendo con otro. Ella correspondía a casi todo lo que yo le hacía y con ello me di cuenta de que mi esposa era una gran puta en potencia, pero solo en potencia porque, hasta el momento encajaba perfecto en la definición de "puta y espantada". Definitivamente el sexo había mejorado, pero las fantasías swinger se habían convertido ya en un ingrediente indispensable para mí. Por ejemplo, le encantó cuando tras una velada de copas la empiné contra una mesa y le propiné unas tremendas mamadas de culo que hicieron que ella me rogara para que la penetrara hasta el fondo y la tratara como a una prostituta. Un día al calor de una gran cogida se me escapó el nombre de una mujer con la que yo había andado un tiempo antes de casarnos, -y que ella no bajaba de ramera-. Para mi sorpresa, mi error con el nombre la calentó más y ese día se vino como nunca varias veces, pidiéndome que mientras la clavaba le repitiera el nombre de la otra.


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