Masturbación entre amigas

Por Gaby35
Enviado el 15/05/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Nunca me interesaron sexualmente las mujeres, tal vez porque mi vida sexual fue muy activa y no tuve tiempo de pensar en un juego de chicas. Soy heterosexual, no tengo dudas, pero desde hace un tiempo he venido sintiendo curiosidad por ver gozar a una mujer, curiosidad que aumentó desde que hice amistad con una chica de este grupo que me contó que tuvo sexo con chicas y que le pareció maravilloso. Yo no sé si probaría, no voy a jurar ni que sí ni que no, pero quise probar, ver cómo es y hace una semana se lo conté a mi kinesióloga, una chica de mi edad que me trata por las cervicales desde hace un año. Como voy 3 veces por semana, hemos tenido tiempo de hablar bastante del tema y ella me confesó que un par de veces tuvo sexo con una amiga y que le pareció una experiencia muy linda, que no era morbosa, sino cálida, algo para recordar. Hablando y hablando, le dije que mi curiosidad era ver gozar a una mujer, por ejemplo, verla masturbarse...y ella se ofreció a mostrarme. Me quedé helada, pero como siempre me ha pasado, pudo más la curiosidad y acepté. Esto fue el martes y hoy la visité en su consultorio a las 13.30 hs, un horario muy desusado, pero la idea era que no hubiese nadie ni la llamase nadie; de hecho, mi sesión de hoy con ella, que era a las 17, la adelanté para las 13.30. Obvio que ella sabía que era mi "primera vez" y fue muy cariñosa desde que llegué, puso música suave, disminuyó las luces, echó llave a la puerta que da al pasillo (hay otros consultorios) y me pidió que me acostara en la camilla como siempre. Yo siempre estoy en ropa interior para los masajes y hoy no fue la excepción, me tendí boca abajo y ella comenzó como es habitual y me hablaba en voz baja, me iba diciendo que tendríamos una experiencia muy nueva para mí, un secreto que ambas guardaríamos y del que nuestros maridos jamás sabrían. Luego de un rato, Graciela se quitó la ropa y quedó en bombacha. Tiene unos pechos muy bonitos, pero sus pezones son más oscuros que los míos. No me impresionó verla en bombacha, pero me estremecí cuando se desnudó del todo y vi el vello oscuro de su pubis. Nunca había visto desnuda a otra mujer, más que en películas y ver a Graciela desnuda fue estremecedor, pero lindo. Siguió masajeándome y acarició mi cola y la verdad es que lo hace con más suavidad y habilidad que un hombre, no me molestó, pero tampoco me excité sexualmente. Era agradable, nada más. Luego de unos minutos, me puso boca arriba y mientras me acariciaba el vientre, me fue hablando de lo hermoso que era una relación sexual entre amigas y que yo no debía tomarlo como un acto lésbico, sino nada más que como una experiencia personal. Me pidió que le mirara el sexo con naturalidad, que no me diera vergüenza. Le miré la vulva y pensé que a un hombre le gustaría mucho; se había depilado los borses y apenas había un mechón de pelo oscuro cubriendo sus labios. Y ahí me pidió que me desnude. Me quité el corpiño y acarició mis pechos con tanta naturalidad, que de verdad me gustó, me acariciaba mientras hablábamos en voz baja y yo me iba sacando la bombacha. Con mucha delicadeza, me hizo abrir un poquito las piernas y me miró el sexo... "tenés una concha preciosa", me dijo...y me la acarició. Le pedí que no me acariciara abajo, no estaba lista para una caricia que me resultaba estremecedora, así que ella continuó por mi vientre y por mis pechos con una mano, mientras con la otra se comenzaba a acariciar la vulva. Fue emocionante ver cómo se introducía un dedo en la vagina. "Estoy empapada", me dijo. Me ofreció que le acaricie la concha, pero sólo me animé a pasar apenas los dedos por sus pelitos, sin tocarle la piel. Ella estaba muy, muy excitada y quería meterme un dedo, pero yo no me animaba a tanto, sólo quería verla y ella me dio el gusto. "Mírame, mírame", me decía, mientras sus dedos entraban y salían de su vagina y al cabo de unos segundos, se dobló en dos sobre mi cuerpo y soltó un largo gemido de placer. Me dio un poco de vergüenza, pero no sé por qué. Nos vestimos con la ropa interior, ella sirvió dos vasos de jugo de manzana y nos miramos la una a la otra, sonriendo. "¿Qué te pareció?", me dijo. Yo estaba impresionada, ruborizada, pero me había parecido algo lindo de ver. "¿No te quedaste con ganas?", preguntó luego. No, la verdad que no, aunque no había acabado. Era algo demasiado nuevo, distinto, ni siquiera pensé en gozar. Bueno, bajamos a tomar un café a la planta baja, hablamos de cualquier cosa y a las 16 llegó su primera paciente de la tarde, así que nos despedimos -le aseguré que me había gustado, pero que nunca más lo voy a hacer de nuevo, ya satisfice mi curiosidad- y me puse a escribir mi anécdota en el celular, para compartirla. Lo releo y no lo puedo creer; realmente, la vida me acerca todas las posibilidades de gozo sexual que existen, pero no puedo tomarlas todas, obvio que no...


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