Este cuento es un Costroño (2ª parte)

Por Brendan Spleiter
Enviado el 14/02/2013, clasificado en Ciencia ficción
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...Llevaba años y años con ello,y sus avances fueron tremendos,pero faltaba esa chispa que no encontraba, que no surgía. Y seguía probando, con diferentes compuestos,aplicando variados procesos, y nada, que no podía ser. La materia seguía siendo materia y no brotaba nada a lo que se le pudiera llamar vida.Tanto tiempo pasaba con ello que si alguna vez lo lograba no se podría decir que había creado vida, sino que había gastado la suya para dársela a un engendro,o lo que saliera de ahí.

Pero este cuento comenzó en el momento clave.Una brizna de césped tuvo la culpa. Consiguió sintetizar,accidentalmente,metales de diversos tipos con un aminoácido que, parece ser, sólo se encuentra en un tipo de césped que ha vivido en ciertas condiciones y que,casualmente,se encontraba en el Monte de la Alegría.Qué casualidad que fuese así, pero si no existiese esta casualidad ¿de qué estaríamos hablando ahora de Abel?, que es un triste.
Total, que no sé si lo he explicado bien, pero vamos,que esa mezcla consiguió crear algo similar a una célula cerebral,o un conjunto de células nerviosas,o algo así.

Eso lo pudo aprovechar Abel para desarrollar su invento, enganchar partes funcionales y programar utilidades de creación de sabiduría y aprendizaje autónomo. Ello, junto con el desarrollo de un cuerpo artificial que sirviera de soporte a ese potencial cerebro consiguió que, poco a poco, se fuese formando un aparato que podía tener capacidad para vivir. No me quiero perder en detalles ni cuestiones técnicas pero, creedme, esto sucedió así.

Abel estaba exultante. Casi sonreía mientras enseñaba a ese engendro a comunicarse, moverse, pensar, interpretar, bueno, la leche. Para él fue como si fuese un hijo.
No quiso decir nada a nadie, puesto que existían unas leyes sobre ética tecnológica que imposibilitaban crear vida artificial, y entonces él temía que le arrebataran su invento. La verdad es que cuesta creer que se llegara a formular una ley así, como si la vida artificial se pudiera fabricar en una máquina de churros, pero bueno, este es el país que se merecía gente como Abel.

Esa exultancia se convirtió en felicidad cuando Abel y Costroño-así llamó este gracioso a su vástago de plástico y metal-se convirtieron en iguales y se dedicaron a compartir momentos y vida juntos. Era el objetivo de Abel, y se había cumplido.Era la caña,y más para un tío con esas expectativas tan limitadas y ambiciosas a la vez.

Costroño era un robot,androide o similar curioso,que todo lo quería saber.Le encantaba ver la televisión y empaparse de realidad. También le gustaba fabricarse sus propias extensiones.Él se torneó las piernas, y se puso una cara a semejanza del Ecce Homo de Borja, porque le pareció simpática la imagen. Se hizo un pene de goma, para hacer bromas por web cam y asustar a las jovencitas con las que hablaba telemáticamente, porque vaya pedazo de polla que se puso el amigo, no eligió la media española, no. Incluso se enamoró platónicamente de Eva Arguiñano, aunque su gran amor vino después, cuando vio a Juan y Medio por la televisión. Se quedó prendado de una mujer del público que estaba en el fondo.

A partir de ahí sus esfuerzos se destinaron a intentar conocerla.Llamó al programa, envió cartas, capturó la imagen para ver si le podían dar el número de teléfono, incluso puso anuncios en el periódico local, sin tener en cuenta que la emisión era nacional y las instalaciones del programa se ubicaban en otra región, pero bueno, como el dinero lo ponía Abel, pues le daba igual. No consiguió nada, en su país existía una ley bastante fuerte de protección de datos y le impidió contactar con esta chica.La verdad es que cuesta creer que se llegara a formular una ley así, como si hubiera alguien que quisiera conocer los datos de otras personas para hacer el mal, pero bueno,este es el país que se merecía gente como Costroño.

Un buen día decidió salir a la calle para buscar a esa chica,y eso a Abel no le gustó nada.Le parecía una traición. Vale que se entretuviera cuando él estaba en el trabajo, pero de ahí a sustituirle por otra persona le parecía que no tenía cabida. Así que le encerró después de una fuerte discursión acalorada. Parece mentira, pero Costroño comenzó a llorar, nunca lo había hecho y se asustó, pero siguió llorando porque no podía parar. Tan mal se sentía que se arrepintió de no haberse fabricado una extensión con un arma para haberse defendido de Abel. Y mira que se lo pensó cuando estuvo viendo la saga de películas de Chuck Norris, pero le dio pereza.

Allí, en el trastero, sus días se consumían. Abel cada vez bajaba menos a verle, estaba resentido. Antes se intentaba preocupar en explicarle que su decisión era lo mejor para él, que el mundo allí fuera no le iba a sentar bien, que corría peligro de que le destruyeran por ser potencialmente peligroso, pero Costroño no entendía nada.Le dolía haber nacido para estar encerrado. Quería vivir más de lo que mucha personas habían deseado, y le dolía no poder hacerlo. Llegó a planear su propia muerte, pero desechó la idea, por mucho que su vida se redujera ahora a estar parado dentro de cinco metros cuadrados y a oscuras en donde tenía que estar, en una habitación llena de trastos, como él, sin conexión con el exterior ni entretenimiento, y con el desprecio de su padre y amigo, que le consideraba como una cosa más.

Su vida se convirtió en tormento, y no sabía cómo salir de allí.Pero comenzó a resurgir. Tenía esperanza, y creía que podría escapar de allí. No dejaba de ser fuerte y habilidoso,y estaba rodeado de aparatos útiles.

Como Abel casi no bajaba a verlo,tuvo suficiente tiempo como para idear un plan de escape muy ingenioso. Él quería salir de allí, aunque fuese para que le analizaran,o lo que fuera,le daba igual, no quería morir allí de inanición de actividad.

Con mucho esfuerzo logró abrir una gruta que le llevó a la calle. ¡A la calle! Su plan había salido bien. Estaba feliz y quería vivir aventuras ya, ahora, de inmediato.

Miró a su alrededor y vio que estaba en un lugar rodeado de piedras talladas y pulidas. Era un cementerio humano. No era buen comienzo, pero le dio igual, él se sentía vivo, ¡por fin!

Aun así, se detuvo en una lápida extraña, de un tal Tomás García del Leño, muerto hace tres meses. Era curiosa y graciosa, ponía:

"Aquí yace un loco. Un loco suicida al que nadie hizo caso. Un loco que consiguió evitar ver lo que os va a pasar a todos el día9de noviembre de2012a las2horas. JaJaJa"

Costroño se quedó flipado, miró su reloj de Colacao, que graciosamente se insertó en su extremidad superior izquierda, y vio que era el día y la hora indicada en la lápida.

Miró al cielo, y lo que vio le superó. Era un punto azul, enorme.

Más arriba, dentro de ese punto azul, que era una nave extraterrestre, - había que aclararlo - un piloto y un artillero se reían mientras observaban el planeta, también azul, al que querían llegar desde hace meses. El artillero dio una orden, con una especie de ojo que le colgaba de la cara, y la nave azul disparó un rayo que destrozó La Tierra en mil pedazos.

La nave azul salió ilesa del conflicto,¡OH!grandeygloriosanaveazul.


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