De un ángel

Por Vasia
Enviado el 17/05/2015, clasificado en Varios / otros
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De unas alas en abanico plegadas en torno al espíritu celestial que antes fue, cayó, dando a parar al fondo del mar donde el tiempo cerró sus manos. Y todo era mar, porque tiempo era todo, eternidad que le hizo olvidar el cielo; y es que el sol llamo azules a ambos.


Este rayo de luz emancipado detuvo, pues, su vuelo, y descendió a las profundidades. Y el lecho de arena alcanzó deshaciendo el encantamiento inmortal, la tierra albergaba iniciativa propia, ser auto inculcado.


El ángel prestó un oído para escuchar y un grano de arena, solo, fue suficiente para sembrar en su corazón la melodía fugaz, el estro apasionado. Ascendió, con la ilusión de elevar la revelación propicia, insuflado de vivo recuerdo.


Ya en la superficie temblorosa comprobó con impotencia que simplemente flotaba, ¡Las alas fueron solo para entrar pero no para salir! La misma ligereza que cuando volaba domino su pecho pero en lugar de transformarse en dicha inacabable y apacible gozo, corrompida, tornó planto amargo.


Se abandonó a la corriente primero, y a las olas, después, para acabar varado en la orilla de una extensa playa con la confusión de un neonato. Y alzó su cuerpo desprotegido que la brisa alivió, de nuevo bajo el sol, mirando hacia las montañas nemorosas.


Así emprendió nuestro ángel los primeros pasos por un mundo de condición desorientada donde recobrar implica perder prácticamente todo; sin saber que conforme caminara haría medrar la perla eidética que contenía, y que cuanto más creciera mayor sería el valor y la belleza capaz de avergonzar a la muerte en su posesión.


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