Conciencia

Por Luna White
Enviado el 19/05/2015, clasificado en Intriga / suspense
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- ¿Soy la mala? ¿Eso me estás diciendo?

- únicamente digo que es cansado oír siempre la misma historia, entiéndelo como quieras.

Estefanía no podía creerlo. < ¿De verdad tengo la culpa? ¿Tan mal estoy haciendo las cosas?>, un portazo retumbó en toda la casa, estremeciendo cada recoveco su cuerpo mientras el silencio y la soledad inundaban los rincones del pequeño hogar que hasta ese momento era agobiante... mientras que ahora, era demasiado grande y sentía vacía.

Comenzó a andar de un lado a otro sin saber cuál sería el siguiente paso.

Tienes que castigarle, debe saber lo que realmente vales y de paso creértelo tú también. < ¿Qué ha sido eso? ¿Mi conciencia? Debo salir de aquí y pensar, me estoy volviendo loca. Iré a la casa del lago>

De camino, mientras conducía con una pequeña maleta como copiloto, no podía pensar en otra cosa, aunque dudaba si buscando soluciones o solo en cómo comportarse y ver a dónde le llevaba la corriente que se había generado entre ellos.

¿Acaso crees que cambiará tras tanto tiempo? ¿Aún no te das cuenta de su estrategia? < ¿Estrategia? No, no creo que sea una estrategia. Él me quiere, yo lo sé. Quizá no sea su prioridad, pero me quiere. No vengas ahora a manipular y provocar dudas que no tengo, solo necesito saber qué hacer para que se de cuenta de lo que realmente importa.>

Importante ¿para quién? Será para ti, porque aunque no lo quieras ver, él lo tiene bastante claro. < ¿De verdad?

Ya no quedaba mucho para llegar a casa. Allí también encontraría recuerdos, quizá más bonitos y dolorosos que los que estaba dejando atrás, pero era la decisión correcta. Pensar, pensar sola sin que nadie más que ella y su conciencia opinaran. < Los demás creen tener la solución para todo lo que no les pasa a ellos>.

Llegó a casa, aparcó el coche y entró despacio. Mientras cerraba la puerta, el olor de su casa, la oscuridad que lo impregnaba todo y los recuerdos de cada minuto allí, hicieron que se sentara en el suelo, desplomándose mientras vaciaba todo el aire de sus pulmones.

Muy bien, esta es tu reacción para enfrentarte a todo ¿verdad? Gimotea, protesta y reclámale, pero tu solución ha sido huir, ¿de verdad hay diferencia respecto a sus actos? < Cállate, cállate... ¡¡Cállateeeeee!!>

Se puso en pie, colocó las pocas prendas que había metido en su pequeña maleta que un día compraron juntos para sus escapadas románticas, y se volvió a sentar, esta vez sobre el colchón de la cama aún desnudo sin sábanas. La noche llegó, y esa casa de dos pisos, cuatro veces más grande que la de la ciudad, hizo que se escondiera entre las mantas e intentara desconectar su conciencia, esa a la que había pedido ayuda y ahora no se marchaba.

¿Podrás dormir tranquila? ¿Cómo si nada hubiera pasado? ¡No seas niña! Actúa, decide, cambia las cosas, da un paso al frente, pero no sigas perdiendo el tiempo o todos tendrán razón y no merecerás más de lo que tienes. < Necesito dormir para pensar con claridad>

Imposible. Solo oía los sonidos de la naturaleza y de su corazón que parecía ir cada vez más lento. Al menos la vocecilla de su conciencia se había tomado un descanso. < ¿De verdad no merezco más de lo que tengo? Igual mis padres no me valoraban porque no valía la pena y solo busqué una pareja para tener lo mismo que dejaba en casa al independizarme>

Al fin entiendes lo que quiero decir. ¿Crees que te hablo sin saber lo que digo? Llevo contigo desde que llorabas hasta casi ahogarte en la incubadora. Harás bien si me haces caso. < Caso ¿en qué? Ni siquiera ha pasado un día y ya se me cae la casa encima. Ni siquiera ha llamado, ¡ni siquiera ha llamado!>. ¿Eso esperas? ¿Qué te llame? ¿No eres capaz de estar sola?>

Se durmió con esas palabras vagando con Morfeo poco antes de amanecer. Los rayos de sol, bien instalado en lo más alto del horizonte, despertaron su conciencia que no permitió más horas de tranquilidad.

¿Esta va a ser tu respuesta ante todo? ¡Vamos dormilona! Hora de ponerse en pie y pensar cuál de todas las opciones que te he dado es la más adecuada. < Shhhhh, no quiero, solo necesito estar tranquila, no te necesito... ¡Le necesito a él!>. De nuevo vuelven los lloros y la autocompasión. Tienes razón, vuelve entre sus brazos, es lo que mereces. En el fondo -o no tanto- has tenido suerte de encontrar a alguien que no te ha mandado bien lejos. < ¿Desde cuándo eres tan destructiva?>. No lo soy yo, lo eres tú, soy la conciencia que has moldeado cada día de tu vida... ¿de qué te extrañas? Vuelve a tu vida rutinaria, pero al menos no llores porque sea así.

Se levantó, volvió a meter todo en la maleta, y sin tan siquiera abrir las ventanas y que el aire entrara en casa, se marchó. De nuevo se vio conduciendo, de vuelta a su pequeño apartamento donde la soledad no sería tan destructiva como ella misma.

Muy bien, como suponía, vuelves a esconderte y no asumir todos tus errores. < ¿No te habías ido?> . Sí, sí, la mala soy yo como los demás. Todo te viene grande ¿sabes? Ya perdí la esperanza de que algún día te enfrentaras a tus problemas. < ¡Puedo hacerlo! ¡Puede enfrentarme a todo!>. Demuéstralo entonces.

Las lágrimas anegaban sus ojos y no lo dudó. Aún faltaban muchos kilómetros para llegar, para enfrentarse a todo. Nadie perdonaría su fracaso tras lo afortunada que era de haberle encontrado. Pisó lo más fuerte que pudo el acelerador y su coche salió despedido en la curva que siempre la había dado tanto miedo.

< Sí, he podido, he superado mis miedos y los he dejado atrás. ¿Qué tienes que decir a eso ahora?>. Nada, yo ya he muerto, te abandono, el trance al más allá estará esperándote.

< ¿Qué? Dios mío... ¿qué he hecho?> Mientras veía cada vez más cerca el final de sus problemas, se dio cuenta que no había nada más destructivo que ella misma.


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