"Rostros ocultos"

Por Casas Reales Desnudas
Enviado el 07/12/2011, clasificado en Intriga / suspense
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Gina andaba con el paso raudo que sus zapatos de tacón de aguja  le permitían. Por lo general su mentón iría alto, su espalda erguida y sus caderas se contonearían rayando la exageración. En aquellos momentos no era así y su forma de andar glamurosa  había pasado a segundo plano.
Unas cuantas abdominales al levantarse y antes de darse un ducha, prevenían, que su espalda  fuese deformándose a causa de ese tipo de calzado que ella lucía a diario, esfuerzo que ella consideraba menor si con ello conseguía sentirse lo mas sexi posible.
De su hombro colgaba un bolso de piel, color marrón y los herrajes metálicos, el logo de Robert Pietri (P R), se hallaba grabado de forma muy discreta por todo el. Ella lo llevaba protegido con la parte interior de su brazo, costumbre contraída después de haber recibido un brusco tirón que la hizo rodar por el suelo hacía ya unos años. Le gustaba como combinaba, aparte de su comodidad, con aquel trench clásico que había adquirido apenas una semana antes y en cuyos  bolsillos iban resguardadas sus manos. De color beige,  cinturón anudado  y de tamaño tres cuartos, lo que permitía, apreciar aquellas largas piernas cubiertas con unas medias rayadas de color oscuro, desde mas arriba de sus rodillas. Le encantaba aquel tipo de prenda , ya que podía lucirla con cualquier tipo de atuendo,jeans, leggins para el día a día, o con un vestido o falda que le daba un aire mas sofisticado. Sus cabellos ondulados de color negro azulado cubrían parte de aquella gabardina hasta la mitad de la espalda.

La noche era oscura y algo fría, de su boca salía aquel vapor producido por la diferencia entre su temperatura corporal y la de la calle que era de cinco grados. Los callejones  que debía recorrer hasta llegar a su destino aún pronunciaban mas aquella oscuridad. Estos eran estrechos, unas aceras angostas por las que apenas si podía caminar una persona sin salirse de ellas, con unos edificios de siete alturas que reposaban, algunos, mas de cien años sobre sus cimientos, y de los cuales, sobresalían aproximadamente un  metro de la fachada, unos pequeños balcones con barandillas de hierro carcomidas por el oxido y un suelo nada fiable. Todo ello en conjunto, contribuía, a que no entrará el mas mínimo resquicio de luz aunque en el cielo luciese una esplendida luna llena. No era ese el caso, una luna menguante era todo lo que podía verse colgada allá en lo alto, y no precisamente desde aquella callejuela. Solo dos farolas, con aquelllas pantallas que debían aumentar la luminosidad de las lamparas, harto desgastadas, iluminaban en parte algunas zonas, mientras que en otras contribuían a alargar las sombras dándoles un aspecto fantasmagórico.



Desde hacía algunas noches hacía el mismo recorrido tras haber acabado su trabajo en aquel club, donde vendía sus servicios a cualquier cliente que estuviese dispuesto a pagar por ellos. Por lo general siempre tomaba un taxi que compartían entre varias compañeras y que las dejaba en la puerta de sus casas, esperando el conductor hasta que ellas se encontraban ya dentro del edificio. El taxista siempre era el mismo y el hombre se sacaba unas buenas propinas por ese trabajo, por ello procuraba que sus mejores clientes no sufriesen ningún tipo de percance.
Había tenido conocimiento de que su antiguo chulo, un yonky que hacía poco había salido de la cárcel, andaba tras su rastro, lo que le obligaba a salir por una puerta trasera que tenía el club y andar por aquellos callejones hasta el piso de una amiga que este no conocía.


Su mirada nerviosa y agudizada por la oscuridad reinante, como si de un felino se tratase, no dejaba de escrutar hacía ambas partes de la calleja, intentando ver en la negrura de  los portales de los edificios y la de los soportales de los escasos comercios que allí se ubicaban. Al mismo tiempo, intentaba descubrir si alguien se ocultaba entre la hilera de automóviles estacionados al otro lado de la calle, a su izquierda.  Aquel presentimiento de ser observada persistía en su cerebro, especialmente aquella noche.

.-Tranquilízate guapa, son tus miedos.- Susurró  intentando inculcarse algo de confianza.

En realidad no se equivocaba, escondidos en las sombras, unos cristalinos ojos observaban como la mujer se acercaba hacia ellos a buen paso.









Debido a que el relato es un poco mas largo de lo permitido, os dejo la URL de este por si os apetece continuar  en mi blog:
http://casasrealesdesnudas.blogspot.com/2011/12/rostros-ocultos.html


Publicado por CASASREALESDESNUDAS en 12/02/2011 09:35:00 PM  


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