En su despacho profesor... 5. [En mi piso...]

Por Satine1991
Enviado el 02/06/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Sonrío como los demás. Se me da bien fingir. En el salón de mi piso estamos tres compañeros de clase y dos amigas. La verdad es que no me apetece estar aquí. Sé bien lo que me gustaría estar haciendo ahora. Mi sonrisa se hace aún más amplia. 

- ¡Sara saca ya los vasos de chupito!-dice uno de ellos. Él más insistente debo añadir. He notado sus miraditas y no me están gustando. 

- Vale, voy a la cocina-le respondo levantándome. 

- Te acompaño-y se pone en pie también. 

- ¡No! Yo puedo sola...-me fastidia su asedio constante. 

Salgo del salón y en la oscuridad pongo cara impaciente. Enciendo la luz de la cocina y suena el timbre. Me asomo al pasillo. 

- ¿Pero es que al final viene Patricia?-les pregunto. No me responden, creo que no me han escuchado. 

Voy a la puerta y un escalofrío me recorre. Abro y me quedo pasmada. ¿Desde cuándo mi mente es tan poderosa? Pablo está ahí plantado, con su camisa blanca, pantalones vaqueros y americana sujetada sobre un hombro. Me mira de arriba a abajo. 

Caigo en la cuenta de que el piso está lleno de gente, que podrían verle, decir algo o que sé yo. Me dejo llevar por los nervios. 

- ¿Qué demonios estás haciendo aquí?-pregunto. Sí, creo que no es lo más inteligente que le he dicho nunca. 

- Vaya. Menudos saludos. Me impresionas Sara-pasa sin que me dé tiempo a reaccionar. Me agarra de la cintura y me aproxima a su cuerpo. Intenta besarme y me aparto. 

- ¿Qué haces?-le pregunto mirando hacia el salón. Nadie ha salido. 

- ¿Qué crees que hago? No creo que tenga que contarte la historia de la abejita y la flor-dice con ironía. 

- Tus tonterías no me hacen gracia. Aquí hay alumnos tuyos, ¿qué pasaría si te viesen?-le digo cruzándome de brazos. Apenas puedo verle en la oscuridad. 

Veo que se pasa la mano por el pelo y resopla. 

- ¡Sara! ¿Por qué tardas tanto? Sabía que no podrías sola- la voz proviene del fondo del pasillo y el chirriar de las patas de una silla contra el suelo nos hace saber que en unos segundos alguien nos verá. 

No pierdo tiempo. Abro una de las puertas del pasillo. Mi compañera de piso está en pijama y estudiando ante su escritorio. Se queda anonadada. Empujo dentro a Pablo. No se cuál está más sorprendido. 

- Tere ahora después te lo explico. Gracias, gracias y gracias-y vuelvo a cerrar sin esperar respuesta. Me giro y ahí tengo al pesado de turno. 

Se acerca caminando con chulería. Se queda a unos centímetros de mí.

- Fran creo que deberías iros. No me encuentro bien- y recurro a mi actriz interior, me llevo la mano a la frente y pongo cara seria. 

- Yo te puedo curar cualquier enfermedad...-y lleva una mano a mi culo. 

- No, gracias. Y te puedes guardar las manos en los bolsillos-sé que me pongo colorada porque estoy segura de que mi querido profesor está pegado a la puerta y escuchándolo todo. 

- Bueno...quizás en otra ocasión- se da media vuelta y regresa al salón. Allí les dice a todos que es tarde, que es hora de irse ya que mañana hay clase a primera hora. 

Aunque hay algunos comentarios por lo bajo diciendo que estoy muy extraña últimamente todos se levantan y se dirigen a la salida. Hago como que no he escuchado nada. Me despido de todos, incluso del que pretendía ser mi médico particular hace un minuto. Finalmente cierro la puerta y me apoyo contra ella mirando con curiosidad hacia la habitación de mi compañera de piso. 

Entro y me encuentro a Pablo explicando algo a Tere. 

- No, no. Debes entender primero el concepto, cuando de verdad lo comprendas y te lo sepas, podrás enlazarlo con lo demás. 

Ella le mira embelesada. Me doy cuenta. 

- Bien. Si has acabado con tus clases particulares... ¡ya mismo me vas a explicar qué haces aquí y de dónde has sacado mi dirección!

- Ten cuidado, no sea que tanta simpatía te siente mal...-me dice. Veo que está crispado. Y ahora percibo la tensión en sus hombros y su postura. Esto es poco habitual en él. 

- Ven, vamos a mi habitación-digo más suave. Él, siempre tan educado, se despide de mi compañera de piso y le da las gracias por el escondite. 

Vamos a mi habitación. Me da un poco de vergüenza porque es muy pequeña. Me mira intensamente. 

- Tu dirección la he sacado de tu ficha de clase. Y estoy aquí porque te necesito-no se mueve. Yo tampoco. Me ha dejado helada con sus palabras. No sé qué decir. 

- Esto empieza a rozar el acoso-le digo seria. Se da cuenta de que estoy bromeando. 

- No te acoso tanto como tu amiguito el médico-y suelta la chaqueta.

Se acerca a mí y sin preámbulos me quita la camiseta y me tira sobre la cama. 

- Nunca lo hemos hecho en una cama-le digo mientras se quita la camisa y se tumba sobre mí. 

- Nuestra primera vez-y me desabrocha el pantalón. Me lo quita y me abre las piernas. Pasa un dedo sin apenas presionar por mi tanga que ya está mojado. 

Cierro los ojos y suspiro. Noto su boca en mi coño a través de la tela. La aparta despacio y pasea con su dedo perezosamente por mi clítoris. Me agarro a la colcha. 

- Me encanta todo. Tú, como hueles, como sabes...-y me introduce dos dedos mientras habla. Los mete y saca muy despacio, sin prisa. 

- Date la vuelta- me ordena. Lo hago sin dudar y me obliga a ponerme a cuatro patas. Escucho como se desabrocha el pantalón y noto su polla en la entrada de mi coño. Sigue jugando. Quiere hacerme desearlo aún más. 

- ¡Ya!-le digo con la respiración agitada. 

- ¿Ya qué?-me pregunta mordiéndome la oreja y cubriéndome por detrás. 

-Que me la metas ya-y giro el cuello para poder besarle un poco. 

- Sara ¿así se le piden las cosas a tu profesor?-me acaricia el culo y sigo notando su polla frotándose contra mí. 

- Profesor, ¿podría usted follarme?

- Así sí. Esto necesitaba-me agarra de las caderas y me la mete de golpe.

Lo hace con fuerza y me acaricia la espalda. Noto sus testículos chocando contra mí y eso me pone muchísimo más. Estoy muy mojada. Me encanta, me vuelve loca que me folle, sentirme suya. 

Pero también quiero sentirlo bien. Me aparto y le indico que se siente en el borde de la cama. Me siento sobre él y le abrazo con las piernas agarrándome a sus hombros. Iniciamos un movimiento lento, pero ese roce hace que mis pulsaciones se disparen. Le muerdo el cuello y él aprieta mi culo entre sus manos e intenta acercarme más a su polla. Me mueve a su antojo. 

Me corro y le beso para intentar hacer el menor ruido posible. Él tarda un poco más. No dice nada. Se tumba y me arrastra con él. A los pocos segundos se queda dormido. 

Algo se ilumina en la oscuridad. Veo que es su móvil sobre mi escritorio. Me levanto despacio para no despertarle. No debería pero miro la pantalla: 

"¿Dónde estás? Lo siento, vuelve a casa". 

Miro hacia la cama. Sigue dormido. 


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