EL AMIGO DE MI HERMANO.

Por MissRelatos NoeliaMedina
Enviado el 30/06/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Brian pasaba de mí.

Brian pasaba de mí. Lo hizo durante once años y no hubiera estado mal que lo hiciera de por vida.
 
Trece años tenía la primera vez que sentí mi cuerpo comportarse de manera extraña. Recuerdo con todo detalle el día en que entré en el dormitorio de mi hermano Michael y lo vi durmiendo en la cama supletoria. Me quedé observándolo desde la puerta, descansaba su moreno cuerpo encima de las sábanas y sólo lo cubría unos ajustados bóxer blancos que resaltaban un gran bulto. Me abrumé demasiado. La alta temperatura ambiente se mezcló con la aún más sofocada mía corporal.
 
Recuerdo también perfectamente como quise que la tierra me tragase cuando Brian se movió y se quedó parado mirándome extrañado, preguntándome con una mirada confusa, que cojones hacía yo allí pasmada.
Salí corriendo a mi habitación y muerta de la vergüenza me cubrí con mis sábanas. Sábanas que por primera vez, se empaparon de mis fluidos mientras me masturbaba pensando en un chico. El amigo de mi hermano.
 
Cuando conocí a mi actual novio Javier, creí olvidarme del enfermizo e iluso amor que sentí tantos años por Brian. Nunca me hizo caso, en innumerables ocasiones declaré mi amor y me insinué, pero él sólo me veía como la hermana pequeña de su amigo. Hasta que por fin, cansada de perseguir un amor imposible, tiré la toalla y me entregué completamente a Javier, hasta el hecho de casarme con sólo diecinueve años.
 
***
 
Era la boda de Michael, tras muchos años al fin había sentado la cabeza y tomó la decisión de hacer formal su relación con Irina, su novia.
 
Ya era la hora de bailar, cantar, sobrepasarse bebiendo... y yo estaba dislocada. Disfrutaba muchísimo bailando aquellas típicas canciones de bodas, cuando alguien me sujetó por la cintura levemente y rozó su cuerpo con el mío al son de la música. Seguí el ritmo de aquellas caderas pensando que era mi prima Carla la que bailaba conmigo, como hasta ahora.
Giré en dirección al cuerpo allegado para continuar con otra coreografía. Mis corazón dio un vuelco cuando descubrí a Brian ahí plantado ante mí, con su hermoso pelo rizado negro revuelto, sus ojos canela chispeantes debidos al champán y aquella hermosa sonrisa que de pronto, grabó en mi mente cada vez que mi pecho suspiró por ella.
 
- Estás preciosa.
 
Solo esas dos palabras bastaron para deshacer el gran escudo que tras años construí ante él. No le contesté, mi mirada fue a parar al balcón de aquel gran salón de celebraciones. Había dejado a Javier allí fumando con algunos familiares míos y charlaba aún tranquilamente en el mismo lugar mientras mi cabeza repetía ese "estás preciosa" mil veces y mis bragas se mojaban haciéndome sentir mala persona por sentirme atraída con tan solo un piropo de cortesía .
 
No, para mí no era un simple piropo. Era un piropo de Brian, un roce de Brian... el mismo que me ignoró once años mientras yo mendigaba amor.
 
-¿Sarah, estás bien? - Su voz sonó preocupa y supe que debía decir algo que tapara mi asombro.
 
- Perfectamente. Si me disculpas, voy a servirme una copa -.
 
Y me marché cómo una cobarde. Al fin y al cabo siempre lo fui. Cuando lo di por imposible y ahora, que debería haberle preguntado qué de qué coño iba su juego.
 
La noche se me hizo incómoda, bailaba con Javier, con Carla, con mis padres... pero siempre bajo su atenta mirada que me ponía más y más nerviosa y que me acosaba en todo momento haciendo que mi calentura no cesara. Reposaba su escultural cuerpo en una columna, las manos las metía en los bolsillos y su mirada se clavaba en mí sin apartarse.
 
- Cariño estás sudando.
 
- Tengo calor, iré al baño a echarme un poco de agua.
 
- Vamos, te acompaño.
 
- No hace falta Javi, estoy bien. Gracias- Y besé sus labios suavemente antes de remangar mi vestido largo de noche y entrar al baño que se encontraba alejado del salón, la música y el agobiante calor.
 
Atrapé un poco de agua con mis manos y la pasé a mi nuca intentando no estropear el maravilloso recogido de mi pelo. Me miré al espejo y me reprendí a mí misma. Sabía cuál era el motivo de mi raro comportamiento y de mis calores. Brian.
 
Cómo un espejismo, el mismo chico de mis pensamientos entró abriendo la puerta de par en par, pegando un fuerte portazo. Miró un segundo hacia el lado contrario al que me encontraba, dirección a los váteres, pero al notar la presencia de la chica a la que buscaba - o sea, yo- se abalanzó de dos grandes zancadas sobre mí y sin dejarme analizar nada, me besó mientras desabrochaba su corbata.

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