Círculos

Por Itsuki01
Enviado el 26/05/2015, clasificado en Terror
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Este es el fin del hombre y todo lo que ha logrado. He tenido bastante tiempo para pensar en ello. No es el fin del mundo. Es sólo el nuestro.

Comenzó hace unos meses, los hijos de Richard Niels, Joseph y Ana, de ocho y once años respectivamente, jugaban en el jardín, cuando Niels y su esposa salieron de la vieja casa de campo con los muros cubiertos de enredaderas. Niels se adelantó a su esposa, llamó a los niños y comenzó a caminar por su enorme propiedad, un espacio considerable y al aire libre, en dirección a ellos. En ese momento, yo y el cuñado de Niels, entrabamos en el terreno abordo de mi vehículo con la finalidad de pasar el fin de semana juntos. Vi a Niels en el campo estuve a punto de llamarle con el cláxon del automóvil cuando sobrevino el fenómeno.

Niels desapareció.

El lugar en donde Niels estaba caminando era completamente llano, sin árboles, piedras o variaciones de altura que obstaculizaran la visión de todos los testigos. De un momento a otro se le perdió de vista. Corrí al punto en donde el hombre había desaparecido, pensando que tal vez había caído en alguna zanja escondida entre la hierba.

El suelo estaba tan plano como podía verse desde lejos. La señora Niels sufrió un ataque de histeria, solo pronunciaba: la tierra se lo trago. Se pidió ayuda a los vecinos, entre ellos estaba yo, claro. Inspeccionamos la propiedad y sus alrededores, sin resultados. La búsqueda continuó por un mes más. Todos los sirvientes de la propiedad renunciaron asustados. Tiempo después, la zona donde Niels desapareció era un círculo de hierbas muy crecido, de unos metros de diámetro. Los animales se negaban a acercarse, la tonalidad de las hojas adquirió un color gris y el lugar estaba envuelto en un silencio antinatural.

Luego las cosas empeoraron. Fue durante una transmisión en vivo, desde alguna bahía. La corresponsal estaba recitando lo que se sabía delante de la cámara: los mismos hechos, las mismas preguntas que todos nos habíamos estado haciendo. De pronto la reportera grita y la cámara se inclina hacia abajo para ver sus pies. Está hundida en la arena, casi hasta las rodillas. Me recuerdo sonriendo, pensando que se trata solamente de sugestión, pero luego la cámara se le cae de las manos al camarógrafo. El circo entero de equipos de producción de noticias presente en esa playa se está hundiendo. La reportera está hundida hasta el pecho. El sonido de gente gritando, pidiendo ayuda, se pierde mientras el cuadro de la imagen se llena de arena.

Las noticias continuaron algunos días más, pero realmente no había nada qué decir. Algunos culparon a los círculos dibujados en las áreas donde sucedían los fenómenos, otros intentaban enfocarse en posibles soluciones científicas. Era una pérdida de tiempo, todo. Era mucho más sencillo mirar por la ventana. Afuera, la ciudad se había convertido en un pueblo fantasma. Todo el mundo estaba en sus casas, con demasiado miedo de salir. No parecía tener sentido: los caminos, el pavimento mismo se rajaba y se hundía bajo la tierra; señales de tráfico y semáforos eran rebasadas por míseras plantas, las casas crujían y temblaban mientras eran consumidas desde sus cimientos mismos.

Círculos por todas partes.

Mi mujer murió ayer. Se cayó de la azotea, la tierra se lo tragó. Es fácil entrar en negación respecto a algo como esto, hasta que te afecta directamente. Estaba intentando evitar que nuestro perro saliera. El perro está bien. Eso creo. Corrió. Los animales no parecen ser afectados. Este es sólo nuestro destino. Ese pequeño descubrimiento ha probado ser demasiado para mí. Todo esto. Una pesadilla viviente. Llore de rabia, de impotencia.

Un día me aproxime al círculo y la llame por su nombre, dejando largas pautas de silencio entre cada llamado; lo hice por cuatro ocasiones, no hubo respuesta y, desanimado, di la vuelta para regresar; fue entonces que escuche el llanto. Parecía provenir de muy lejos. Era, sin duda, la voz de mi mujer, pidiéndome ayuda.

Durante varios días, acudí al círculo y cada día, al llamarla, me contestaba con una voz que se fue haciendo menos audible, hasta que sólo fue posible escuchar el viento.

Mi decisión es libre: ir con ella, o permanecer aquí, escuchando mi respiración en esta vasta tumba de la humanidad.


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