Recordándo para no olvidarte (1ª Parte)

Por Lucilu
Enviado el 08/06/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Despierto de la siesta, aun soñoliento y con los ojos cerrados eres lo primero que me viene a la mente. Intento recordar aquella tarde de septiembre, la primera vez que tus labios tocaron los míos. Introduzco la mano bajo mis calzoncillos y acaricio mi polla flácida, después de tantos años los recuerdos son difusos, apenas 4 flashes que han quedado marcados a fuego, pero que me resisto a olvidar. Cuatro flashes que con solo llevarlos a mi mente hacen que mi miembro tan soñoliento como yo, empiece a desperezarse.

Recuerdo que cuando tus labios rozaron los míos, el corazón se me iba a salir por la boca, que me temblaban tanto las manos que no atinaba a desabrocharte el sujetador y de la impaciencia terminé levantándolo. La visión de tus pechos desnudos por primera vez me sobrecogió, eran tal como los imaginaba, no podía dejar de besarles y chuparlos, solo tengo que cerrar los ojos para ver esa imagen una y otra vez dibujada en mi mente como si fuese ayer. Lo siguiente que recuerdo son de unos minutos más tarde, cuando mis manos aun temblorosas estaban bajándote la última prenda de ropa que te quedaba, dejando ante mis ojos una rajita perfectamente depilada, se me debió quedar cara de bobo, porque cuando te diste cuenta tras soltar un leve suspiro de vergüenza la intentaste ocultar cerrando tus piernas y girando sobre mi para quitar mi ropa y quedar por fin los dos completamente desnudos. Intento recordar más cosas pero están todas borrosas. Intento recordar como fue esa primera vez dentro de ti, pero no lo consigo, solo recuerdo que te fuiste después de regalarme la mejor mamada que me habían hecho jamás y que no podía quitarme tu nombre de mi cabeza, solo podía pensar lo que me habías hecho gozar esa tarde, más que ninguna mujer hasta entonces y yo que te tenía por tímida.... ¿Cómo era posible que tu marido te tuviese tan insatisfecha? Alguna vez había pensado que igual era porque en la cama no eras gran cosa, pero aquella tarde me quedó claro que eras un torbellino que cualquier hombre desearía disfrutar cada día.


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