SIN TÍTULO

Por El Felino
Enviado el 29/05/2015, clasificado en Intriga / suspense
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En los alrededores del hospital psiquiátrico Ashecliffe la blanca e intensa luz del día se colaba entre las nubes de un cielo plomizo.

Reinaba un silencio causado por la ausencia de las cosas: no había ni un alma en el patio principal y tampoco hacía mucho viento, por lo que las hojas de los imponentes cipreses repartidos por el terreno apenas emitían un leve susurro al moverse, casi como una caricia.

Tampoco se oía al enorme y frondoso seto que bordeaba los límites de la parcela, rodeado a su vez por una verja más alta aún de finos barrotes de hierro negro con adornos en punta, levantada sobre un muro bajo de cemento.

El invierno había venido para quedarse y la hierba recién cortada de los amplios jardines estaba cubierta por una fina capa de escarcha, fruto de la helada de la noche anterior. La nieve acumulada en el tejado de chapa devoraba casi el único contraste con la fachada enteramente blanca del pequeño edificio, por donde la hiedra trepaba como si quisiera apoderarse de ella sin prisa pero sin pausa.

Había un segundo silencio al que tardabas más en acostumbrarte. La autopista más cercana quedaba a algunas decenas de metros del complejo, con lo que los ruidos del tráfico tampoco llegaban allí. Al hospital solo se podía acceder por una carretera secundaria sin asfaltar y luego a pie por un camino empedrado que iba en línea recta desde la portezuela oxidada de la entrada hasta otra más sencilla de madera barnizada en el edificio principal.

Por lo general, en el ambiente se respiraba la paz. Cualquiera que visitara el hospital entonces lo encontraría agradable y sin novedad, salvo por un pequeño gran detalle que sin duda le llamaría poderosamente la atención.

En el ala norte, a escasa distancia del edificio principal, el hospital contaba con un módulo semiesférico sin puertas ni ventanas, hecho enteramente de metal pulido, que parecía una especie de nave extraterrestre y daba la impresión de haber salido de debajo de la tierra como un hongo cualquiera. A él se accedía por una estrecha y larga pasarela de losa gris, aunque no estaba del todo claro por dónde.

A pesar de haber permanecido allí plantada desde que el hospital empezara a funcionar hacía una década, nadie ajeno a sus actividades sabía realmente qué clase de prácticas se llevaban a cabo en aquella fantasmagórica «bola», como solía llamarla la gente. Todos los rumores que se habían extendido sobre ella le conferían un aire de misterio, y no había ninguno que no le helara la sangre a cualquiera.

Lo único claro era que, una vez que alguien entraba allí, no se volvía a saber de él. Cuando sus padres o sus hermanos llamaban por teléfono o iban a visitarlo, la recepción del hospital se limitaba a dar una negativa detrás de otra y a afirmar que allí nunca estuvo ingresado aquel enfermo. De la noche a la mañana desaparecía de todos los registros sin dejar rastro; daba igual que lo hubieran tenido delante tan solo unas pocas horas antes.

La organización del hospital había ido a los juzgados más de una vez a manos de los mismos familiares que, desesperados, presentaron varias denuncias por negligencia. El jurado falló en favor del hospital en todos y cada uno de los recursos, casi huelga decir a cambio de sobornos y favores especiales a los fiscales y al jurado que permanecieron en absoluto secreto para jueces y víctimas, rotas de puro impotentes.

Gracias a ello, el complejo psiquiátrico Ashecliffe continuaba prestando sus servicios, «de incuestionable utilidad social en el mundo en que vivimos» según su director general. Estas palabras las había pronunciado hacía bien poco en una rueda de prensa televisada para los medios a raíz de una de estas ya famosas querellas. Estaba claro que trataba de salvar los muebles frente a la prensa y la opinión pública, pues no dudó en declarar que «cada miembro del hospital realiza su trabajo profesional y eficientemente, haciendo gala de una intachable moral».

Pero cuando la boca se te llena de ruido, luego está condenada a gritar.

 

 

 

Inciso:

Espero que te haya gustado la primera parte del relato. No dudes en comentar abajo haciéndome saber cualquier detalle que cambiarías, por pequeño que parezca, con respecto a la prosa, la estructura narrativa y el diseño de los personajes. Es la única forma que tengo de aprender y mejorar. También puedes ayudarme a encontrar un título, si se te ocurre. Cualquier aportación es bienvenida siempre, de verdad.

Gracias.


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