SIN TÍTULO (V)

Por El Felino
Enviado el 29/05/2015, clasificado en Intriga / suspense
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Barrows notó un dolor inimaginable por todo el vientre y, pese a todo, tuvo la certeza de que sus vísceras se estaban desgarrando, una por una. Todas menos los pulmones y el corazón, que se le aceleraba por momentos. James quería que siguiera vivo hasta que su cuerpo colapsara.

¿Cómo lo supo?

Era más o menos la misma tortura que se llevaba a cabo en la «bola».

Si hubiera podido emitir algún sonido, el doctor habría aullado pidiendo clemencia. Se puso rojo, y después azul, y violeta. La sangre, caliente y espesa, no tardó en abrirse camino hasta su boca. Pronto se le secaría en los dientes.

La cara de James se había convertido en un rictus de intensa concentración; el sufrimiento se había adueñado de la suya.

Poco a poco, todo se fue volviendo borroso. Sus músculos se negaban a obedecerle.

Al final, sencillamente dejó de luchar. Sus brazos cayeron a plomo a los lados del cuerpo que, lánguido, se escurrió ligeramente en el asiento. En su rostro ya no había dolor, sino una mezcla de ira e impotencia a partes iguales. La sangre le corría por los labios y se le derramaba por el cuello y el pecho, tiñéndole la camisa de algodón blanco del mismo tono de rojo que el del sillón. Por debajo, su piel estaba repleta de zonas moradas causadas por la hemorragia interna.

Lo último que vio fue un par de manchas azules.

Y luego, nada.

 

 

El doctor Barrows despertó sobresaltado, enderezándose de golpe en su sillón de cuero rojo, con las manos extendidas sobre el escritorio abarrotado de papeles. Estaba cubierto por un sudor frío y tenía la boca seca.

Lo primero que hizo fue obedecer a su instinto: se palpó el cuello con nerviosismo y después se abrió la camisa para examinarse el torso. No le dolía nada ni encontró heridas por ninguna parte.

Algo más seguro de sí mismo, se volvió a abrochar mientras miraba a un lado y a otro, tratando de discernir si el pequeño despacho y los pocos muebles desperdigados que la llenaban eran reales o solo un producto de su fría y retorcida mente. Después se quedó largo rato mirando sin ver la silla de madera acolchada que había al otro lado de la mesa.

No había nadie sentado. Estaba solo.

Todavía en estado de shock, el doctor se secó la frente con el pañuelo que llevaba en el bolsillo interior de la americana. Después de volverlo a guardar se levantó del sillón con movimientos mecánicos, se metió la camisa por dentro de los pantalones y fue directo a prepararse un café bien cargado en la taza más grande que pudo encontrar.

Solo cuando la tuvo en las manos advirtió que le temblaban ligeramente; se obligó a inspirar hondo y serenarse. Poco a poco, la imagen de médico profesional y competente casi pareció volver a reflejarse en él. Casi.

Apenas había dado un breve sorbo al café cuando llamaron a la puerta del despacho.

 

 

Inciso:

Espero que te haya gustado la quinta y última parte del relato. No dudes en comentar abajo haciéndome saber cualquier detalle que cambiarías, por pequeño que parezca, con respecto a la prosa, la estructura narrativa y el diseño de los personajes. Es la única forma que tengo de aprender y mejorar. También puedes ayudarme a encontrar un título, si se te ocurre. Cualquier aportación es bienvenida siempre, de verdad.

Gracias.


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