La ergometría

Por anecdotasydisimulos.com
Enviado el 16/06/2015, clasificado en Humor
411 visitas

Marcar como favorito

     Hace uno días acudí al cardiólogo, en concreto para hacerme una ergometría, esto es, una prueba de esfuerzo del corazón. Esta prueba consiste en que primero te ventosean –de ventosa-para controlar los ritmos cardiacos y, después, te hacen andar, cada vez más rápido, en una máquina de cinta, como la de los gimnasios.

     Tras esa experiencia ya no sé cómo usar mi nombre propio, Jose Manuel, o, lo que es peor, si realmente sirve para algo tener un nombre. Me explico: allí, en la consulta, se encontraban atendiéndome una doctora y una enfermera. En la misma habitación, pero separada por un mampara de cristal se hallaba una anciana silente, acostada en una camilla. Pues bien, la doctora y la enfermera cada vez que se dirigían a mí, que fue constante e infatigablemente, me nominaban: “¿qué tal, Jose Manuel, notas dolor en el pecho?; Jose Manuel, ¿te cansas?; Jose Manuel, ahora te voy a subir la velocidad de la cinta; ¿qué tal respiras, Jose Manuel?; Jose Manuel, ¿notas la quemazón en el pecho?; cuando quieras que paremos nos lo dices, Jose Manuel; etcétera. Así siempre, cada vez que me hablaban, que fue todo el rato. Yo entonces pensé que ese trato era cortesía por su parte, adhesión con el paciente que se encuentra agobiado, un detalle de cariño con los aquejados que se pueden encontrar con la muerte al menor descuido.

     Mi mayor interés, mientras tanto, estaba en localizar el desfibrilador, que todo el mundo me prometió que estaría allí mismito, en un lugar especial. Yo no lo vi, pero lo que sí encontré fue un teléfono rojo de góndola adosado a la pared con un cartel debajo que rezaba: “celadores de la morgue”.

     Cuando yo me encontraba a tope sobre la cinta, entró otro enfermero que se puso a atender a la anciana. “Esta demenciada, no se entera de nada”, comentó la doctora a la enfermera. El enfermero manipulaba a la anciana que se quejaba con un hilo de voz: “¡ahí, ahí, me duele, me duele mucho!, ¡ahí, ahí!”... El enfermero, con delicadeza, la calmaba: “Esther tranquila, que ya acabo; vamos, vamos, Esther, que no la puede doler tanto; Esther, ahora no se mueva; Esther, ahora la moveré a la derecha, pero no le dolerá…”. “Ahí, ahí, me duele”, se quejaba la señora. “Tranquila, Esther, que ya acabo”, insistía el enfermero una y otra vez.

     Me resultó enternecedor el trato tan cariñoso y personal que otorgaban en cardiología.     “¿Jose Manuel, cómo se encuentra?; ¿se cansa, Jose Manuel?”… El enfermero se retiró y unos celadores se llevaron a la anciana a otro lado.

     - Pero, ¿cómo se llama la señora?, inquirió mi enfermera.

     - Creo que Alicia, le contestó la doctora.

     - Ese era el nombre que yo recordaba, continuó la enfermera.

¿Por qué la llamaría Esther el enfermero?, pensé yo perplejo. Entones me empezó a molestar el pecho, tuvimos que parar la máquina y continuar con lo mismo. El asunto del nombre quedó olvidado.

     Unos pocos días después, mientras gozaba de mi desgana, el fantasma de Esther, la anciana, acudió a mi consciencia. Por allí estuvo un rato largo rondando e incordiándome. No pude llegar a un pensamiento definitivo y lógico, por lo que será un asunto más de los que guardo para la otra vida: ¿Sirve para algo tener nombre?

     El cardiólogo me ha comentado que estoy como un toro: el corazón perfecto y una pequeña dolencia que con medicación se queda en nada.

     - Deberás hacer ejercicio, algo suave pero de forma habitual –me recetó.

     - ¿Qué ejercicio me conviene más?, ¿quizás caminar o natación o, quizás, algo de tenis sin forzar?

     - Mi experiencia –comentó el doctor- me dice que lo más adecuado es mucho sexo y abundantes helados.

     - ¿Sexo? Pero a lo mejor mi mujer…, que si me duele la cabeza…, que estoy muy cansada…, que cómo lo vamos a hacer en casa de mi padre…

     - Deberás buscar soluciones alternativas

     - Dudo que mi mujer consienta que acuda a una cortesana.

     - Por eso no te preocupes, que si lo haces bajo receta médica no podrá ponerte ninguna pega.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com