Mi ex-mujer, esa diosa

Por Allan
Enviado el 04/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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No sé en qué pensaba cuando decidí invitar a Sara a la fiesta de cumpleaños. Tal vez mi subconsciente quiso presumir de hembra joven y bien dotada. No lo sé. Fue una chiquillada en todo caso. Sabía que mi ex mujer se pondría furiosa y así fue. Hacía tres años que nos habíamos separado. Los mismos que hace que me descubrió en su cama con Sara, por entonces mi secretaria.

Cuando llegamos Gloria la miró con asco y después me reprochó con la mirada mi actitud. Pensé que sería envidia. Después de todo ella no había vuelto a estar con un hombre, pero estoy seguro que si así hubiera sido lo hubiera llevado también a la fiesta. Pasada una media hora Gloria me pidió que la acompañara. Yo ya sabía lo que quería. Me iba a reprender por haber ido con Sara. La clara imagen del engaño y la infidelidad.

Subimos al piso de arriba. Cada escalón me recordaba a la noche de boda mientras la llevaba en brazos. En el piso de arriba rememoré aquellos besos de dos enamorados que se entregaban a la pasión. Y en el dormitorio no pude evitar acordarme de tantas y tantas noches haciendo el amor. La verdad es que nuestro matrimonio marchaba bien. Follábamos con asiduidad y éramos felices. No sé por qué la cambié por una cursi que ni tan siquiera era capaz de hacer una paja en condiciones. Como me imaginaba me reprochó la presencia de Sara. Me dijo que no era de tener vergüenza traer a esa mujer a la fiesta de nuestro hijo.

 -Espera - le dije- ¿eso es envidia o celos?

- No me hagas reír querido. Tengo al hombre que quiero y tengo además algo que ella no tendrá

Gloria se levantó el vestido blanco ibicenco que lucía y me dejó ver un hermoso coño con un minúsculo triángulo de pelo. Tenía razón. Su coñito era más lindo que el de Sara. Llevé la mano hacia él casi por impulso. Ella intento apartarla pero le gustó tanto que me dejó que siguiera tocando. No tardé en mojarla y entonces ella se subió en el tocador y me abrió las piernas. Me bajé los pantalones y le acerqué mi polla. Empecé a meterla despacito como a ella le gustaba y no de repente como prefería la insulsa Sara. Una vez dentro Gloria empezó con el show. Me dijo que se lo hiciera lento como Fran. Después me pidió que le cogiera las piernas como Andrés y por último que le chupara las tetas como Diego. Curiosamente todos ellos eran amigos míos. El hecho de que ellos se la pudieran haber tirado me enfureció y a la vez me puso cachondo por lo que la follé con más fuerza. El plato fuerte vino cuando se bajó del tocador y me ofreció el culo. No me lo podía creer. Me pidió que se lo follara igual que Fernando. ¿El vecino? No podía ser. De hecho no era verdad. Su culo era virgen. Se la metí con cuidado mientras se moría de placer. Pero para placer el mío que no tardé ni cinco metidas en correrme.

Bajamos como si nada a la fiesta. Eso sí. Con la sensación de que había vuelto a tener sexo tres años después.

Esa misma noche acabé mi relación con Sara.


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