El trio

Por Ada Suay
Enviado el 21/02/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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Aquel coctel era un verdadero rollo. Todo sonrisas y falsedad, lo que pretendía vender la empresa realmente no me interesaba, era la tarde más aburrida que había pasado en siglos, prefería estar en el sofá de mi casa tirada, pero claro según están las cosas no puedes negarle a tu jefe ir a un evento de este tipo un domingo por la tarde. Además la noche anterior había salido y estaba rota.

En fin, me paseaba por los mostradores de publicidad fingiendo interés, cogiendo algún folleto y tomando una copita de vino para amenizar los efectos de mi resaca.

En uno de los mostradores un chico con una sonrisa encantadora llamó mi atención. Le observé de lejos un rato y se desenvolvía bastante bien para lo joven que era. Tendría unos 25 años como mucho, era atractivo, moreno, no muy alto y con una forma física excelente, a pesar del traje que no dejaba ver completamente las formas exactas. Pero mi imaginación hizo un esfuerzo y se imaginó a tan magnífico ejemplar masculino en ropa interior y su cuerpo era perfecto. Claro que la imaginación es muy poderosa a veces y hace ver cosas que no son.

A su lado se encontraba otro chico un poco mayor, quizás 28 años que también era otro espécimen de armas tomar. Este era más claro de pelo, castaño, más alto y un poco más ancho, parecía más hecho. Uff, eran dos ejemplares dignos de cualquier juego sexual.

En fin, me fui acercando al mostrador disimuladamente, quería ver más de cerca aquellos ejemplares. Al llegar, sus sonrisas fueron la mejor bienvenida posible. El más moreno me saludó con una cortesía impropia de su edad, claro que yo le sacaba muchos años más y no estoy acostumbrada a tratar con veinteañeros.

Le sonreí y tonteé con él siendo correspondida, no sé si por educación o porque sentía la misma atracción. Había química, se notaba. La verdad es que mientras hablaba con él, el otro no me quitaba ojo y yo le sonreía también.

Al cavo de un rato, vino el que debía ser el encargado de aquella mesa y me preguntó si necesitaba alguna información más detallada, a lo cual el chico moreno dijo mientras me entregaba unos folletos que ya me había informado de todo y que ya me marchaba.

Me quedé sorprendida pero entendí que era su trabajo y no se la iban a jugar por una cuarentona como yo evidentemente. Así que me marche de allí un poco alicaída y me dirigí a aposentar mi cansado cuerpo en uno de los sillones. Distraídamente y por curiosidad miré los folletos que me había dado el joven. Cuál fue mi sorpresa cuando encontré un escrito a mano en boli azul sobre una de las hojas. “En diez minutos en el baño de caballeros”.

Guauuuu aquello prometía, no iba a ser una tarde tan aburrida por lo visto. Me giré para mirar donde estaban los chicos y allí había una señorita muy mona y el tipo serio que nos había chafado la conversación.

Debían de estar de descanso, así que me apresuré a dejar la copa y a ir al baño de señoras a echarme un vistazo.

Dientes bien, pelo bien, maquillaje bien, ropa interior bonita, vale todo en orden. Estoy lista.

Empujé la puerta despacio, expectante por lo que iba a suceder. Al entrar le vi y me hizo una señal con el dedo para que guardara silencio y con la otra mano me indicó que me metiera en uno de los servicios. Y fui obediente, pero que susto cuando entré y estaba el otro chico allí. Iba a gritar cuando su boca tapó la mía con un beso tan devorador que impidió incluso que respirara.

Cuando se separó de mí, sus ojos eran lascivos, me miraban como si fuera un rico helado que iba a comerse. Mi respuesta fue rápida y me acerqué de nuevo rodeándole con mis brazos y dirigiéndole caricias sexuales. Comenzamos a quitarnos la ropa despacio, a la vez que nuestras manos exploraban los cuerpos ajenos. Cuando estaba ya de rodillas para lamer su miembro duro, entró el moreno. Inmediatamente me cubrí con las manos mis pares desnudas. Sus manos me incorporaron del suelo y comenzó a acariciarme y a besarme el cuello.

Esto era flipante, la fantasía de cualquier mujer hecha realidad y además con que pedazos de tíos. Me dejé llevar.

El castaño me terminó de desnudar y comenzó a rozar su sexo contra mis nalgas. Sus manos se apoderaron de mis pezones pellizcándolos y haciéndome estremeces. Los besos del moreno eran deliciosos, su lengua exploraba mi boca con avidez y hambre. Su mano derecha estaba acariciando mi clítoris despacio e introduciendo un dedo suavemente en mi vagina y sacándolo, torturándome sin dejar que llegara al orgasmo.

Mi cuerpo estaba en llamas, en mi vida había estado tan caliente, tan húmeda, tan zorra, me sentía como un juguete entre las manos de esos dos niñatos que me manejaban a su antojo. Pensaba que yo era el cazador y simplemente era una presa, pero una presa que se lo estaba pasando genial.

El chico castaño sacó de una mochila un lubricante y lo untó por su polla enfundada en un preservativo y la introdujo despacio en mi culo, mientras el moreno seguía tocándome el clítoris suavemente. Aquello me parecía el cielo, estaba tan mojada que los dedos del moreno entraban y salían de mi vagina fácilmente.

El moreno bajó la tapa del wc y se sentó, el castaño salió de mí despacio, me giró y me obligó a sentarme sobre la polla del moreno. Mi culo ya estaba muy dilatado, entró bruscamente y me hizo gemir pero de puro placer. Entonces el castaño se colocó de rodillas frente a mí e introdujo su pene en mi vagina con suavidad, noté como estaba llena. Ambos ocupaban todo mi espacio y comenzaron a moverse despacio pero acompasados dándome el mayor placer de toda mi vida.

Llegué al orgasmo inmediatamente y acto seguido llegaron casi al unísono ambos chicos. Durante unos minutos siguieron caricias y besos tiernos y poco a poco fuimos desencajando las piezas de aquel engranaje tan excitante. Ambos chicos recogieron las cosas, se vistieron y salieron para darme cierta intimidad. O eso pensé yo, porque al salir ya no estaban, no había rastro de ellos. Oteé toda la sala sin suerte, entonces me relajé disfrutando de otra copa de vino antes de irme a casa.

Mi jefe va a ponerse muy contento cuando le diga que al próximo evento me ofrezco a ir yo.

 


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