En su despacho profesor... 6. [En un lugar inesperado]

Por Satine1991
Enviado el 09/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Me miro en el espejo y hago lo peor que puedo hacer: pensar en él. Suspiro, apago la luz y salgo al salón. 

- Tere de verdad que no me apetece nada salir a cenar fuera-le digo mientras me pongo la chaqueta y cojo el bolso. 

- No seas tan sosa Sara, te vendrá bien. Estás muy rara últimamente-me dice sin darme tregua. Salimos a la calle y empezamos a andar. 

A mi cabeza vienen imágenes de hace unos días cuando Pablo se presentó sin avisar en el piso y después se largó en cuanto vio su móvil. Aquel mensaje. Tere me está hablando, apenas la escucho. Asiento con la cabeza simplemente. 

Llegamos al restaurante. 

- Sara. ¿Me escuchas o estás en tu nube?

- Lo siento. Es que no soy capaz de concentrarme-menuda explicación doy. 

Sonrío mentalmente. Algo más que añadir a mi lista de errores del día: no poder seguir una conversación con otra persona. 

Entramos y nos sentamos. Todo transcurre con normalidad. Nos reímos como siempre, discutimos lo que pediremos y empezamos a beber vino. De repente un escalofrío me recorre la espalda. Que sensación tan desagradable. Tirito en mi silla. 

Miro a Tere por encima de la carta que estoy ojeando y la veo con una expresión pasmada. 

- ¿Qué pasa? Pareces un conejillo asustado-le digo. Y sigo leyendo la carta. "Pollo al curry". Mmm. No estaría mal. 

- Creo que es mejor que nos vayamos-me dice titubeando. 

- ¿Qué? Me has arrastrado hasta aquí. Ni siquiera hemos pedido y me muero de hambre. Nos quedamos. 

- Pues si te das la vuelta creo que se te va a quitar el hambre de golpe-susurra. Y continúa con esa expresión de conejillo asustado. 

Me giro para mirar atrás pero antes de que me mueva un centímetro me agarra de la mano. 

- ¡Pero no te gires!

- ¿Pero qué pasa?-me está poniendo nerviosa. 

- Acércate a mi lado despacio con tu silla. 

Hago lo que me dice. 

- Bien, y ahora coge la carta y mira al fondo... a la derecha. 

Barro el local con la mirada esperando encontrar algo fuera de lo común. Un grupo de chicos...una pareja de ancianos...ajam...ningún extraterrestre de momento. Sigo. Una pareja joven. Me quedo blanca. 

- No te olvides de respirar-me dice. Ahora sí que definitivamente no la escucho. 

A menos de quince metros está Pablo. Chaqueta americana gris, camisa clara y vaqueros. Está acompañado por una mujer morena. Él tiene una actitud tranquila y desenfadada. 

- Seguro que es su mujer-susurra Tere. 

- ¡Qué gran aportación! Ni siquiera se me había ocurrido-mi voz está inundada de sarcamo. 

- Vuelvo a decirlo. Vámonos-me replica y hace ademán de levantarse. 

- No. Si nos marchamos nos pueden ver...

Como siempre la suerte no está de nuestra parte. O al menos de la mía. Un camarero que cruza cerca de nuestra mesa se resbala y los platos que lleva en las manos caen al suelo haciendo un ruido estrepitoso. Rápidamente musita una disculpa y se apresura a recoger el estropicio. 

A mí normalmente esas cosas no me crispan los nervios pero al levantar la mirada veo los ojos de Pablo clavados en nosotras. Nos ha visto. Ahora del todo que no nos vamos a ir. No voy a darle el lujo de verme huir. Me giro y sigo ojeando la carta. 

Aunque parezca tranquila ni de lejos lo estoy, pero fingir es una de mis grandes especialidades. Por otro lado el nivel de mal humor está subiendo a pasos agigantados. El camarero torpe se acerca con expresión compungida y nos toma nota. En cuanto se marcha:

- Sé que no tengo derecho a enfadarme. Sé que está casado y yo sabía todo pero... ¡Pero el otro día se presentó en el piso sin avisar! Se revolcó conmigo en mi cama y ahora ahí está...sonriéndole a su esposa. ¡Claro! Salió corriendo en cuanto ella le llamó como un perrito faldero-no puedo evitar decir todas estas cosas. Estallo y me desahogo. Tere me mira compasivamente y no dice nada. Me siento algo mejor. 

- Llevas toda la razón del mundo pero calla porque viene hacia aquí.

- ¿Qué?-me pongo tiesa en la silla. Escucho unos pasos acercarse. Cruza al lado de nosotras y deja disimuladamente un papel doblado en el pico de la mesa. 

Miro a mi espalda. Su mujer está ocupada mirando su móvil. Cojo el papel y lo leo: 

"Al baño. ¡Ya!".

Genial. Ahora resulta que me da órdenes. Tere me mira con curiosidad pero sin decirle nada me pongo de pie y me dirijo decidida al baño. 

Paso frente a la puerta del de caballeros y voy al de señoras. Antes de que entre se abre otra puerta, una mano me agarra del brazo y me arrastra. Alzo la cabeza y veo que estamos en el almacén. Huele a humedad. 

Pablo está apoyado en la pared. Cruza los brazos y sonríe.

- Vaya que sorpresa-me dice. 

- Sí, muy desagradable. Tú no me das órdenes-y mientras lo digo me doy la vuelta para irme. Rápidamente se acerca, apoya una mano en la puerta y me impide abrirla.

Le tengo a mi espalda. Noto su respiración en mi cuello. 

- ¿No te alegras de verme? Me he acordado mucho de ti-y me besa suavemente la oreja mientras se pega a mi cuerpo. 

- Te he visto muy ocupado ahí fuera-intento que mis palabras salgan sin tartamudear pero no lo consigo. Incluso suenan un poco rencorosas. ¿Qué me pasa? No tengo derecho a reprocharle nada.

- ¿Sabes que he pensado cuando te he visto? Que tengo muchas ganas de follarte. Que quiero escucharte gemir y ver como te rozas conmigo lo máximo posible, totalmente cachonda deseando mi polla-y mete una mano por dentro de mi pantalón. 

- ¿Aquí?-mi voz refleja incredulidad. 

Me gira y sin más preámbulos me besa. No está siendo suave. Me coge del culo y me aprisiona contra la puerta. Le rodeo la cintura con mis piernas. Siento su erección. Comienza a moverse como si de verdad me estuviera follando. 

Le agarro el cuello de la camisa e intento respirar más despacio. 

- Para-le digo.

- No-su tono autoritario me intimida. Me deja en el suelo pero empieza a desabrocharme el pantalón con una mano y hace lo mismo con el suyo. 

Cuando me lo quita vuelve a cogerme igual. Sus brazos sujetan mi peso y me penetra. Mi cabeza da vueltas. Mis labios están a un centímetro de los suyos. Nota mis gemidos apenas contenidos. Entra y sale de mí pero empieza a bajar el ritmo. Para. Se retira y vuelve a introducirse lentamente. Repite el proceso pero esta vez saca su polla completamente. Se queda aprisionada entre nosotros. La noto caliente contra mi coño. 

- No vuelvas a ponerme en entredicho ni a cuestionarme-me susurra al oído. Me tiemblan las piernas. 

No puede dejarme así. No lo hace. Él nunca me decepciona. ¿Y yo a él? Retrocede pero vuelve a penetrarme y consigue que me corra con embestidas fuertes que me hacen chocar ruidosamente contra la puerta. Me muerde la barbilla con suavidad mientras se retira.

Me mira a los ojos y lleva su mano a su mejilla. Parece que va a decir algo. 

Como siempre la suerte no está de nuestro lado. Alguien golpea la puerta. Nos quedamos helados. Paralizados.

¿Y ahora qué?


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