Todo por un cafe - 1

Por MarcoCasanova
Enviado el 01/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Hace tiempo frecuento un café cercano a mi oficina, donde atiende una chica bastante joven, ella para preparar el café debe darle la espalda al mesón, dejándome contemplar un hermoso espectaCULO, verdadero motivo de mi preferencia por ese local. Mis visitas han sido regulares, hemos hablado y he conseguido saber que es de fuera de Santiago, que a sus 23 años vive con una amiga, trabaja para pagar sus estudios, y tiene un pololo al que ve un par de veces a la semana.

Hace un par de semanas fui con un amigo de juventud, muy asiduo visitante de páginas porno, "a tomarnos un café" (para mostrarle la chica que perturba mis pensamientos). El con un discreto pulgar hacia arriba coincidió conmigo. Nos bebimos un café y hablamos, de las páginas que visita. El me comenta que encontró una página muy sexy donde se pueden “ver videos para minas", instintivamente miro a Bárbara (la llamare así), quien estaba pendiente de nuestra conversación, y noto una sonrisa en sus labios al escucharlo. Terminamos el café y salimos, pero me quedó grabada esa pícara sonrisa.

Obviamente volví esa misma tarde (no podía dejar que se olvidara el tema), no necesite buscar la forma de tocar el tema, ya que ella comento algo de mi amigo, y me dio el pie para mencionar que note su sonrisa y preguntarle si visitaba paginas así. A lo que para mi sorpresa, dijo que si, ya que su novio era un poquito fome en la intimidad. De ahí en adelante, mis cafés pasaron a segundo plano, entramos en un franco coqueteo y nuestras charlas se hacían cada vez más intensas, llenas de risitas cómplices y miradas cada vez más encendidas.

En la noche del lunes tuvimos una caliente conversación nocturna por mensajeria. Me ofrecí llevarla a su universidad al otro día porque “casualmente” iba en la misma dirección.

Llegué al café justo a la hora de salida, ella salió vestida con un sweater blanco ajustado, que marcaba perfectamente la forma de sus pechos, que cual par de montañas se alzaban en mi horizonte ocultando lo que había tras ellas, tan ajustado que dibujaba sus sinuosas caderas y que a pesar de su largo no lograba ocultar la forma de ese precioso culito que tanto me gustaba, calzas negras dejando notar sus formados y juveniles muslos, para  terminar en unos botines negros de tacón mediano que no hacían más que alargar esas perfectas piernas.  El solo hecho de verla caminar hacia mi auto, apreciando todas las formas que su tosco uniforme ocultaba, ya me estaba provocando extrañas sensaciones en mi cuerpo, las que fueron acentuadas al ver la forma en que balanceó su negro pelo suelto al entrar en mi moderno carruaje, para liquidarme con una intensa mirada de sus ojos, que brillaban de una forma especial. “Hola” - me dice – “Hola, no tengo palabras para definir lo linda que te ves” – le contesto, balbuceando – ella me regala una pícara sonrisa, se acerca y me da un coqueto beso en la mejilla, pasando a llevar la comisura de mis labios, provocando una corriente eléctrica por todo mi cuerpo por el primer contacto que sentía de sus labios. Nos fuimos.

Creo que ni la calefacción al máximo podría haber elevado tanto la temperatura de la cabina. Hablamos de nosotros, le detallé el porque me había hecho cliente de su cafetería, a lo que me respondió que se había dado cuenta desde el primer día y que le gustaba jugar con eso, Pero que después se sorprendió pensando en cómo la devoraba con mis ojos y las cosas que podía imaginar. “Es que tienes un trasero maravilloso” – le dije – “y eso que no has visto el resto” - me respondió con una pícara mirada. “No sabes cuánto quisiera descubrirlo” – le acoté inmediatamente, mientras me estacionaba no tan cerca de su destino – “Tenemos como 20 minutos… para darte un avance… si quieres” – dijo mirándome por entre sus largas pestañas -. Automáticamente solté mi cinturón de seguridad y me abalancé sobre ella para fundirnos en un apasionado beso, entrelazando nuestras lenguas al tiempo que tomaba su cabeza con mi mano derecha, mientras mi mano izquierda se apoyaba en su mulso derecho, a lo que ella responde con un ahogado gemido. Aprieto suavemente su pierna antes de comenzar a dibujar su silueta con mi mano, subiendo accidentalmente su sweater permitiéndome tocar su piel a la altura de la cintura, ella reacciona tomando mi rostro para profundizar más aún nuestro  encendido beso. Abandonados a nuestra pasión, ella mete su mano por entre mi camisa para acariciar mi espalda y mi mano recorre su vientre rozando el borde del sostén, dejándome sentir los encajes que cubren el aro del sujetador. Tomo su pelo y lo jalo para que levante su cara y poder besar su cuello, embriagando mi nariz con el aroma de su perfume. Mi mano izquierda ya envuelve completamente la copa del sostén que cubre uno de sus juveniles senos. Con mi ojos cerrados, solo logro oír su respiración acelerada y un suave “Ahhhh” salir desde su garganta, sus manos se quedan quietas y la tensión de su cuerpo se detiene, entregándose a mis caricias, dejándome en libertad de recorrer su pecho, “Tiene el broche delante” logro descifrar que dice entre suspiros, hábilmente mi mano encuentra el broche y lo suelta en una fracción de segundo, liberando sus juveniles pechos, cuya piel se eriza al roce de mis dedos, generando una pausa en su respiración, como si algo inesperado fuera a suceder.

Recorro su cuello hasta el mentón, y luego hasta su boca, dejando una estela de besos en el camino, “eres exquisita” – le digo - mientras quito el pelo de su cara, la miro directo a los ojos mientras mis dedos llegan hasta la areola del pezón derecho, el que en un acto reflejo se torna duro al hacerlo quedar entre mis dedos medio y anular,  lo aprieto suavemente entre ellos sin dejar de mirarla, para ver cómo se entrecorta su respiración, luego con la palma de mi mano envuelvo su terso seno dándole una suave presión.

Ella, como saliendo de un letargo, lleva su mano derecha a mi entrepierna, encontrando un bulto hirviendo en ella, que pide a gritos que lo dejen salir, “también quiere participar” - me dice imperturbable -, “si lo liberas, no lo podré controlar y tendrás que llegar hasta el final” – le replico. De pronto, su mirada va hacia el panel del auto y se da cuenta que tiene menos de 10 minutos para llegar a clases, se abrocha el sostén, ordena un poco su ropa, baja el vidrio, abre la puerta del auto, se baja y cierra la puerta. Pero antes de alejarse mete su cabeza por la ventana y me dice “ven a buscarme a las 9, y démosle libertad a el” – mirando fijamente el bulto que asoma en mi pantalón, se acerca, me besa en la boca y se va segura de lo positivo de mi respuesta.

Lo que pasó después tendrán que verlo en un nuevo relato.


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