Un día

Por Pura Coincidencia
Enviado el 27/06/2015, clasificado en Varios / otros
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  Un día te miras al espejo, no por nada en particular, solo porque está frente al lavabo ( y ahora te das cuenta de porqué te gusta tan poco lavarte las manos en él y sueles utilizar el fregadero de la cocina, a pesar de que el milagro antigrasa te provoque grietas...). Y la ves. Seguramente lleve meses ahí, tal vez años, pero no habías reparado en ella. Te asombras, aunque ya vaya siendo la hora, en realidad te imaginabas que cuando apareciese, se rellenaría de experiencias vividas, de lugares visitados, de cosas pendientes que siempre imaginaste que ya habrías hecho cuando apareciese esa arruga.

 Y te vas pensativo a la cama, dispuesto a interrogarla : ¿ es en realidad la pérdida de colágeno la que te hace surgir ?, ¿ la oxidación celular?...Y responde tranquila como una buena amiga, porque al fin y al cabo, se va a quedar contigo mucho tiempo...En parte sí aparece por todo eso, te explica, pero no has cumplido tu parte del trato para que aceptar su llegada no fuera una experiencia dolorosa, ni traumática...ni el drama que estás haciendo de este descubrimiento.

Y no se refiere a untarte con mil cremas reafirmantes con múltiples coenzimas cada mañana ( y cada noche, y cada tarde...). Se refiere a que no has dicho lo que querías decir antes de que fuese tarde, que no te liberaste de la culpa y la rabia cuando debías, que no quisiste quererte como prometiste, que no supiste gestionar los años que tardó en venir a instalarse en tu cara, que te dedicaste a acumular derrotas como si a nadie más le hubiesen tumbado mil veces, que nunca aprendiste a estar contento con lo que tenías, pero tampoco propusiste alternativas...

 Y al principio tratas de maquillarla porque no te gusta lo que cuenta, tan sincera ella. O disimularla al menos, pero se ríe de tí, y te aconseja preocuparte más por las que no se ven. Esas que llevas en el alma, que no hace falta esconder, porque sólo tú sabes que están ahí, pero que son las que de verdad necesitarían cirugía. Esas que ni la mejor plancha lograría borrar, esas que ,en algunos casos, aparecen en la misma adolescencia y nos horroriza encontrar cuando nos miramos por dentro, cuando se supone que somos maduros...

  La dejas tranquila , acomodada, haciendo sitio a las que vendrán, y al final le das toda la razón. No es verla lo que te ha puesto de los nervios, lo que te ha hecho acudir a revisar todas las viejas fotografías que conservas de los buenos tiempos ( o esos que siempre crees que son mejores que el actual).

Es, simplemente, que esperabas tener los deberes hechos para recibirla, y te das cuenta de que no has aprendido ni una sola línea de la lección...

 


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