Credibilidad

Por Juan TOMÁS FRUTOS
Enviado el 24/02/2013, clasificado en Varios / otros
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           Me cuenta mi padre que, cuando él era joven, cuando alguien te decía una cosa era lo que era, si quería volverte a mirar a la cara. Me añade que, cuando alguien te daba la mano, aquello se convertía en un acuerdo que se mantenía contra viento y marea. Por eso mi padre no entiende por qué se puede ser, se es, cínico, o cómo te pueden engañar por las buenas, o cómo se puede vivir en la mentira permanente intentando convertir en verdad una realidad fingida. No lo entiende mi padre, y tampoco lo entiendo yo.

           Uno de los valores más importantes que tiene el ser humano es su credibilidad, la cual se traduce en multitud de conceptos más, como son el respeto, la admiración, la buena fe, la mejor intención, la fama, la integridad, la suficiencia, el liderazgo, la camaradería, la loable actitud, etc.

           Uno de los problemas más relevantes que padece la sociedad hoy en día es, precisamente, el descrédito de algunos de los sectores que deberían ser, porque lo son, el sostén en muchos órdenes. Si no hay confianza, no hay futuro, y más en este momento de tránsito y de crisis en el que nos hallamos. No vale que dejemos pasar el tiempo con hastío y desidia, con indolencia. Hemos de poder opinar y actuar, y lo lógico es que esas posturas pro-activas nos lleven a unas conclusiones óptimas.

           Cada día tenemos oportunidades de recuperar tiempos y espacios, amigos y enemigos, de protegernos de los que no merecen la pena, y de volver a intentar nuestras relaciones con los que se equivocan, pues también nosotros erramos. Hemos de aplicarnos, desde la voluntad más firme, a cuanto sea menester en positivo, a luchar por los bienes societarios, por los que menos tienen, por la verdad, por la bondad, por los aires de una juventud eterna que no sólo tenga que ver con los años, sino con la capacidad de reactivar y de regenerar ideas desde la prudencia, la tolerancia y el riesgo también.

           Movamos, por lo tanto, los corazones y los argumentos, y dejemos a un lado el cansancio. Todos juntos podemos, pero no saturándonos con actuaciones repetidas de desconcierto, de desánimo y de profunda desconfianza, sino intentando que lo bueno, lo óptimo, se ubique en nuestras vidas de una manera sosegada y calmada.

Tener tiempo para nosotros

           Hemos de disponer de las suficientes horas para los amigos, para la familia, para los que tenemos necesidad de conocer, a veces incluso sin saberlo. ¿No nos ha pasado, más de una vez, y más de dos, que un buen día hacemos un alto por cualquier evento, y luego agradecemos el haber sacado tiempo de donde parecía que no lo había? Hagamos que ese tipo de excepciones se conviertan en norma, y no aceptemos esas dinámicas de progresivas pugnas, de inculpaciones gratuitas o de insultos o rupturas apoyadas en las diferencias de criterio o de afanes (éstas últimas son las peores). No juguemos a medias verdades y no ofendamos por ofender, pues no olvidemos que, aun ganando la partida que pretendamos, perdemos lo más valioso: nuestras almas y nuestra credibilidad.

           El mundo, sencillo en esencia, se ha convertido en demasiado complejo. Lo hemos hecho así, unos más que otros, claro. Lo importante es que siempre estamos a tiempo de rectificar en lo individual y en lo colectivo. La pedagogía construida sólidamente es la base para un futuro propio y de nuestros hijos. Tengamos presente la responsabilidad que albergamos en este sentido. La credibilidad es un parte fundamental de todo ese proceso de defensa y/o de recuperación. Con ella podemos pensar y construir desde el presente un futuro cargado de autenticidad y de propuestas que puede que tengan sus riesgos, pero que podrán ser abordadas desde los perfiles genuinos con los que las dotamos.

Creer ayuda, creer salva. Tener credibilidad nos otorga una superación de obstáculos ante los intereses más variopintos. Aun siendo un valor intangible, es crucial, excepcional, extraordinario. Con la credibilidad, todo es posible. Sin ella, todo es más difícil.

Juan TOMÁS FRUTOS.


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