Aún en el destierro puede visitarnos la esperanza.

Por siempreviva
Enviado el 01/07/2015, clasificado en Varios / otros
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El sol como en un parto llegó de rojo teñido; nació del mar en un agua que, por la ausencia del viento, pemanece quieta.

Sin fuerzas las olas se acercan a la orilla, y las rocas, secas, no parecen tan negras.

Desde lo alto miro esa amplitud y cómo el horizonte hace acto de presencia.

La estrella en su ascensión pinta un lago dorado, detrás de un biombo gris se esconde la isla de efrente y, una densa columna oculta parte de las montañas, la otra sigue ahí con sus formas puestas. Dos golondrinas delgadas y negras imitando a las gaviotas intentaron en su vuelo rozar el cielo que hoy, de azul celeste y con figuritas de algodón, amanece vestido.

Envuelto en la brisa un amigo alado se acerca y posado en la palmera obsequia su canto, otro piando busca semillas en el picón. En éxtasis me quedo distinguiendo sus colores, cuando llega un tercero y, en su juego, se los lleva con él.

El ladrido del perro interrumpe el silencio, en la prisa por acabar continúan  los hombres la obra y con el ruido de los coches se palpa otro movimiento.

Ya no se escucha el mar. Son las máquinas del trabajo las que ahora cambian la melodía.

Sigo delante de la ventana sentada y, ante el papel miro transcurrir mi vida que, en este paraje, no encuentra lugar.

Marchitándome como una flor estaba cuando llegó tu postal. Vino como agua fresca. Empiezo a sentir que soy parte de la naturaleza.

Son los buenos deseos, el cariño puesto y tu amistad, el paisaje más bonito qe se me puede brindar.

Gracias amigo, tener cerca de uno a personas como tú, confortan siempre. 


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