Divagaciones Musicales

Por Kenneth Fabian
Enviado el 13/07/2015, clasificado en Varios / otros
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Son las 6:15 de la mañana, lo sé, porque a esa hora Bach me aviva con su resonante chello, indicándome que debo separarme de Morfeo, para regresar al extenuante periodo laborar antes de volver con él.

Después del acicalo rutinario, tome el autobús colorado de la ruta 75, ya sentado, me quede mirando a la ventada, ensimismándome en pensamientos fútiles, teniendo como fondo las radiodifusiones musicales más proclamadas por los radioescuchas, pero estas fueron calladas al vocear el conductor mi parada.

Pese a mis intentos de omitir las sinfonías radiales de mi cabeza, perseveraron hasta ser desplazadas por Chopin y su melódico vals primaveral que con elegancia abrigaban a todos en el elevador. Por desgracias su hechizo se esfumo al abrir las puertas y encontrarme frente a mi oficina.

Cansado tras la ardua jornada, me repose en la piltra a examinar las vicisitudes acontecidas en el día, pero durante el procero erudito, pude observar un factor constante, no solo pertinaz desde el alba, profundizando en los confines de mis memorias, esta se encontraba incorporada a todas las remembranzas de mi vida.

La MUSICA, la eterna compañera elucida en todos los recorte cinematográficos del pasado, pero, ¿Por qué?, que sustancia emana de ella, que con la más leve nota percibida nos evoca un sinfín de pensamientos y sentimientos.

El vibrar de las cuerdas y percusiones del piano, el timbre puro y rico de la flauta, así como al oír cualquier nota producida al frotar el arco con las cuerdas del violín y el chello de la música clásica, despiertan mi lado intelectual, transformándome en un noble de la época renacentista o en un miembro de la realeza europea.

Asimismo al son patrio de las cuerdas de la guitarra, violín y trompeta, nace de lo más profundo de mi garganta un grito férreo semejante a una risa, visualizándome en la época revolucionaria con sombrero acampanado, largo bigote, pistolas y escopeta al hombro, tomándome una botella de tequila jugando cartas con mis colegas de antaño.

No sé por qué la música nos produce tal catarsis existencial, si definirla como un arte o una ciencia. Los estudios médicos promueven que nuestra pasión a ella existe desde el vientre maternal, al oír como canción de cuna el latir de su corazón, relacionándolo con el sonar del tambor

De lo único que estoy seguro es que la música ha sido la más fiel de mis amigas, siempre presente con una sonrisa en las buenas y en las malas como la esposa utópica, consoladora del dolor, precursora de la vida. No le importa que raza, creencia o religión, nacionalidad, lengua o idioma poseas, practiques o seas. Siempre estará adyacente al ser humano, lista para ser usada como herramienta para desahogarnos.

Pero por desgracia esta, no solo es usada para actos beneficios. Existen quien la transgreden y estupran con el único propósito de provocar miedo, gritando y estriñendo mensajes de odio e intolerancia. Y pese a esto sigues recibiendo a la humanidad como un hijo prodigo.

He llegado al punto que no saber si el hombre creo a la música o ella nos deja creer eso.

De lo único que estoy seguro es que mi vida no sería lo mismo sin ella.


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