El reencuentro III

Por Anita951
Enviado el 12/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Después de aquello, me dispuse a irme a mi habitación. Pero mi andar fue interrumpido por una mano grande que sujetaba mi brazo fuertemente. Era él, con la mirada encendida, el cuerpo empapado de sudor y una notable y marcada erección en su pantalón. Sonreía pervertida y morbosamente.

 

-¿Así que andabas espiándome, Montse?

 

-Claro, que no me estás viendo aquí?

 

Me miró sorprendido por mi respuesta directa y agresiva, echándose a reír con picardía.

 

-¿Y por qué lo hiciste?- Me preguntó mientras se acercaba lentamente a mi, dejándome atrapada entre su cuerpo y la pared.

 

-Pues, tenía curiosidad, es todo.

 

-¿Curiosidad?. ¿Por eso te tocabas también?

 

Su cercanía me intimidaba cada vez más.

 

-Yo, yo... Pues... Yo... Fue sin querer, perdón- Titubeé, cada vez más nerviosa por su cercanía. 

 

¿Perdón?. ¿Por qué me pides perdón?. No tengo nada que perdonarte.

 

-¿Cómo supiste que estaba tocándome?- Le pregunté temblorosa.

 

De repente se apartó, muerto de risa por la pregunta tan estúpida que acababa de hacer. Los nervios, la cercanía de nuestros cuerpos y la excitación no me permitían pensar con lógica. Esto a él le pareció de lo más gracioso. Finalmente dejó de reírse y volvió a acercarse a mí diciendo:

 

-Lo supe desde el momento en que llegué acá. Sentía tu mirada encima de mí  en todo momento. Y claro, no iba a impedir que disfrutaras de la vista. Sí, me sentaba con las piernas abiertas intencionalmente, para que pudieras ver mejor. Y sabía que eso te gustaba. Sé que mi cambio te ha impactado bastante, eso pude verlo mientras estabas en el baño...

 

- Un momento, antes de que puedas decir nada, sí, te estaba espiando mientras te tocabas en el baño. Y vaya que lo disfruté, como tú disfrutaste hace unos momentos mientras me mirabas.- Respondió él al ver mi cara de asombro.

 

-¿Y mi hermano dónde está?

 

-Se fue con sus amigos al cine, o algo así. Se fue casi de inmediato que los padres. La verdad no importa. Lo que importa es lo que ha pasado aquí. Como te decía, mientras descansabas en la tumbona, te observaba desde la ventana. Sin duda alguna tú también has cambiado considerablemente. Tu cuerpo, tu actitud... Yo también sentí curiosidad. Por eso te seguí hasta el baño, donde pude confirmar mis sospechas. Eso nos pone a mano, jeje... Y sí, supe que estabas ahí, espiándome. Te veía por el rabillo del ojo mientras nos hacía disfrutar. Ahh, por cierto, deberían cambiar de sirvienta, pues no lava bien la ropa, jeje.

 

-¿Qué quieres decir?

 

-Quiero decir que ha dejado todo tu perfume impregnado en la blusa... Montse, ya no nos tengas esperando, nos deseamos, no lo niegues.

 

-Yo...Pues...

 

-Shh, no digas más.

 

Antes de decir nada, sus labios besaban los míos, anulando cualquier tipo de protesta. Su lengua invadía el interior de mi boca, gesto que revivió el calor de la excitación que había sentido hace un rato. Descendió lentamente sin despegar sus labios hasta mi cuello, saboreándolo mientras yo le acariciaba por encima del pantalón. Me levantó hasta llevarme a la habitación y me depositó en la cama. Abrió mi bata dejando mi cuerpo al descubierto. 

 

-Eres tan hermosa, Montse... Ya no puedo más.

 

Se bajó los pantalones, liberando su pene aprisionado, listo para entrar, hacerse paso, disfrutar...

 

-Házlo ya, Antonio, yo tampoco puedo más...- Decía yo con la respiración entrecortada, lista para lo que estaba próximo a suceder.

 

Me penetró lentamente al principio, acostumbrándome a su sexo. Me besaba si control, a lo loco, en los labios, en el cuello, en los pechos. Sin duda el placer había nublado todo rastro de sutileza, incrementando gradualmente el ritmo y la velocidad de sus acometidas. Sus manos, su boca, su lengua, si sexo, todo trabajaba y funcionaba perfectamente para mi placer. Finalmente, entre suspiros y sudor me llevó al climax. Me sentía libre, capaz de todo. Grité, grité como nunca en mi vida lo había hecho, lo que le enloqueció grandemente, dándome la estocada final, haciendo que perdiera el control de sus movimientos. Se corrió dentro de mí; sentir su fluido viscoso y caliente me hizo sentir plena. Se quedó sobre mí por unos momentos, empapándome con su sudor. Finalmente cayó rendido a mi lado.

Después de un rato nos vestimos, ya que pude escuchar el carro de mi papá estacionarse en el parqueo. Salimos a toda prisa del cuarto y nos sentamos en la sala. Mis padres abrieron la puerta y sonrieron al vernos sentados en el sofá, sin tener ni la más mínima idea de lo que ha sucedido.

-Antonio, tus padres te están esperando afuera.

- Está bien señor- Se levantó del mueble, no sin antes despedirse de mi con un beso en la mejilla.

Se despidió de mis padres antes de salir, no sin antes guiñarme el ojo.


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