Sexo grupal por primera vez (parte I)

Por Prometea
Enviado el 19/11/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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La estaba penetrando y teníamos los ojos cerrados. Sentí que ella se excitó un poco más de lo normal y me animé a susurrarle al oído algo que desde hacía mucho quería decirle: ¿te gustaría que otro hombre te penetrara? Ella solo gimió y yo le supliqué: quiero que otro hombre con un miembro muy grande te la meta hasta dentro. Ella empezó a temblar de placer y seguí diciéndole: quiero ver cómo te la meten y te acarician toda…sentí de inmediato como se empezó a lubricar como muy pocas veces o quizá como nunca lo había hecho…casi a punto del orgasmo, me preguntó de manera muy tímida: ¿peero quién podría ser? Le dije mientras nuestro ritmo empezó a aumentar sin cesar: sería alguien que encontráramos casualmente. Por ejemplo en un bar o en un antro en donde se baile. Tú irías super atrevida y casi enseñando todo con una minifalda y una micro tanga que dejara ver a todos tus nalgas y tus labios.  Entonces uno que tú escojas le coqueteas un poco, yo me voy un momento y cuando se acerque le dices que quieres bailar y que por mí no hay problema. Cuando estén bailando le vas a dejar sentir todo hasta que él te lo pida y entonces cuando estemos en el hotel me vas a dejar grabar como lo haces varias veces con ese hombre que tendrá un miembro enorme. Ella ya no pudo más y solo alcanzó a decir: ¡siii, por favor,,,si quiero! Y entonces se vino como nunca y al mismo tiempo yo derramé leche como en mis mejores tiempos. Incluso el semen le salía solo después de que nos separamos y ella se quedó dormida sin ir al baño como casi siempre hacia.

Ese fue el comienzo y se volvió nuestra fantasía más recurrente. Sin embargo a medida que podíamos soportar más sin venirnos o excitarnos sin control. La plática se volvió más detallada y elegimos un lugar en el que pensamos que pudimos llevar a cabo nuestro plan.

Íbamos muy nerviosos. Ella tuvo que llevar su ropa atrevida en la bolsa pues tenemos vecinos que están al tanto de todo y de todos. Cuando llegamos decidimos que se cambiara en el coche y cuando lo estaba haciendo, tan solo con verla prácticamente desnuda, no me vine completamente pero me humedecí tremendamente. Por fin ella se puso la falda amarillo fosforescente que se levantaba con el solo caminar. Unas zapatillas no muy altas ya que somos de la misma estatura y con muy poco ella me rebasa. La blusa era de encaje y no usó brasier pues tiene unos pechos pequeños y firmes. Yo la dejé avanzar un poco para verla a cierta distancia. Se veía formidable y a cada paso que daba casi se le veían un poco sus nalgas. Llegamos y el ambiente estaba muy bueno. La media luz de esos lugares ayuda mucho. Cuando nos sentamos disfruté algo que ya sabía que iba a pasar. No son sillas sino una especie de tumbones para sentarse de manera que las rodillas quedan un poco más altas que la cintura. Con un vestido como el que ella llevaba, quedaba a la vista de manera resaltada por la luz negra, su tanga blanca. El triángulo del deseo provocó que el mesero que tomó la orden tuviera una erección que no pudo disimular. Yo le comenté eso a mi esposa que me confesó que le había gustado el joven. Se me figuró ver que en la blancura de su tanga apareció un punto que delataba que se estaba humedeciendo.

Salimos a bailar y yo procuraba girarla para que quedara al descubierto y a la vista todos sus encantos. Ella al principio estaba un poco nerviosa pero poco a poco se relajó y lo empezó a disfrutar. No tardó mucho cuando recibimos la invitación a sentarnos en otra mesa. Tuvimos mucha suerte pues el tipo era apuesto y evidentemente tenía una buena herramienta. Su esposa estaba más bien en un plan de observadora igual que yo. Así pudimos ver como a medida que pasaba el tiempo, mi esposa y su esposo que tenía una erección increíble, se pegaban el uno al otro ya sin disimular nada. Era evidente que él tenía su miembro en medio de las piernas de mi esposa y ella se pegaba a él con una emoción cada vez mayor. Vi cómo se mordía el labio inferior y sus ojos en ocasiones buscaban luces que no existían en lo alto de la pista. Prácticamente estaban haciendo el amor con ropa en medio de las otras parejas que también estaban bailando de lo más atrevido. La esposa de ese amigo me veía complacida y parecía que los disfrutábamos de lo mismo. Yo rocé su pierna y ella me empezó a masturbar sin parar incluso cuando mi esposa y su esposo llegaron a sentarse aunque solo se veía que ella y yo teníamos la mano debajo de la mesa.

Llegó la hora y después de una muy breve plática decidimos ir a un hotel los cuatro. Dejamos nuestro auto y entramos escondidos en el suyo en la parte trasera su esposa y yo. Mi esposa iba adelante y yo vi cómo le bajó el cierre de los pantalones en el trayecto. Él la penetraba con su dedo anular. Ella lo masturbó hasta que casi se venía. Algunos camiones de carga que circulaban a esa hora permitieron a los copilotos deleitarse con un espectáculo que pocas veces se da. Ella llevaba la falda enrollada en la cintura y mantenía las piernas bien abiertas mientras con la mano izquierda le estaba haciendo una paja con tal habilidad que sospeché que no era la primera vez que lo hacía. Su esposa mientras, ya no pudo más y me empezó a hacer sexo oral. Terminé en su boca cuando llegamos al hotel.


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