Gracias al Calefón: Lucía.

Por Juanca
Enviado el 21/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Era sábado  y regresaba a casa (estaba como pensionista, único, de una familia amiga de la mía). Entonces, aún era estudiante de ingeniería en la UBA y volvía de una clase teórica.

En la vivienda contigua se alojaba un  ejecutivo de la empresa Pirelli y su esposa Lucía. El hombre casi doblaba, en edad, a la mujer de unos 24 -25 años. Ella era realmente atrayente, de hermosas facciones y un físico impecable. Hermana de José –dueño de la casa done yo vivía transitoriamente - venía  asiduamente de visita, especialmente cuando el marido viajaba y ella quedaba sola.

Conmigo había, a lo sumo alguna alusión intencionada, a veces “picante”  en momentos compartidos en casa o a solas en encuentros casuales en el barrio. Nada más, pero toda vez que me encontraba con ella mi equilibrio emocional quedaba deshecho: generalmente me recomponía con una, posterior, masturbación “terapéutica”. No me animaba a intentar suerte me parecía que estaba bien “atendida”.

Aquel sábado, a la hora de la siesta, Lucía estaba en la puerta de su casa:

            “¡¡Hola!!..Lucía. ¿Qué sucede que estas en la puerta? Es tedioso estar sola, ¿no es cierto?”

Yo sabía que el marido había viajado a Venezuela.         

            “Si,..no....es que el calefón no enciende, y no sé a quién llamar hoy a esta hora. Iba para a ver si encontraba algún negocio de servicio abierto. ¿Vos no te animás a intentar repararlo?”

“Me animo.....y....si lo arreglo, ¿te duchás conmigo?” le respondí en broma.

             “¡¡En pago, puede ser ……......... café o cerveza helada o gaseosa...porque vino no tomas!!”  rebatió, riendo, con los ojos fijos en los míos, como sugiriendo, con la pausa, posibilidad.

No había certeza, pero....me ilusioné que podía suceder. Entré en la casa, tiré en la primera silla el saco y demás cosas que llevaba en las manos y me aboqué a evaluar el daño que presentaba el calefón.

La reparación insumió breve tiempo, con el estímulo recibido el órgano del pensamiento y la coordinación tuvo un óptimo desempeño. ¡Bue! Lo cierto es que la falla era simple y no requería cambio de piezas.

            “Lucia, el calefón ya funciona.....ahora el baño, ¿Si?...¿Vamos a probarlo? ”

Rió, por mi sugerencia, con una expresión de querer aceptarla,  pero no.

            “¡Ah!...muchas gracias....yo sabía que vos podías..........sos un genio....ahora .....cerveza ... ¿Si?” y se encaminó, a la cocina meneando la cola con mucho oficio.

Se detuvo frente a la heladera y dio una mirada sobre el hombro, como para calibrar el efecto de su acción, pero ya me tenía a corta distancia, prácticamente encima, atraído por su menearse de seductora consumada. Giró el cuerpo y leyó en mis ojos la intención y yo leí en los suyos que era una buena idea.

Olvidó la heladera.

            “¡¡No!! Que estoy transpirada....”  murmuró, opuso una resistencia simbólica al abrazo y al  primer beso.

Acepto los siguientes con fruición y no puso reparo a que su pollera subiera. La senté en el borde de la mesada. Suspiró variados “noo”.....con las primeras caricias íntimas. Los dos sabíamos lo que ocurriría y queríamos que sucediese.

Separó las piernas.

Con mi mano en la concha, aún con el calzón interponiéndose, le susurré al oído:

“Esta es la cuevita que necesita mi anguila, que anda alterada”

“...es de Guido...¿sabes?..”

“...nadie lo discute...pero él está en el caribe....y yo acá....loco por cogerte...y vos con ganas de...”

“..¡¡Juaaannn!!..no seas guarangooo...”

“..bueno....perdón...de intimar contigo...digo.”

“..no debemos   y vos lo sabes....Juan...somos amigos..”

“Si,...y lo seguiremos siendo.....pero ¿quién apaga este incendio....eh?”

Presioné con énfasis mi mano sobre su cachucha, que ya mojaba la bombacha, y agregué:

“...yo...y no me digas que no....es un volcán tu entrepiernas...ni hablar del mío... un rato más y se descose el pantalón. ....y  estamos solos...ni pienses que voy a irme sin antes cogerte”

Lucia flexionó y abrió aún más las piernas ofreciendo el sexo, ya desbordada por la demanda de la  carne.

Desabotoné su blusa, desplacé el corpiño y acaricié y besé sus hermosas tetas. Tenía los pezones templados por la excitación:

            “...vamos, nena, a la cama..¡dale!...no aguanto más...”

titubeó sólo un instante en aceptar el convite:    

            “... bueno .. pero antes dejame que me dé una ducha ... estoy toda sudada ... estoy hecha un espanto …. con olor a transpiración ”

            “...dale...pero te desvisto yo ... ¿Si?..”

            “...no seas puerco....vos esperame....aquí.”

Pero entramos juntos al baño y le saqué una a una sus prendas, sin seria oposición.

Desnuda era suntuosa. Sentí el impulso de ponérsela ahí, sin dilaciones.

Me contuvo, entró en la ducha y corrió la cortina transparente. Tardé tres segundos y dos quintos en desvestirme y meterme con ella bajo el chorro de agua tibia. Difícil que existan tetas, almeja y culo de mujer mejor enjabonados y enjuagados que los de Lucía.

No me puedo quejar de la higiene que ella le dispensó a mi miembro.

Apenas nos secamos, urgidos por el deseo, nos precipitamos a la cama. Al segundo, a lo sumo al tercer  beso, ya la había penetrado. La cogí como un poseido y ella me secundó apasionadamente suspirando, gimiendo, aprobando con ¡¡siiiii!!....¡asiiiiii!......¡que..buenoo..! Le saqué la verga y  apoyé la punta a la entrada de la cueva (me gusta hacer eso cuando la mina, de turno, está a mil) se contorsionó protestando y suplicando...”...no seas maaalooo...” ”..por favor damee...”...”..cogeme,...por Díooosss..” Ya próximos al climax, le itroduje un dedo en la cola mientras seguía bombeando....le encantó. Acabamos en éxtasis,  convulsionados por el deleite.

Con mis 22 años, quedé a la miseria, destruido, pero, dentro de mí, eufórico porque por fin había cogido la mina que tanto había deseado....que digo, que deseaba ahora más que nunca.

               “Juaaannn ¿Qué fue esa cochinada que hiciste en mi colita? “

                 “Primero lo primero: vos tenés un culo superlativo, no una colita. Lo dejé marcado para que, dentro de un rato, aun en el oscuro, lo encuentre Juanito ”

               “¡Pobre de vos! Yo no hago esas chanchadas. Ni con mi marido…”

No insistí y pasé a hablar de otros temas. Como no podía ser de otra manera, la excitación no demoró en derrotar el cansancio. En el pico de la calentura no opuso gran resistencia en ponerse boca abajo y sólo emitió un “¡ahiiii noo!” cuando sintió mi glande abriéndole el ano. Comencé a empujar suave,  después de unos segundos, entro todo, ahí  seguí  empujando, despacio, para que entrara el tronco de mi verga,  ella se dejó penetrar ronroneando. Una vez que mis testículos chocaron con sus nalgas comencé a pistonear  rápido y fuerte, entraba y salía hasta el glande, luego repetía la operación,  los gemidos de Lucía incrementaban mi calentura y el ímpetu de mis embates. Al rato comenzamos a gemir y gritar los dos, su culo me apretaba la verga, deliciosamente. El epílogo fue un desparpajo de fluidos: los míos en su “colita” los de ella en la sábana.  

La tarde y los dos polvos estuvieron demasiado buenos como para no reincidir.

Se acabaron las pajas pensando en ella. Reincidimos por un par de años. Luego el marido fue trasladado a otro país, y Lucía lo siguió.

Que pena. La extrañé.


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