Un correo electrónico a Marco Polo (Intro)

Por Sabina
Enviado el 21/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Marco Polo, nuevamente con los dedos sobre los labios... he ido persiguiendo una a una sus palabras... y tan inesperado cierre, me dejo el corazón palpitando a un ritmo diferente: "deliciosa mujer"... su halago esta vez, ha sido más que acertado, es por eso que disfruto de los hombres intelectuales, inesperados. Y es que prefiero un respiro, a un silencio; una sonrisa, a una carcajada; y un instante a mil dudas.

Soy menor que su hijo, es verdad... sin embargo, tampoco tengo 26 años. Supongo que mi edad le confundió al principio. Normalmente me pintan menos años en persona. La idea de cambiar de nombre, me encantó (fue un detalle el gesto de renunciar a aquello que nos fue impuesto), ridículo para muchos (divertido para mi). A mi por la web me llaman Sabina. Sin referencias al cantautor.    Entre Sabina y la que soy, no hay ninguna diferencia. Simplemente es el antifaz para no mostrar el rostro desnudo ante cualquiera. Para usted, seré quien guste. Ambas son la esencia de quien soy, aunque Sabina es la deliciosa mujer que habita este mundo virtual.   Le escribo desde mi habitación, son las 10:32 p.m. en mi cálido país.    Y seguramente se pregunta: ¿Cómo encontré su relato?, ¿cuál fue?.   Conocí a un hombre joven, eurolatino, hace tres años. Cabello rizado, mirada distraída, castaño, piel canela. Tatuado en la parte superior de su espalda ancha. Nos presentó la vida, un par de risas (el cortejo de los tiempos modernos), intercambiamos mail, whatsapp, twitter. Lo conocí de adentro hacia afuera (chateando). Deseándolo más en cada llamada.   Coincidimos nuevamente un 3 de octubre. Una mañana de lluvia, él me hizo el amor, lamiendo y devorando mi cuerpo por completo, penetrándome, embistiéndome (endureciendo mis senos solo con recordarlo).   ¿Porqué le cuento esto? Acostumbro buscar historias, relatos eróticos. Para luego llevarlos al teatro de su habitación, para presentar ante sus ojos a las deliciosas mujeres que otros hombres inventan. Busco historias que deseo vivir para él.   A usted le conocí por aquella mujer que guardaba una amistad con uno de sus primos, manteniendo sexo casual en aquel cuarto de hotel. La acaricio, la beso, la cortejo durante una vida. Y ese instante entre ambos, Me sonrojo, me hizo mojar, llevar mis dedos y caricias hasta el final.   Espero algún día, leerme entre sus cuentos eróticos. Inspirando alguna fantasía para que pueda vivirla alguna joven mujer, interpretándome para su erótico extranjero.   Vuelvo a la dimensión de mi habitación dejando los cuentos.   Espero con ansías recibir su mail. Dejo un beso... quizás dos. Solo para mi Marco Polo. Sabina.

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