En el desván del escritor

Por Tazzia Mayo
Enviado el 28/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Había leído todos sus libros, visto todas sus entrevistas e ido a todas las firmas a cien kilómetros a la redonda. Hacía una semana desde que leyó el anuncio en el periódico mientras desayunaba: " ¿Has querido conocerle desde la primera página?". Andrea no lo podía creer... <¿y si me apunto? Estas cosas nunca tocan pero no tengo nada que perder>. Sin pensarlo leyó los requisitos y se puso a ello: un microrrelato y responder a un pequeño cuestionario. En unas horas se publicaba el fallo del jurado y no había dormido en toda la noche.

Era el momento. Se sentó en su escritorio y abrió el periódico. Buscó, buscó y buscó. < ¿Dónde está?>, después de haber repasado cada hoja al menos tres veces... lo encontró.

Ganador del concurso Tristán Mateo:

Andrea Cuenca Villar.

Se puso en pie de un salto gritando mientras abrazaba el periódico. < ¡¡Dios mío, Dios mío!! Soy yo, soy yoooooo>. En seguida comenzó a organizar el viaje, tenía que ir Cantabria y el periódico se hacía cargo de la cena y la habitación de hotel si el ganador estaba a más de cien kilómetros.

 

Por fin era el día, a las 13.00 estaba dejando su pequeña maleta en la habitación. Aún no podía creer que estuviera allí, hasta las 20.30 tenía tiempo de hacer algo de turismo. Se cambió de ropa y salió a dar una vuelta. Era un pequeño pueblo muy pintoresco, precioso y acogedor haciéndola sentir como en casa. Miles de fotos de Tristán engalanaban muchas calles y escaparates... <  casi igual de orgullosos que yo..., pero no tanto>, una pícara sonrisa se dibujó en su cara. Pasaban las horas y estaba muy a gusto sí, pero se hacía eterno cada minuto esperando su encuentro con él.

Tristán era alto, moreno, delgado, ojos verdes y una sonrisa arrebatadora. Frente al espejo no sabía qué ponerse, le habían dicho que era un sitio elegante pero tampoco de etiqueta, así que tras ponerse y quitarse la ropa más veces de las que podía recordar, optó por un vestido corto (pero no demasiado), ceñido hasta las caderas, terminado a medio muslo con un toque más holgado. Se duchó, bañó todo su cuerpo con gel aromático e hidrató su piel con esa crema que tan buen olor dejaba en ella. Se maquilló lo justo, se miró en el espejo por última vez y salió de la habitación sintiendo cómo sus piernas ya comenzaban a flaquear. Salió del ascensor y una señor muy amable le explicó cuál era el coche que le llevaría hasta el restaurante con Tristán. Se subió intentando no arrugar el vestido, en menos de cinco minutos estaba en la puerta y para su sorpresa, Tristán estaba de pie esperándola mientras fumaba un cigarrillo; Andrea bajó despacio intentando no tropezar con sus nervios y le miró... < ¡madre mía! Esas chispas que han saltado ¿no nos han deslumbrado?>

- Hola, Andrea. Encantado, soy Tristán Mateo. ¿Quieres fumar antes de que entremos?

- Ehhh, no , no, gracias, entremos ya.

Contestaba a cada pregunta con monosílabos, no separaba la mirada del mantel y sí, parecía tonta, muy tonta. < Madre mía estoy histérica, ¿cómo voy a ir así a su casa a ver su despacho? Porque..., no lo he soñado, era parte del premio ¿no?>. Por fin la cena terminó y salieron a pasear.

- Perdona..., ¿no vamos a que me enseñes tu despacho?

- Cierto, además... podemos pasear por el jardín. Solo intentaba que te relajaras y pudieras articular más de una sílaba... -La miró y Andrea creyó morir.

- Vamos andando, está aquí al lado.

Llegaron en seguida y al entrar en esa imponente casa de tres pisos, Andrea se vio reflejada en el espejo de la entrada... < ¡Mierda! ¿Tanto frío hace? Joder qué duros se han puesto y cómo se marcan>

- ¿Va todo bien?

- Sí, sí, bonita casa... -Tristán le indicó con la mano las escaleras mientras le pareció oír que se dirigían al desván-. Espero que mis tacones aguanten...

Su risa nerviosa no dejaba lugar a dudas. Tras lo que parecieron miles de escalones, entraron en un coqueto desván repleto de libros alrededor de un escritorio que a penas se veía bajo tantos escritos.

- ¡Vaya! Es tal y como lo imaginé.

- Por suerte para mí..., tú eres todo lo contrario.

Andrea sintió cómo toda su piel se erizaba y sus muslos se contraían intentando evitar que la humedad saliera a flote. Se quedó parada frente al escritorio oyendo cómo Tristán se acercaba tras ella. Ahí estaba, ese momento que tantas noches había soñado dormida y tantas mañanas despierta. Sentía su respiración en su cuello, y para qué negarlo, en todo su cuerpo. De repente su cintura se vio abrazada por las manos masculinas de Tristán y pudo sentir cómo algo tras ella clamaba libertad; se dio la vuelta y sus labios quedaron a escasos centímetros de los de él... < siento ser tan directo pero... ¡madre mía eres preciosa! >... Andrea vio cómo muy despacio se acercaba aún más y su lengua asomaba entre sus labios. Sintió sus labios húmedos y su lengua recorriendo su boca de una manera tan dulce que poco faltó para que se desmayara. Sin que ella moviera un ápice de su cuerpo, Tristán abrazó su cuello mientras la apoyaba en la columna que había a su lado. La apoyó con firmeza y comenzó a deslizarse por su cuello mientras sus manos acariciaban los suaves muslos de Andrea... < me encanta tu vestido, eres perfecta>. La alzó sobre él y esta se ancló a horcajadas sobre su cadera. Sentía su erección, su respiración entrecortada y sus manos buscando su humedad. La llevó al pequeño sofá y se sentó con ella encima, moviéndose despacio mientras sus hábiles dedos apartaban las tiras de su tanga y bajaban su cremallera. No preguntó y a ella no pareció importarle, con cuidado se introdujo despacio, sintiendo sus paredes dilatándose y sus gemidos en su oído. Se quedó quieto, la miró y no pudo evitar que una corriente le recorriera de arriba a abajo mientras permanecía dentro de ella. Andrea comenzó a moverse más rápido recorriendo todo su sexo, sintiéndola cada vez más dura por ella hasta que cayó extenuada sobre él... < habrá que escribir sobre esto>... < mejor permíteme hacer un borrador de lo que sería una segunda parte o más bien... escribamos los dos la saga...>. Andrea no pudo evitar sonreír ante su atrevimiento dudando quién lo había sido más.

 

 


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