Aniversario de graduación 01

Por Arsenio
Enviado el 30/07/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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          Se trataba de una reunión de ex-compañeros de la universidad. Hacía ya casi seis años desde la última vez que se había organizado una reunión de este tipo. Como siempre, hubo quienes inmediatamente dijeron que si asistirían, otros más pusieron inconvenientes a todo y otros más que ni se molestaron en contestar el correo electrónico con la invitación y simplemente no fueron.

 

Los días previos a la reunión, le comenté a mi esposo que de verdad tenía muchos deseos de saludar a todos los compañeros de mi generación. Él mismo – mi esposo- me recomendó que buscara un vestido nuevo y me preparara de la forma que considerara conveniente. Aproveché y busqué un vestido de tipo casual que me hiciera ver juvenil. Era un vestido morado, ligeramente entallado, con abertura del lado derecho. Han pasado ya 20 años desde mi graduación y a mis 42 de edad aún conservo mis formas, a pesar de mis tres hijos. En un pequeño acto de vanidad quería lucir mi figura.

 

En los días previos recibí algunas llamadas y correos electrónicos de compañeros y compañeras preguntando si Yo asistiría a la cena. Preguntaban si sabía quiénes habían confirmado. En fin, lo de siempre: “¿Qué te vas a poner?, ¿A qué hora vas a llegar? ¿Cómo te vas a ir y a qué hora te regresarás?

 

Finalmente llegó el día. La cita era sobre las siete de la noche en un restaurante del sur casi a orillas de la ciudad. Era una noche fresca, el cielo estaba despejado y se podían ver las primeras estrellas. Llegué poco antes de las ocho. Claudia, una de las chicas de la generación pasó por mí, anticipé que la reunión terminaría tarde y no quise llevarme el automóvil porque no me gusta manejar de noche. Preferí que fuera así, pues me resultaba más cómodo.

 

Resultó una cena muy agradable, hubo recuerdos y anécdotas de toda clase. Desde mi llegada, Jorge me abordó y me hizo plática todo el tiempo. Jorge, alguna vez fue mi pretendiente pero nunca hubo nada. Simplemente no es mi tipo y Yo ya había tomado mi decisión de casarme. Por su parte, el había fracasado en su matrimonio, no duró ni un año. Al respecto hubo toda clase de chismes. Que si ella tenía otro hombre, que si él no pudo consumar su matrimonio, etcétera. En fin.

 

Sobre las once de la noche ya varios se habían retirado y el restaurante cerraría en poco tiempo. Los que quedábamos decidimos irnos a la casa de Jorge, que está también por el sur muy cerca del restaurante. Ahí podríamos continuar la reunión. Algunos se despidieron y finalmente solo unos cuantos estuvieron de acuerdo en continuar. Claudia, dijo que era tarde y que prefería retirarse. Se disculpó por no poder llevarme de regreso; Yo le dije no se preocupara que alguien me más me podría de llevar.

 

Jorge se adelantó para estar en su casa cuando todos llegaran y Yo me fui con Javier, otro compañero que con quien siempre me la llevé bien. Cuando llegamos a la casa de Jorge, resultó que solamente éramos tres los que finalmente continuaríamos la reunión. Nadie más llegó.

 

Javier inmediatamente puso música para ambientar. La música que escogió era calmada y creó una atmosfera de cierta sensualidad, la iluminación era a media luz. Después de varias piezas Javier me pidió que bailara. Me ruboricé y pensé:

Éste se quiere dar un agasajo.

 

No pasa nada, pensé. Total, ya estoy aquí y no voy a dejar que intente nada.

Es para que no te quedes aburras, dijo Javier. Sí, no vayas a dejar a Javier con las ganas de bailar, dijo Jorge. Luego sigo Yo, eh?

 

Javier, me tomó del talle un poco más apretado de lo que Yo hubiese querido. La música era calmada, música de saxofón. Era una sensación extraña. Yo sabía que estaba jugando al límite del flirteo. Su brazo así como su mano izquierda en vez de estar separado del cuerpo, lo había pegado al costado, con su mano tomó la mía para que mi mano quedara sobre su pecho.

Jorge solo miraba, sin decir nada.

 

Seguimos bailando pegaditos. Nuestras mejillas se rosaban, nos acariciábamos de esta manera, un poco disimulando la exaltación que sentíamos. Sus labios rosaban mis orejas. No era Yo; era una perfecta desconocida para mí misma. Nos movíamos solo lo necesario para hacer que nuestros cuerpos se frotaran.

 

Javier, lentamente y con sutil habilidad se las arregló para pasar su brazo izquierdo por debajo de mi bazo derecho, forzando gentilmente a que lo abrazara por el cuello. Esto, le liberó ambas manos y le dio completo acceso y libertad para tocar todo mi cuerpo. Nuestros cuerpos ahora hacían presión uno con el otro. Yo no sabía lo que estaba pasando. Mi respiración era cada vez más agitada y sus labios seguían rosando mi oreja. Sentí como la adrenalina recorría todo mi cuerpo. Yo estaba ahí, con la sensación de estar disfrutando caricias prohibidas. Todo mi cuerpo temblaba pero no me separé de aquel baile. ¿Cómo podía Yo permitir que un hombre que no fuera mi marido, disfrutara recorriendo mi cuerpo con sus manos en ese supuesto baile? ¿Hasta qué punto era Yo quien seducía a Javier y hasta qué punto era él quien había sabido aprovechar el momento para llevarme hasta esa situación? La música seguía y nos conducía delicadamente a un estado de mayor ardor. Sin saber por qué, pasé mis dedos por su pelo. Fue como si esta fuera una señal de aceptación para Javier. Sus manos recorrían mi espalda, mi talle, y por fin sus manos bajaron hasta mi trasero y lo tomó con cortesía pero a la vez con firmeza.

 

No dijimos ninguna palabra. Nuestras mejillas se acariciaban, su viaje a lo largo de mi cuerpo no tenía fin. Sus dos manos sostenían mi trasero, lo recorrían reconociendo sus formas redondeadas. En momentos apretaba gradualmente mis nalgas. Primero con una mano y luego con la otra, marcaba sobre mi vestido la hendidura de mi trasero.

 

Jorge, parecía una estatua, no se movía, no hablaba. Solo nos miraba sin saber qué hacer.

 

Javier continuaba recorriéndome. Sentía sus manos ir y venir sobre mi vestido. Besaba mi cuello, buscó mis labios pero se los negué; sus caricias pasaron de mi trasero a mi pecho. Yo seguía abrazándolo por el cuello, suavemente acariciaba mis pezones por encima de mi vestido. Nuestras miradas se cruzaron por primera vez, en ellas había apetito carnal. Me manoseaba a su gusto y placer. Parecía que ambos deseábamos fundir nuestros cuerpos con el del otro. Me dio la vuelta y se me pegó por atrás, pude sentir su erección en mi trasero, con sus manos me tenía tomada por los pechos mientras se restregaba contra mi trasero. Mi respiración era ahogada. Yo, lo dejé hacer lo que quiso y disimuladamente, movía mi trasero hacia él, frotando su miembro con movimientos circulares. La música seguía tocando.

Continuará


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