El de la gasolinera

Por NinfaRelatos69
Enviado el 08/08/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Hace una o dos semanas paré en la gasolinera con mi novio. Yo iba de copiloto y él se bajó a echar gasolina. El empleado de la gasolinera no apartó la vista de mi escote, por lo que me tuve que tapar, ya que el hombre no se centraba. No nos cobró y se fie directamente hacia dentro de la tienda/baños de la gasolinera.

Y hoy tuve que volver a echar gasolina pero en mi coche y estaba el mismo chico, moreno y flaco de entre veinte y treinta años. Yo explicándole lo que quería, pero él sin dejar de mirarme el escote. No es sorprendente porque yo tengo unos grandes pechos naturales que atraen a muchas personas. Le estaba hablando sobre los litros de combustible y noté que se llevaba la mano al pantalón, como tratando de ocultar una erección. Yo agité la mano ante sus ojos para que se centrara.

-¿Hola? ¡Soy Bea!-le dije.

-Oh, lo siento-interrumpió su ensimismamiento- Yo...-se perdió de nuevo- lo siento.

Cuando apartó la mano para gesticular vi que, efectivamente, le había crecido una erección. ¡Joder, siempre me pongo caliente al ver una erección! Le agarré la entrepierna y al sentirla entre mis manos mis bragas se humedecieron.

-Joder...-susurré.

Él se quedó paralizado, le cogí la mano y lo conduje hasta dentro de la tienda. Reaccionó y se adentró en los baños de damas indicándome a mí antes que pasara. Cerré los ojos y en un suspiro, entré. Lo empujé dentro de uno de los baños, contra la pared y cerré el pestillo. Lo miré fijamente, como él a mí. Estaba ojiplático y parecía un perrito asustado. Le besé en los labios haciendo rozar mis pezones duros contra él, a causa de la ausencia del sujetador.

Me quité la camiseta y liberé mis tetas, que botaron libres.

-Sin miedo, le susurré. No quiero comerte, ahora quiero que me comas...-le dije lanzada.

Él me cogió de la cintura y acercó mi entrepierna a la suya. Uf, estaba muy abultado. Rodeó cada uno de mis pechos con una de sus manos y los masajeó. Jadeé, sentándolo en el váter con la tapa bajada y yo en su regazo. Mi camiseta se encontraba tirada en el suelo, ya la había perdido de vista. Su lengua y mi pezón derecho comenzaron una danza que terminó con cosquilleos en mi clítoris. Nos bajamos los pantalones y yo me volví a sentar sobre él, después de acariciar sensualmente su polla. La metí entre mis pechos, lo que nos puso la piel de gallina y lo cabalgué. Tenía las manos en sus hombros, los vaqueros bajados en mis tobillos me dificultaban abrirme de piernas así que los saqué apresuradamente con la ayuda de mis pies. Al primer contacto con su pene, suave y lento, pero con firmeza. Mis paredes se abrazaban al sentirlo y el crecía en mi interior. Salté sobre él más veces, esta vez fuerte y meneándonos rítmicamente al unísono. Una embestida, y otra, y más, y más rápido, y más gemidos y jadeos. Con mis deseadas tetas en su cara, pero ambos con la mirada hacia el techo, subiendo y bajando. Llegó un momento que el tiempo se paró pero a la vez pasaba muy rápido. Su pene en mi vagina entraban en contacto a mucha velocidad hasta que grité muy fuerte, le clavé los dedos en sus hombros y mi espalda se arqueó.

-Oooh, dios mío-grité cuando llegamos al clímax. Las gotas de sudor corrían entre mis pechos. Nuestra respiración estaba alterada, él todavía dentro de mí, yo, sentada sobre su polla. Nuestros fluídos mezclados en mi interior y sobre sus piernas. Alguno también había caído sobre la blanca tapa del váter. Nos limpiamos con el medio rollo de papel higiénico que había allí.

-No me cobres la gasolina-le susurré vacilante.

Eché gasolina en el depósito y salí de allí. Mi gasolinera de toda la vida.


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