HAMBRE

Por Kreatork
Enviado el 13/08/2015, clasificado en Terror
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Los hambrientos perros de la inmensa orbe darán buena cuenta de las carnes y las vísceras antes de la hora de la putrefacción. Entonces, y solo entonces, la contaminación será un acontecimiento a nivel global.  Los, aún numerosos, supervivientes estarán condenados a una muerte segura...o lo que es peor, a vagar sin vida eternamente por la tierra buscando carne viva con la que saciar su atroz hambre,  hambre de vida.

Los perros y pájaros enloquecen, no respiran, su corazón no late, su mirada es a la vez feroz y perdida, buscan vida que devorar,  o más bien vida a la que contagiar su infierno. 

El viejo no puede correr, esta postrado en su silla de exterior preferida, en la parte delantera de su casa alejada de la gran ciudad. El perro, otrora su fiel compañero le mira gruñido, abriendo sus fauces y mostrando sus negruzcos dientes,  apesta a podrido, una baba viscosa y rojiza cuelga de su labio inferior. Sus ojos escudriñar, pero carecen de vida. Con un rápido movimiento se coloca sobre el regazo del inmóvil abuelo, le olisquea,  como si aún recordara que fue quien le dio de comer...no hoy, hoy será el quien se sirva la comida. El anciano tiembla,  niega con la cabeza,  su expresión es de asombro y pánico. 

De su cuello mana el líquido de la vida, las fauces de la bestia han arrancado un buen pedazo de vieja carne y lo devora con ansia en un rincón del viejo porche de la no menos obsoleta casa. El can mira vigilante hacia todos lis lados mientras engulle, como si de un preciado tesoro se tratara.  Más perros se acercan gruñido,babeando, ávidos de calidad sangre. Se colocan delante del agonizante viejo que entre espasmos intenta desesperadamente aferrarse a la vida , pero su alma se desgarra de su cuerpo y este descansa inerte en la vieja silla.  Los perros le miran , ya no gruñen,  han perdido el interés por el cuerpo sin vida, por el envoltorio del alma. Se van, tan solo un par de ellos permanecen expectantes. Tres minutos, tan solo tres minutos. El cuerpo del anciano comienza a moverse,  con torpeza en un principio,  confuso con la nueva realidad, adaptándose a esa condición de ser sin alma.  Se pone en pie. Su mirada es feroz y pérdida,  como la de aquél que lo atacó,  su fiel amigo. Sus viscosos y negruzcos ojos carecen de sentimiento,  de compasión, de vida...pero esta última es lo que buscan. Los músculos de su castigado cuerpo se tensan como los de un adolescente,  sus puños aprietan con tanta fuerza que sus uñas se clavan en la ya apestosa carne y un líquido espeso y rojo ennegrecido mana de las heridas autoinflingidas de manera inconsciente.  Observa a su alrededor con mirada fiera, de su garganta emana un sonido gutural y aterrador,  es el sonido de la muerte, de la muerte más horrenda. Los perros que antes amenazantes,  huyen despavoridos ante la presencia del nuevo ser, ni siquiera el que no hace mucho fuera su fiel compañero permanece allí.  El ser de venas y músculos putrefactos y marcados mira olisquea y mira hacia el horizonte y su visión se centra en el lugar al que se dirigirá,  los grandes edificios, allí donde se hacinan los humanos, allí donde se reúnen, allí donde trabajan, allí donde se divierten,  donde copulan,  donde....comen. Comer. Si, allí irá,  a la ciudad 

Comen.....si....comen......y el....el tiene

HAMBRE!!!!!

 


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