YARA

Por Kreatork
Enviado el 15/08/2015, clasificado en Varios / otros
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Amanece, el día está espléndido, la mañana es fresca, ese frescor agradable del verano. Por la pequeña ventana asoman los primeros rayos de sol. Pegan en su cara curtida,  la sensación es agradable, confortable. 

Se levantadas comenzar una nueva jornada, mira a través del ventanuco y sonríe. Un paseo por la playa será lo ideal, piensa.   Se asea con parsimonia,  no hay ninguna prisa. Unta la brocha con abundante espuma de afeitar y comienza el ritual que empezó hace casi treinta años. Los movimientos son automáticos,  siempre los mismos, en el mismo orden, el apurado es perfecto,  la experiencia es un punto a su favor.  Se calza unas viejas zapatillas de cáñamo...y a los pocos minutos se encuentra paseando por la maravillosa playa de arenas blancas.  Siente en su rostro la suave brisa marina que le reconforta.  El olor a mar, la salitre del ambiente le produce una profunda sensación de libertad.  

Camina con lentitud disfrutando del momento,  respirando profundamente hasta encontrar el lugar deseado, sienta sus posaderas en el y descalza sus ajados pies. Con los dedos escarba un poco en la fina arena hasta encontrar la de tono más oscuro, la arena húmeda.  Introduce sus pies en ella, la sensación de es grata,  mueve los dedos una vez dentro para notar el frescor de la naturaleza,  se recosta hacia atrás apoyando sus manos y observa la masa líquida,  el mar...su fuerza,  su grandeza, su poder le contagia. Toma una gran bocanada de aire y la saborea como si fuese la última,  cierra los ojos y se deja llevar por esa sensación de paz y libertad,  recordando momentos felices que se dibujan en su mente.

Un movimiento ajeno a él le saca de ese éxtasis autoinducido. Es el perrito del otro día. Busca con la mirada a su alrededor y la encuentra, es ella, Yara,  tan jovial y llena de vida, tan hermosa, tan risueña... Se contagia de su sonrisa y la saluda alzando la mano., ella le corresponde con una sonrisa que enamora.  Se levanta y agarra al pequeño can para acercarselo a la dueña.  Yara le espera sonriente,  como siempre. Cruzan unas palabras mientras ella juega con su cabello, la conversación es breve pero le sabe a gloria, se miran y se despiden....quizá mañana se atreva,  la tome de la mano,  la encare y la bese,  hoy, al igual que ayer se siente joven.

Desea besarla y lo hará. todo es posible en su mundo. 

La voz suena vacía, como sin alma,  una voz que le ordena salir y formar delante de la celda de castigo.

- Es la hora de tu desayuno, perro!, es lo que escucha de aquella voz. El rancho...la misma mierda de siempre aderezada con un salivazo del funcionario de prisiones, y los recuerdos de su compañero de baja, el mismo al que hace hoy veinte días le arrancó un pedazo de pómulo de su cara de un mordisco. 

Su sonrisa sigue dibujada en su cara,  como si Yara aún siguiese presente,  le embriaga una grata sensación de bienestar.

- Llevas casi treinta años privado de tu libertad, pudriendote en esta puta cárcel y aun sonríes , necio?, oye de boca del carcelero.  Lo que el funcionario ignora es que nadie puede privarle de su libertad,  no sabe que su mente, su enferma mente es libre de hacer lo que desee. estar donde desee. No sabe que su cuerpo está allí pero que su ser y esencia están todos los días en esa playa, la playa de Yara, de su dulce y eternamente joven Yara.

El necio es él,  con su mísero trabajo y su, aun más mísera, rutina. Él es libre con Yara, con su Yara,  y mañana la.besara, si, y seguirá tan joven como hoy, tan risueña como ayer.  Su dulzura, su carácter afable, su belleza, su buen corazon, siempre estarán  allí para el,  hoy ,  mañana y siempre,  siempre joven y hermosa....siempre estará allí,  porque de eso se encargó él hace ya casi treinta años.


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