Ganas de ti

Por NinfaRelatos69
Enviado el 23/08/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Iba a ser un viaje muy largo. De noche, en autobús y con unas ocho personas ocupando los asientos dispersos de los que 30 y pico quedaban vacíos. Me senté al fondo, como solía hacer cuando era pequeña para ir con todas mis amigas, ya era una costumbre. Esperaba que las largas horas de viaje terminaran, aún cuando no había arrancado el autobús. Una pareja de ancianos subieron detrás de mí y se sentaron justo detrás del conductor, en los asientos reservados para personas con reducida  movilidad. Después entró una señora de unos cuarenta y tantos, luego dos turistas y un joven de unos 17 o 18 años. Por último, y retrasando por unos minutos nuestro viaje se subió un hombre de mi edad, moreno y bastante atractivo. Me molestó que viniera a sentarse detrás, casi a mi lado pero dejando un asiento entre nosotros. Hubiera preferido que se sentara en uno de los muchos asientos libres que quedaban e hizo que me pusiera nerviosa. Intenté calmarme escuchando las mágicas canciones de U2 pero no encontré mis auriculares y en el autobús estaba prohibido escuchar música o producir otros ruídos molestos. No sé por que me importaba tanto, porque él apenas me hacía caso, salvo por algunas miradas que me ponía encima.

-¿Por qué te sentaste aquí?-hablé en un tono firme y más alto de lo normal.

-Eh...-me miró sorprendido y aparentemente algo asustado- porque... estaba libre y yo suelo sentarme en los asientos del fondo.

Enmudecí por unos minutos, sin saber que decir. Él me miró de nuevo y sonrió, más bien riéndose de mí. Se notaba vacilante en los siguientes minutos y después, las que sól eran miradas hacia mí en general, se convirtieron en descaradas miradas a mi escote. Yo me ponía roja de la furia a pesar de mis intentos por ignorarlo.

-Ya está bien, ¿no? A mí también me parece atractivo tu paquete y no por eso te lo estoy mirando constantemente-le solté seca.

Me sonrió vacilante y puso mi mano sobre su entrepierna, en creciente erección. Yo me aparté sorprendida pero después de una mirada volví a poner la mano donde él la había colocado y apreté su bulto. Intercambiamos dos miradas llenas de lujuria y comprobamos que nadie nos miraba. Se acercó a mí, sentándose en el asiento que quedaba libre entre nosotros y me olió el pelo con dulzura. Metió la mano en mis vaqueros y rozó mi clítoris mojado.Le sonreí tímidamente y le desabroché el pantalón y la petrina para soltar su pene. Empecé a pajearlo al ritmo que el marcaba con sus dedos en mi clítoris. Entraba con un dedo, salía, metía dos, salía, metía tres,... Aceleramos el ritmo cuidadosamente para no llamar la atención y nos corrimos juntos. Me mordí el labio y lo arrastré para sentarnos más a la izquierda, así era más difício vernos tras los asientos de delante. Allí me senté encima de él con las piernas ten abiertas como me permitía el pantalón bajado, el chico me levantó con las manos y lentamente fue bajándom encajando su pene en mi vagina.

-Oh-susurré sonriente.

Me sujetó las nalgas y subíamos y bajábamos, sus dedos majestuosos no eran nada comparado con su gruesa polla y así mismo se lo dije entre suspiros. Mientras lo cabalgana luchaba por no gritar al mundo el placer que sentía en ese momento.

-Me voy a correr-me informó alarmado.

-Quiero que te corras dentro de mí-le ordené.

Aceleró el ritmo provocándome un poco de dolor. Le clavé las uñas en la cintura mientras me daban espasmos y mi espalda se arqueaba. Me apretó contra sí y me ahogó en un beso tan largo como el tiempo que le llevaba dar unas cuantas embestidas más y lograr que nos corrierámos allí mismo. Tuve el mejor orgasmo de mi vida dentro de la boca de ese atractivo desconocido. Nos colocamos como pudimos la ropa y en los asientos, aún con la respiración alterada. Cuando me había recuperado un poco eché una ojeada por el autobús para comprobar que nadie nos había visto. Todo estaba en orden hasta que me fijé en el adolescente de los 17/18 años algo escondido y con la mirada clavada en nosotros. Se estaba masturbando con la polla en la mano y sin cuidar de si alguien lo veía.


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