LA CABAÑA (parte 1)

Por Jose Maria Duque
Enviado el 29/08/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Era un día como otro cualquiera, Mariana salió un poco antes de trabajar, decidió quedar con una amiga en un centro comercial cerca de su trabajo. La espero en el sitio acordado mientras tomaba una cerveza. Era extraño Mariana tenía la sensación de estar sola en aquella gran superficie comercial, el teléfono sonó, ya lo sabía, su amiga no iba a ir a la cita. No le sorprendía mucho., no era la primera vez q la dejaba plantada. Decidió ir a ver tiendas y aprovechar para buscar algo para sus manualidades. Un maniquí en un escaparate la llamo la atención. Era un precioso conjunto de ropa interior, el color rojo podía con ella, no pudo evitar entrar a la tienda, sabia q la ropa interior no podría probarse pero nunca compraba sin antes probarse la ropa. Cogió unos pantalones y una blusa, ni se fijó en la talla, en definitiva no tenía pensado probárselo, se apresuró a ir a la sección de ropa interior, no tardó mucho en encontrar el conjunto del escaparate. Cuando cogió el conjunto se dio cuenta que un hombre estaba al lado suyo, su cara le era familiar, lo había visto en otro lado no sabía dónde pero si sabía que la miraba fijamente. Mariana no le dio importancia, estaba deseando llegar al probador y ponerse el conjunto, aunque siempre se probaba lo que compraba estuviera permitido o no, aquel día estaba nerviosa, como si fuera la primera vez que no respetase las normas o como si algo fuera a pasar, algo extraño que pudiera cambiar su vida, pocas veces había tenido esa extraña sensación de nerviosismo y de cosquilleo en todo su cuerpo, pero las pocas veces que lo sentía siempre su vida pegaba un pequeño cambio. Cuando llego a la zona de probadores vio de nuevo a aquel extraño que parecía que la siguiera, (casualidad pensó ella). Los probadores estaban vacíos, las puertas estaban todas abiertas, se dirigió al último de aquel pasillo lleno de puertas, entro en él y empujo la puerta con su mano derecha. Era un probador de 2 metros * 1.5 metros de ancho con un gran espejo enfrente de la puerta.

Mariana coloco el pantalón y la blusa es un percha situada en la puerta, se quitó el abrigo y empezó a desnudarse mirándose al espejo, coloco el abrigo en otra de las cuatro perchas colgadas en la puerta después se quitó la falda y la camisa colocándolas en otra de aquellas perchas, el sujetador las medias y las bragas las dejo en una banqueta, situada al lado del espejo. Se paró un minuto mirándose al espejo, su mano no pudo evitar acariciar sus pechos mientras se miraba al espejo, con la otra mano se tocó su coño para descubrir que estaba mojada, se dio la vuelta para coger del bolso unos pañuelos de papel y limpiarse no quería que cuando la dependienta comprobase el conjunto este estuviera manchado. El conjunto le quedaba perfecto, no pudo evitar pasar 5 minutos mirándose al espejo con el puesto. Se lo quito y aun desnuda lo metió bien doblado en su caja.

Mariana cogió el sujetador cuando se dio cuenta que no había puesto el seguro a la puerta, se quedó un instante mirando al pestillo abierto de la puerta y una sonrisa sutilmente salía de sus labios mientras pensaba que cualquiera podría haber entrado en el probador, soltó el sujetador e intento cerrar la puerta cuando esta se abrió bruscamente, de un salto quedo pegada al espejo , en ese momento entro aquel desconocido, se la quedó mirando mientras cerraba la puerta despacito, cerro el cerrojo sin quitarla la mirada de encima. Mariana quería gritar, sabía que si gritaba se llenaría de gente los probadores en un instante.

Estaba desnuda paralizada sin saber que hacer. El extraño se puso el dedo índice en la boca indicando que no dijera nada, cogió el abrigo de Mariana y se lo dio para q se lo pusiera, Mariana apresuro a ponerse la prenda que aquel hombre le daba, el extraño miro el bolso de mariana y lo abrió metió en el las bragas, el sujetador, las medias, la blusa y la falda de la chica, parecía que fuera a reventar el bolso con la fuerza que realizo para cerrarlo.

La cogió del brazo y sin mediar palabras la saco del probador. Mariana no sabía que extraña razón la evitaba a salir corriendo o solo gritar. Estaba desnuda solo la tapaba aquel abrigo que la llegaba por encima de las rodillas y estaba cerrado por dos botones, tenía que cerrarlo con su mano para que no se la viese nada. El hombre la llevo al parking y la subió a un coche negro. La desabrocho los dos botones del abrigo y la puso el cinturón de seguridad.

Cuando salieron del parking mariana se dio cuenta que se había hecho de noche. Pregunto con un tono de miedo y sumiso al hombre.

- ¿dónde me lleva?

- no te preocupes de dónde vas, no tienes que tener miedo, seguro que mañana cuando estés en el trabajo recuerdas esta noche como una noche muy especial.

Esas palabras del hombre la tranquilizaron un poco, por lo menos mañana llegaría al trabajo. En ese momento dejaron la carretera y el coche entro por un camino de tierra, al final del camino había unas pequeñas casas de maderas, el extraño paro el coche en frente de una de ellas, cogió unas llaves de la guantera, se la dio a la chica y la pidió que se quitara el abrigo, esta no dudo en hacerlo, el hombre lo tiro a la parte trasera del coche mientras q decía a Mariana.

- Entra en esa caseta y espérame, tomate algo del bar y relájate, volveré en poco tiempo.

La chica salió del coche totalmente desnuda, abrió la puerta de aquella caseta y entro.

Mariana entro en la caseta empujo la puerta para cerrarla, solamente estaba iluminada por la escasa luz de una gran chimenea, miro a las paredes pero no consiguió encontrar ningún interruptor, después miro al techo no descubrió ninguna lámpara, imagino que no era necesaria mas luz que la de la chimenea. Descubrió un pequeño bar al dado de la chimenea, necesitaba beber algo lo que fuera cogió una botella y bebió directamente de ella, miro a su alrededor examinando aquella habitación, en el centro había una mesa, se acerca a ella para descubrir que en cada esquina había unas cadenas ancladas a ella con uno grillete en cada una de esas cadenas. Sin quitar la vista a la mesa retrocedió para chocar con otra pequeña mesa, algo callo de ella. Se dio la vuelta para recogerlo y colocarlo de nuevo en su sitio, la luz de la chimenea dejo examinar todo lo que había en la mesa. Era material erótico y sadomasoquista que solo había visto en alguna película en la soledad de su habitación.


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