Pinceladas

Por Stef Zamora
Enviado el 27/08/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Ya estoy lista, tengo mis pinceles y pinturas dentro del maletín. Voy de camino a la escuela de arte a empezar un curso de pintura para principiantes que durará tres meses.

Lo necesito, mi vida es demasiado estresante y lo único que consigue hacer que me olvide de todo es pintar, pero cuando veo el resultado de mis pinturas… no pretendo ser Monet pero tengo mi orgullo.

 

-Buenos días clase, soy Pietro, vuestro profesor de pintura durante los tres siguientes meses. Recordad que sois principiantes así que tened mucha paciencia, yo la tendré con vosotros.

Un profesor de arte italiano ¡qué tópico!

Las primeras semanas trascurren con las lecciones básicas, tipos de pinceles y de pinturas, los típicos dibujos del jarrón o la manzana… Todo me parece fácil y el profesor es consciente de ello.

-Llevamos varias semanas y he podido comprobar que algunos alumnos van más avanzados que otros. Para todos ellos, les ofrezco una hora más tras cada clase para perfeccionar y avanzar. Aquellos alumnos que me gustaría tener en clase son los siguientes: Carlos, Ana, Erick, David y Rebeca.

¿Yo? ¿Rebeca? ¡Una hora más dando pinceladas!, esto es el cielo… ¿o aún no?

Las horas extras de clase me permiten que mejorar mis trazos y, la verdad sea dicha, conocer mejor a Pietro. En un principio no me había fijado en lo atractivo que es, pero es que gana con la cercanía. Tiene una ancha espalda y es más alto que yo, me encanta la forma en la que mueve las manos al explicar sus lecciones… y su forma de darme la enhorabuena por mis resultados. No sé si sólo son imaginaciones mías, pero a ninguno de mis compañeros les sonríe de la misma forma que a mí, ni les acaricia la espalda (o la fina línea en que deja de serlo) como lo hace conmigo. He de reconocer que cada vez que se me acerca, me toca la espalda y me felicita con ese acento italiano, me pongo muy nerviosa… me pongo mucho.

Hoy cae una lluvia terrible, pero aun así asisto a clase. Cuando llego no hay nadie más que Pietro.

-Bueno, no sé si será mejor cancelar la clase, así no tendrás que repetir las lecciones el siguiente día.

-No, mejor quédate, puede que las lecciones de hoy no las vaya a repetir más…

Señala donde sentarme y me indica que siga con el paisaje que dejé a medias la clase anterior.

-Espera, es mejor que utilices un pincel biselado para los trazos más gruesos, tómalo y dame ese.

Recoge el pincel que estaba utilizando y se lo pone entre los dientes mientras que me indica que hago bien los trazos. Pero yo no puedo dejar de mirar como habla con el pincel en la boca, como sus labios entreabiertos rozan el pincel… no puedo más. Mi pincel se me resbala entre los dedos y cae al suelo pero no lo recojo, sino que miro fijamente a los ojos de mi profesor y suavemente le quito el pincel de su boca y lo lanzó al suelo.

Él entiende mi mirada y así me lo hace saber. De repente, su mano está agarrando mi cabeza y la empuja hacia la suya y mete su lengua dentro de mi boca y comenzamos a besarnos apasionada, fuerte y calientemente.

Empujo mi cuerpo hacia el suyo haciendo frotar su duro miembro contra mí. Me quita la camisa y comienza a agarrar mis pechos bruscamente y los saca fuera del sujetador azul marino de encaje y comienza a chuparme y morderme los pezones mientras gimo por una mezcla de dolor y placer.

Le quito su camiseta y contemplo su perfecto pecho que nada tiene que envidiarle al David de Miguel Ángel. Rasguño su espalda con mis uñas, quiero que sienta lo mismo que sentí yo antes. Se muerde el labio como respuesta. Entonces pasa las manos por mis nalgas y de un impulso me levanta haciendo que entrelace mis pernas alrededor de su cadera y me lleva hacia encima de la mesa, me apoya en ella y tira todo el material al suelo. Quita mis zapatos y de un tirón mis vaqueros. Él hace lo mismo con los suyos mientras que yo estoy tocando mi clítoris y mirándolo con los labios entreabiertos y jadeando de la excitación.

Sube hacia la mesa y queda encima de mí. Cuando pienso que ya va a penetrarme, con su mano derecha coge un pincel, el más grueso que hay y me hace metérmelo en la boca y chuparlo, lubricarlo bien con mi saliva… esto va a estar genial. Lo saca de mi boca y con una sonrisa dice: esta lección no la enseñaré en la próxima clase, así que disfrútala bien.

Terminando la última sílaba me introduce el mango del pincel, hasta lo más hondo. Puedo notar lo largo que es. Mientras que lo repite una y otra vez me toca el clítoris con los dedos. Cuando estoy a punto de dejarme ir, saca el pincel y me levanta de la mesa.

Me dirige hacia un taburete y me hace sentarme dándole la espalda, esta arqueada haciendo que me apoye en la pared y que mis nalgas y húmedos labios queden hacia fuera. Sin mediar palabra, tira de mi coleta, arqueando más mi espalda, pasa un pincel por toda mi columna y cuando llega al final, me penetra fuertemente y estallo en un gemido. Tiene el pene bastante grueso y hace que lo sienta a la perfección. Sigue penetrándome con más y más fuerza y me resulta imposible seguir con las manos apoyadas contra la pared debido a lo excitada que estoy. Pues como si de un policía se tratase, hace que pase mis brazos hacia mi zona lumbar y agarra mis muñecas con sus manos como si fuesen esposas. Sigue penetrando cada vez más fuerte, el taburete no para de tambalearse, gotas de sudor recorren mi columna… Cada vez estoy más y más mojada, no paro de gemir, mis pezones está durísimos y el dolor/placer cada vez es más fuerte… Sí, sí, voy a llegar, voy a llegar… vamos a llegar los dos… El orgasmo me llega con el gemido más fuerte que he soltado nunca y el suyo le llega mordiendo mi espalda.

-Es la mejor clase que he impartido nunca.

-Es la mejor clase a la que he asistido en mi vida. Aunque pensándolo bien… aún quedan dos semanas más donde podemos superarnos.

Los dos nos miramos sabiendo que nos quedan más horas de pinceladas no convencionales.


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