El Robo que salió mal parte 3

Por Andres Son
Enviado el 29/08/2015, clasificado en Humor
472 visitas

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Transcurrieron lo que considere unos minutos, cuando la muchacha comenzó a moverse muy lentamente, lo cual me pareció reconfortante ver que en realidad se encontraba con vida. Muy lentamente se fue incorporando. Finalmente quedo sentada en el suelo, dándome la espalda, no dije nada para llamar su atención porque creí que tal vez necesitaría un poco de tiempo para recuperarse de cualquier tipo de experiencia traumática la había traído a este lugar, me pareció lo más correcto de mi parte.

Eventualmente se paro, dio unos pasos, y luego se dio vuelta, cuando me vio pude notar que se sorprendió mucho por la expresión en su cara. Elevo su mano y me apunto con su dedo, lo que me pareció de lo más maleducado, pero una vez mas no dije nada.

-Estas atado- dijo, lo cual me pareció reconfortante que su visión no haya sido afectada por toda la situación, no conteste nada, pensé que tal vez ella también estaría indignada de la ideología sexista de nuestros captores. Camino hasta acercarse mucho más hacia mí.

-Te ataron con… cadenas.

Yo solo asentí con la cabeza, no sabía que podía decir ante todas estas obvias observaciones. Tomo con sus manos las cadenas y las toco un poco, y me miro.

-¿Tenes la llave?

Realmente no estaba del todo seguro a como contestar a eso, tal vez me había apresurado a pensar que la traumática situación que hubiera experimentado recientemente no le había dejado ninguna secuela psicológica, quien sabe por lo que esta pobre chica vivió. Así que hice lo mejor en evitar juzgarla.

-No, por desgracia no se molestaron en dejarme una copia- respondí lo más tranquilamente posible.

-Que mal- respondió ella, lo que me pareció bastante correcto.

Se había sentado en el suelo a poca distancia y frente a mí. Los dos nos quedamos unos momentos en silencio.

-Soy Anna, por cierto- dijo de pronto, como en respuesta a una pregunta que no recordaba haber hecho.

-Morgan- respondí, intentando hacer lo más civilizada posible nuestro encuentro.

-Y vos, ¿Cómo terminaste en este lugar?- pregunte.

-No se- respondió, lo cual me pareció bastante extraño, incluso considerando toda la situación.

-¿Y vos?- pregunto ella, lo cual me pareció bastante lógico, y para ser honesto, debería haber esperado esa pregunta. Pensé en no responder, o por lo menos, darle una respuesta tan criptica como había sido la suya, pero considere que no iba a ser muy caballeroso de mi parte mentir en el inicio de esta curiosa relación que se estaba entablando entre nosotros.

-Bueno, para ser honesto, fui atrapado por los dueños del lugar.

-¿Por qué?, ¿Qué estabas haciendo?

No respondí, tenía la esperanza que su capacidad mental fuera la suficiente como para darse cuenta por sí misma, pero considerando el misterioso y traumático evento que imagine había pasado tan recientemente, no me hice muchas ilusiones.

-¿Estabas robando?

Me sorprendió un poco lo relativamente rápido en lo que llego a esa conclusión. Yo solo respondí apretando mis labios y asintiendo levemente con la cabeza.

-¿Vos sabes de quien es esta casa?

No sabía exactamente quién era el propietario de la vivienda, pero sabia a lo que ella se refería.

-¿Estás loco?, ¿Por qué hiciste eso?

-Bueno, esperaba una gran cantidad de dinero… aunque también esperaba que la casa estuviera bacía.

-Te equivocaste.

-Evidentemente.

Nos volvimos a quedar en silencio, supuse que el enterarse de mi ocupación la había perturbado un poco. Al parecer tenía un peor concepto de los ladrones que de los secuestradores, supuse que una rareza más no iban a alterar la situación mucho más.

-Creo que deberíamos intentar escapar de acá- finalmente dije.

-Si decís eso, es porque obviamente no sabes quienes son estas personas.

-Lo digo porque se quienes son, y también estoy seguro que sus planes a corto plazo para nosotros no son muy esperanzadores.

No dijo nada, al parecer ella ya había aceptado su destino, pero yo no, así que comencé otra vez a mover las cadenas con todas mis fuerzas, intentando que algún milagro ocurriera esta vez, y finalmente lograran abrirse, pero una vez más no tuve éxito.

-Y vos, ¿Por qué estas acá?- volví a preguntar.

-Ya te dije, no sé.

-Bueno, obviamente eso es una mentira, y considerando que yo si fui honesto, y que además, los dos debemos estar viviendo los últimos momentos de nuestras vidas, sería muy lindo escuchar tu verdad.

Dio un gran suspiro y no dijo nada.

-Bueno, supongo que seguiremos en silencio entonces- dije.

-Si logramos salir de acá, si por algún milagro nos escapamos de esta casa, ¿Cuál crees que sea la probabilidad de que esta gente no nos atrape?

-Mucho mayores de la que nos quedemos acá sentados sin hacer nada, eso es seguro- le respondí firmemente.

Ella volvió a suspirar, se levanto y camino hasta donde yo me encontraba sentado, tomo la punta de las cadenas, y luego se unos extraños movimientos sentí como estas caían al suelo junto con mis brazos. Los tenia completamente libre, no lo podía creer, la mire totalmente asombrado.

-Bueno, vamos- dijo muy seriamente.

Obviamente las extrañezas de la noche no habían terminado.


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