No eres nadie

Por José Ángel Muñoz Moreno
Enviado el 02/03/2013, clasificado en Intriga / suspense
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Esta era la frase que su madre solía decirle. Siempre, en cada momento del día y sin importar con quién estuviese. Su madre le odiaba, ella siempre había querido tener una hija, no un niño. Había querido abortar pero su marido se lo impidió. La relación madre hijo nunca había existido, era una relación muy tensa, sin una sola palabra de cariño, de apoyo, de afecto. Él había correspondido con amenazas y casi llegó al maltrato físico. Su padre sabía de la disputa entre los dos pero nunca supuso que Sergio llegaría tan lejos. Un día llegó antes de trabajar y cuando entró en casa encontró a Sergio en el sofá viendo la televisión.

-Hola hijo-dijo Matías, su padre- hoy he salido antes de trabajar, así puedo emplear más tiempo en mi novela. ¿Carmen? ¿Carmen? Cariño, ¿dónde estás? Sergio, ¿sabes dónde está tu.....

- No- cortó Sergio- sólo sé que dijo algo de un supermercado y de toda la mañana o algo así. En realidad me da igual donde esté.

- Sergio, no puedes ser así con tu madre. Sé que ella no te trata como debería pero sí demuestras cariño hacia ella quizá las cosas cambian.

En ese momento Sergio se levantó y fue  a abrazar a su padre. Después sonrió.

-Tranquilo papá, creo que dentro de poco todo cambiará. Confía en mí. Me voy a sentar un rato en el jardín, ¿vale? Luego nos vemos.

Sergio salió al maravilloso jardín de la casa. Lleno de árboles, flores y hasta un pequeño huerto donde cultivaban. Se sentó en una tumbona. Al lado se veía un hoyo que se había intentado tapar con arena. Se quedó un rato mirando la vegetación hasta que decidió hablar.

- ¿Qué tal estás ahí Carmen?- preguntó mirando el hoyo tapado-¿estás bien? ¿Quieres que te traiga algo para beber? Te lo avisé. Te dije que si seguías tratándome tan mal, con tanto desprecio e indiferencia llegaría un día en el que te pasaría algo mal. Y ese día ha llegado. Has despertado en una caja bajo tierra, donde vas a pasar tus últimos momentos. Por cierto Carmen, sí soy alguien, soy quien te ha metido ahí, quien está dispuesto a dejarte morir, quien sabe que solo eres una zorra que solo quieres a mi padre porque va a escribir un libro que tendrá mucho éxito. Soy Sergio, y tú no eres nadie y nunca lo has sido. Creo que te quedan unos cinco minutos de aire en la caja. Tú sabrás qué haces con ese tiempo.

Oyó cómo alguien salía al jardín. Su padre. Sergio intentó impedírselo.

-Papá, qué bien que hayas venido, estaba deseando ver contigo las.... noticias, sí, las noticias. Entremos al salón.

-Sí, claro vamos a ver la televisión ahor... Espera, ¿qué es eso? ¿Has cavado un hoyo? ¿Por qué? ¿Qué has metido dentro?

-Papá, nada importante, no merece la pena que perdamos tiempo en eso. Vamos a ver la televisión, en serio.

Pero su padre se había acercado al hoyo y había empezado a quitar arena con una pala que tenía en el suelo. Gotas de sudor inundaban la cara de Sergio ante lo que pudiera suceder. Matías siguió cavando hasta que encontró una cajita pequeña.

-¿Ves papá?- recordó Sergio- te dije que no era nada importante. Tranquilo, tú entra en el salón, ahora lo arreglo yo.

-Lo siento Sergio, es que pensé..... Lo siento, no sé por qué he pensado eso de...

Unos gemidos que provenían del hoyo callaron a Matías. Se lanzó a quitar arena y tierra con las manos, uñas. Tenía que hacerlo rápido. Los gemidos se hicieron más fuertes a medida que cavaba hasta que se finalmente se extinguieron. Encontró una caja de metro y medio a unos dos metros de profundidad, no podía abrirla, tenía un candado. Con desesperación cogió la pala y dio grandes golpes al candado. Un chasquido metálico y la caja se abrió. Gritó y sacó a una mujer pelirroja en brazos.

-Carmen, Carmen, cariño, abre los ojos- susurraba con dulzura- yo te quiero, lo sabes. Si los abres nos iremos a Bélgica como tú querías, ¿eh? Por favor, por favor.....

Finalmente, dejó a su mujer en el suelo y lloró. De impotencia, de no haber llegado antes, de la muerte de su amor. Con una cara de odio miró a su hijo. Éste le miraba sonriendo.

-Te dije que todo iba a cambiar, ¿no te acuerdas? Ahora sí podemos ser una familia de verdad.

Matías montó en cólera. Se levantó y fue hasta su hijo a quien derribó de un puñetazo. Ya en el suelo, recibió más patadas.

-Fuera. ¡Fuera de mi casa! ¡Has matado a tu propia madre! Tú no eres mi hijo y no lo volverás a ser. Quiero que abandones esta casa inmediatamente. No quiero volver a saber de ti nunca más. Y te  aviso, la próxima vez que te acerques a mí o que simplemente te vea no tendré ningún reparo en utilizar un arma para reventarte tu puta cabeza. ¡Fuera ya! ¡Fuera!

Sergio cruzó la puerta por última vez. Vio a su padre llorando, arrodillado en la tierra, abrazando a su esposa. La última vez que le vio.

 


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