Tres sumisas para mí en una casa rural (Capítulo 1A)

Por T.ahotlo
Enviado el 08/11/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Nunca había alquilado una casa rural, aunque siempre me atrajo la idea.
Planeando las vacaciones de Agosto empecé a indagar por Internet a ver que me gustaba; era el primer año de vacaciones solo, después de divorciarme de Ramona y lo que yo deseaba este verano era algo tranquilo y bonito. Viendo las ofertas encontré una habitación en una casa rural que era una hospedería, y reserve en la web.
Viajar al norte con el calor que hacía en Córdoba me llenaba de ilusión, al llegar me recibió el dueño, que me dijo los horarios de las comidas y me acompañó a mi habitación la cual me pareció muy espaciosa e iluminada, Paco (Así se llamaba el propietario) me dio la llave, que era una tarjeta magnética y me dejo solo, me dijo que cualquier cosa que necesitará se lo dijera; se veía muy amable.
Decidí echarme una siestecita antes de la cena ya que llegue al medio día, pero no podía con el escándalo de la habitación de al lado, se oían risas y suspiros y a veces canturreos, solo escuche voces de mujer ¡pero qué escandalosas eran! ¡Qué cabreo!
Salí al pasillo y toque en la puerta de la habitación de al lado (Estaba claro que las risotadas salían de allí) salió una joven de unos veintiocho años más o menos que me dijo " Hola” ¿qué quieres? ¡Salió al pasillo solo con una camiseta muy corta y ajustada a la cintura, a la altura del ombligo y ninguna otra prenda de vestir, ni interior ni exterior! Debajo de esa camiseta se dibujaba su pubis, una rayita de pelos estrecha pero espesa de color rubio natural, centímetro y medio de pelos de Ángel de aquella Rubia platino, sus caderas eran rotundas, su cintura perfecta, tenía el cabello corto y rapado en la parte derecha de su cabeza, su belleza y sonrisa ¡increíbles!
- ¡Venga dime qué quieres que te has quedado pasmado mirándome el coño! ¿Nunca has visto un coño tío? Jajaja -dijo ella.
- Como el tuyo de bonito ninguno, ¡Pero que ninguno! ¡Contra que no! -le conteste yo.
Debajo de esa cinta de pelillos rubios había unos labios mayores como modelados, gruesos pero armónicos, que dejaban salir un poco los labios menores, rosados y perfectos; pétalos… (Perdonad que me enrolle pero me quedé extasiado) además, la estampa en conjunto ya deslumbraba por sí sola porque la impresión de ver una mujer deslumbrante con camiseta estrecha y un buen cuerpo desnudo de cintura para abajo, hasta los pies (Uñas pintadas de negro por cierto) era una visión muy excitante.
También le dije el motivo de mi visita, pero aminorando el enfado al mínimo, ¡qué digo al mínimo, lo aminore al cero por ciento! Casi me disculpe por haber llamado.
-No te preocupes que procuraremos ser más silenciosas, nosotras somos tres amigas, de viaje de placer, hemos jurado divertirnos a tope; yo me llamo Sara y esa del fondo que te saluda sentada en la butaca es Virginia, y la que está de rodillas comiéndole el coño a Virginia se llama Ingrid (Ingrid saludo de espaldas sin dejar de comerle el coño a Virginia, la cual tenía sus piernas en los reposabrazos de la butaca, abiertas como una rana) como ves estamos pasándolo muy bien. –dijo Sara.
Le dije que porque todas llevaban solo una camiseta blanca y estrecha ajustada a la cintura como única prenda y que si eran lesbianas a lo que me contestó que se habían hecho la promesa todas ellas de llevar solo esa camiseta dentro de la habitación, durante toda su estancia en la hospedería también me dijo que no eran lesbianas, o por lo menos hasta ahora que ellas supieran, que eran amigas desde hace muchos años y nunca antes habían hecho sexo entre ellas, pero que llevaban tres días en aquella habitación bebiendo y jugando con el coño al aire y la excitación llevo al deseo de satisfacerse entre ellas.
-¿Quieres una copa guapetón, que estas muy bueno madurito? –dijo Sara.
(Muy bueno para mis cuarenta y cinco años era todo un halago y más viniendo de estas tres esculturas, la verdad es que hago deporte y dicen que soy atractivo, aparte de mi pollón, pero eso ellas no lo sabían)
-¿Cómo es que las tres estáis tan súper buenas? -Les dije con curiosidad.
-¡Somos azafatas de congresos y trabajamos juntas en eventos! ¿Bueno te apuntas vecino?-dijo Virginia desde la butaca con sus piernas abiertas.
- Claro que me apunto -le conteste.
No había estado con ninguna mujer desde que me divorcie de Ramona, un poco depre para buscar compañía íntima. En este momento, estar rodeado de tanta belleza y sensualidad me tenía el pene apretado entre las costuras de mi pantalón; al entrar en la habitación vi que era el doble de grande que la mía, con una cama de matrimonio y otra individual, al fondo un ventanal que dejaba ver una preciosa vista de las montañas del norte de España.
- ¿Cómo te llamas? -Me dijo Sara, la rubia platino que me abrió la puerta.
-Me llamo Antonio.
Entonces Sara me sirvió una copa de pacharán con hielo y empezó a contarme el pacto de sumisión que habían hecho las tres; me dijo que habían firmado un documento voluntariamente en aquella habitación prometiéndose entre ellas hacerse sumisas del primer hombre que entrara en la habitación (A excepción de el dueño de la casa rural) siempre que ese hombre quisiera, se lo tomara en serio y firmará el documento aceptando la sumisión de aquellas tres mujeres por el periodo de un año, renovable sólo por decisión de ellas tres y comprometiéndose el hombre a aceptar no hacerles daño, solo juegos sexuales y órdenes de cualquier índole. Yo me tomé la copa con serenidad pero con gran excitación mental y física y les pregunte.
- ¿Si firmo puedo ordenaros lo que quiera?
Me contestaron que sí, excepto hacerles daño, además ellas se habían jurado no incumplirlo y si alguna lo incumplía seria olvidada e ignorada de por vida por las otras. Cuando me acabe el pacharán decidí que ya estaba bien de vivir alejado del sexo, ya hacía casi un año de mi divorcio; Ramona ya había rehecho su vida y yo tenía que hacer lo mismo, solo que yo lo haría de un modo muy diferente "De dominador” les dije a las tres que me trajeran el documento que lo firmaría, que aceptaba su petición de ser su dominador, trajeron una carpeta.
- Antonio aquí tienes el contrato firmado por nosotras tres, solo falta que lo firmes tu, son cuatro copias una para cada una y otra para ti, léelo – dijo Ingrid.
Leyéndolo vi que ponía que podía utilizarlas a mi antojo y que sólo yo podía romper el acuerdo en cualquier momento, tan solo tenía que avisarles diciendo que rompía el compromiso; por su parte ellas no podrán romperlo, solo podían renovarlo o no al año.
- Dame el bolígrafo que estoy de acuerdo -dije yo.

(Continuará)
Tahotlo 2015
(A.L)


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