Tres sumisas para mí en una casa rural (Capítulo 1B)

Por T.ahotlo
Enviado el 08/11/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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- No Sara no, la crema no es para mí, es para ti. Quítate la camiseta y arrodíllate delante de mí con los cachetes bien en alto y la cabeza agachada, de espaldas a mí -Le dije a Sara.
Empecé echándome un buen puñado de crema en la mano izquierda, de la que cogí con la derecha y le comencé a introducir mi dedo índice por su ano con bastante crema, metiéndolo y sacándolo a la vez que le dije
- ¡Este es el premio que te dije para antes del desayuno Sara!
Continúe con dos dedos el índice y el medio, Sara hizo un gesto de dolor.
- Te duele Sara ¿Quieres que pare? -le dije
Firme las cuatro copias y entregue una a cada una y me quedé con la cuarta.
-Ya está ya somos tus sumisas, tu ordena y obedeceremos -dijo Virginia.
-Estupendo, quiero que como prueba de que esto no es una broma empecéis con una sumisión ahora mismo, quiero que me hagáis una mamada las tres a la vez, aquí mismo como estoy de pie y quiero que cuando me corra os comáis hasta la última gota, porque esa será vuestra única cena hoy ¡A! y otra cosa, quiero que os dirijáis a mí como "Señor"¡Entendido!
- Sí señor -dijeron las tres al unísono.
Me baje el pantalón hasta las rodillas (Mi pene estaba que reventaba) Sara sin demora se metió el glande en la boca y lo apretó con sus labios, Ingrid al mismo tiempo se tiró al suelo y comenzó a absorber los testículos y tirar de ellos un poco hacia abajo, Virginia desde un lateral no dejaba de darme lengüetazos en el tronco del pene de arriba abajo y de derecha a izquierda ( Me quería morir de placer) Sara empezó a introducirse el pene cada vez más adentro hasta que se lo metió entero; diecinueve centímetros de pene que además es grueso y cabezón, me dio con la nariz en mi pubis ¡No lo pude evitar! Estando mi polla dentro de la boca de Sara me corrí en tres golpes, notaba el caudal de leche subir por la uretra dentro de mi pene, Sara sintió una arcada y el semen le rebosó la boca, un hilo blanco bajaba por su barbilla.
-¡Virginia que no se pierda ni una gota, que es vuestra cena hoy! –le hice saber.
Virginia comenzó a darle lengüetazos a Sara por la cara, mientras tanto Ingrid lamía mi pene con gran esmero repasando una y otra vez cada zona de mi pene y de mis testículos, luego lamió dos gotas del suelo.
Después me subí el pantalón y les dije:
- Cómo ya habéis cenado quiero que os acostéis mientras yo doy un paseo por el pueblo y ceno algo para reponer fuerzas, quiero que desde ahora estéis en total silencio hasta por la mañana, a ver si puedo dormir tranquilo, mañana ya veré que hago con vosotras, por lo pronto ir echando a suertes quién de las tres dejará su trabajo después de mis vacaciones y se vendrá conmigo a Córdoba de sirvienta sexual y de limpiadora ¡cómo nos vamos a divertir!
- ¡Sí señor! – respondieron las tres a la vez.
Salí al pueblo e hice fotos de sus calles, un lugar precioso para pasar Agosto, cene en un restaurante un chuletón de ternera con verduras salteadas, regado con un vino tinto buenísimo (La gran mamada me había dejado exhausto) me acordé de ellas cenando, sólo cenaron mi eyaculación, tendrían hambre pensé, pero querían ser mis sumisas, así que sarna con gusto no pica.
Al regresar a mi habitación estaba todo en silencio, no se oía ni una mosca, dormí toda la noche, por la mañana llame a su puerta y me abrió Virginia.
- Buenos días señor.
Entre sin contestar, Sara e Ingrid estaban acostadas pero con los ojos abiertos, les dije que se levantarán y me dijeran a quien de las tres habían decidido que me llevara a Córdoba, Sara me dijo que a Virginia, porque era la que no estaba pagando hipoteca y podía prescindir del trabajo.
- Virginia estás de acuerdo.
- Sí Señor.
- Virginia no tendrás que dejar tu trabajo, solo era una prueba para ver hasta qué punto podríais cumplir lo pactado.
-Muchas gracias señor -dijo Virginia.
-¿Podemos ir a desayunar señor?-preguntó Sara.
Le dije que Virginia e Ingrid si podían ir, pero ella estaba castigada por pedírmelo, que yo se lo habría dicho en breve.
- Tu vas en el segundo turno ahora te daré un trabajo.
Cuando Virginia e Ingrid salieron de la habitación cerré la puerta y le dije a Sara que trajera una maquinilla de afeitar de las suyas íntimas, jabón, una zafa pequeña con agua, unas tijeras y una toalla que me tenía que arreglar los bajos (Desde que me dejo Ramona por otro, hacía nueve meses no me había recortado los pelos de mis partes íntimas, antes siempre los tenía muy arreglados) puse la toalla en el filo de la cama, me desnude entero y me senté encima.
- Sara quiero que me afeites los huevos, el ojete y los laterales del pubis y que me recortes el resto de pelos del pubis cortitos, cuando acabes te dejare desayunar, después de darte un premio, pero hazlo con mucho cuidado, porque si me haces un corte te mandaré a lo alto de la montaña desnuda ¡Entendido!
-¡Sí señor Antonio¡
Sara comenzó a mojar una brochita en la zafa pequeña y agarro mi pene y lo alzó en alto para comenzar a enjabonarme los testículos y el culo, yo alcé las piernas para facilitarle la labor, ella pasaba la maquinilla con esmero estirando la piel de mi escroto para que la maquinilla se deslizará mejor, cuando acabó con el afeitado comenzó con las tijeras a recortar uniformemente mi pubis; mientras tanto mi pene ya se había desperezado y la miraba a los ojos casi erecto, puesto que este trabajo lo hizo Sara de rodillas. Al acabar me enjuago y me seco con una toalla limpia.
- Tráeme un tarro de crema para las manos por favor -le dije con amabilidad.
Ella trajo un bote de crema pequeño y me pregunto.
-¿Quiere que le unte yo la crema Señor?

(Continuará)
Tahotlo 2015
(A.L)


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