Canduterio

Por Fabio
Enviado el 19/09/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Canduterio era un chico elegante y fino que despertaba una agradable simpatía.

Por lo menos así se auto-percibía cuando sonreía a los cabizbajos transeúntes que se cruzaban a su paso , no era para menos puesto que su aspecto intensamente corpulento y su extraño caminar imponían un respeto prudente .

Subía al autobús dando un saltito que hacía oscilar al pesado vehículo e intentaba establecer una conversación fluida que nadie le negada aunque fuese renuentemente.

Llegado al destino descendía con otro saltito que volvía a hacer oscilar el pesado vehículo,

Saludaba al paso de las caras conocidas aunque nunca hubiera conversado previamente con ellas y canturreaba alguna cancioncilla macabra esbozando una inquietante sonrisa mientras paseaba sin rumbo fijo .

Un día se encontró un señor que observaba con ojos lascivos la entrepierna de una despistada jovencita sentada en un banco del parque , al verlo tan atento se puso a su lado y al contemplar el evidente contraste de colores blanco y negro que resaltaban le preguntó de que se trataba el asunto , el hombre algo perplejo le contestó con cierto desdén que ya era grandecito para saberlo , aquellas palabras no gustaron a Canduterio , pero lo más repulsivo fue la forma en que los ojos altivos del fortuito voyeur lo repasaron con repugnancia mientras replicaba , acto seguido esos ojos ya sectarios volvieron a su decidido objetivo al tiempo que le sugería que se marchase a otro sitio a molestar .

¿molestar?, se preguntó Canduterio a su tosca manera ,e intentó comprender que interés podía tener este señor en repetir tal hipnotizante acto al punto que lo tratase como un irritante elemento perturbador, acto seguido desestimó el complicado razonamiento y sin dilación volvió a preguntarle al señor por esos pelillos oscuros que lo tenían en trance , el señor ya bastante irritado lo mandó a la mierda ,! nunca nadie lo había tratado así ! , su sangre comenzaba a hervir, pero se acordaba de las palabras del viejo párroco del barrio que le decían que la violencia no era un buen argumento y que al señor no le gustaban los actos violentos, sobre todo después de noquear sin piedad al último aspirante a chulito del barrio porque se atrevió a llamarle “mongo” y al que le tocó pasarse seis rigurosos meses de penuria en el hospital.

Realizando un acto inédito en su vida Canduterio hizo acopio de todo su limitado espectro mental y le dijo al peculiar señor que lo que había dicho no estaba bien y que hiciera el favor de disculparse , el irritado voyeur en su lasciva adicción no hizo más que volverlo a enviar a la mierda añadiendo la palabra “subnormal” al abultado repertorio de lindezas, sus ojos destilaban un desprecio que Canduterio no había percibido en su vida , la cara arrugada y rabiosa , enseñando los dientes ,le recordaba al mastín del vecino cuando se acercaba a la valla .

Canduterio no lo sabía, pero él era un pura sangre de lo instintivo , no tardó en responder al reto animal que se le presentaba, su espalda se empezó a tensar , las venas de sus brazos crecían por momentos y sus manos ansiaban agarrar, los pensamientos superiores se desvanecían , su rabia era como el sol amanecer cuando lo va iluminando todo , tan solo una nubecilla generaba una tenue sombra , eran las palabras del párroco resonando en su cabeza , el hábil párroco que logró convertir parte de su innata rabia en culpa había hecho mella en su despoblada mente.

Haciendo gala de sencillez a la resolución del conflicto planteado agarró al señor por el pescuezo y lo elevó cual conejo indefenso a un metro del suelo sin hacer el menor caso de los improperios del sorprendido voyeur , sus dedos atenazantes casi tapaban los ojos aterrados de la presa y las piernas corrían en el aire , obcecado y decidido avanzó Canduterio con su particular carga en la mano izquierda y se dirigió hacia la muchacha observada, sin mediar palabra y ante la atónita y petrificada mujer hundió la cara del voyeur en la entrepierna de la muchacha a la par que decía !!Hágase tu voluntad ¡!.


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