En su despacho profesor....7...[Visita y traición]

Por Satine1991
Enviado el 19/09/2015, clasificado en Adultos / eróticos
15095 visitas

Marcar como favorito
Relato patrocinado por:
MiPlacer.es - tienda erótica orientada a la sexualidad femenina
Envíos rápidos y discreto a España Peninsular. Asesoramiento, buenos precios. Compra con seguridad y confianza.

Se miraba en el espejo terminando de abrochar su camisa. Un vistazo más al pelo y a su reloj. Iba a llegar tarde, tenía que dar clase a primera hora. Pablo atravesó el pasillo de su casa y se paró en la puerta del dormitorio. Allí estaba ella, su esposa. Se abotonó pensativamente los puños de la camisa. Sabía que se estaba equivocando, que aunque ella le hubiera hecho tanto daño su comportamiento no podía justificarse. 

Siguió caminando hasta el salón y cogió su móvil. Ningún mensaje. Buscó una foto de Sara que le había tomado mientras ella estaba descuidada un día en su despacho. Aparecía concentrada leyendo unos folios. No pudo evitar sonreír. Recordó la noche anterior en el restaurante. Había sido la amiga de ella quien había llamado a la puerta. Eso le hizo caer en la cuenta de lo lejos que estaban llegando. Pero no podía evitarlo. Levantarse cada mañana pensando que la vería le hacía sobrellevar la jornada de manera diferente. 

Cogió su americana, llaves y maletín. Tenía que tomar una determinación a pesar de las posibles consecuencias. Condujo hasta la universidad. Saludó a un par de colegas en el aparcamiento y mientras tanto vio a Sara cruzar con unas amigas. Ella no le había visto. Se resistió a decirle nada y subió a su despacho. Buscó lo que tenía preparado para la primera clase y fue al aula.

Y como siempre allí estaba ella, en primera fila. Sola. ¿Por qué se sentaba sola? Bueno sabía que los demás se quedaban detrás para poder fingir mejor prestar atención. Simplemente con la mirada que le lanzó consiguió que tuviese que carraspear antes de comenzar con la clase. Si se volvía a escribir algo en la pizarra notaba su mirada clavada en la espalda. Sentía sus manos ascendiendo por su pecho, quitándole la camisa, sus piernas rodeándole las caderas o sus gemidos pidiendo más.

Intentó quitarse todo eso de la cabeza. Concentración. Necesitaba concentrarse.

- Aunque el origen del término Rococó nació siendo despectivo terminaría definiendo un estilo muy particular.

Se dirigió a la mesa y mientras seguía hablando anotó algo en un folio. Cuando apenas quedaban unos minutos dio permiso para salir y entre el barullo bajó de la pequeña tarima. Sara estaba hablando con un compañero. Pablo no dijo nada, simplemente le entregó a ella un papel y se marchó de allí.

Ella intentaba disimular sus ganas de leerlo. Cuando el chico se despidió por fin lo pudo abrir: “Aparcamiento 15.30”. Aún quedaba media mañana. Suspiró y sintió como un escalofrío le recorría todo el cuerpo. Pasó el resto del día sin dejar de pensar en él, en qué estaría pensando, en qué querría. Recordaba de manera muy clara su último polvo en el restaurante.

Cinco minutos antes de la hora indicada fue al aparcamiento. Sabía cuál era su coche pero esperó apoyada en otro a unos cuantos metros. Y le vio. Con su maletín, la americana colgada del hombro y sus gafas del sol puestas. Sacó la llave del coche y con un gesto imperceptible le señaló el coche. No cruzaron palabra. Ambos se subieron sin mirarse. Arrancó y una vez hubo salido del aparcamiento se quitó las gafas de sol y pareció relajarse.

- ¿Dónde vamos?

- A mi casa- y acto seguido le llevó la mano a la rodilla.

Sara no dijo nada. Sólo quitó su mano, se volvió hacia él y empezó a desabrocharle el pantalón.

- ¿Qué haces?-Pablo seguía con las manos en el volante y la miraba estupefacto.

- No seré la única sorprendida del día-y bajándole la cremallera se inclinó sobre él.

Él continuó conduciendo mientras la sentía acariciando su polla por encima del pantalón. Se moría por mirar sus avances pero se conformaba con echar rápidos vistazos. Notó su boca humedeciendo el calzoncillo y su lengua juguetona. Su polla parecía estallar entre sus manos.

- Tenga cuidado señor conductor.

Y acto seguido introdujo la punta entre sus labios y su lengua rodeaba lentamente el glande. Pablo respiró hondo. Paró en un semáforo y no pudo evitar ponerle la mano en la cabeza y empujar hacia abajo.

Cuando notó que él aparcaba, Sara se levantó y le lanzó una mirada pícara antes de bajarse del coche y mirar donde estaban. El barrio era uno de los mejores de la ciudad. Abrieron la verja y subieron los escalones sin hablar hasta la puerta. Mientras Pablo metía la llave en la cerradura ella le abrazó por detrás y llevó una mano de nuevo por la bragueta.

En cuanto estuvieron dentro la cogió y la llevó a la cocina. La subió a la mesa y se puso entre sus piernas besándola.

- No te das cuenta de que nos podía haber visto-y él le quitó la camiseta.

- Si me has traído aquí es porque en realidad no tienes miedo-le desabrochó el pantalón y ya tenía entre sus manos su polla.

Pablo la obligó a bajar de la mesa y darse la vuelta. Ella se quedó inclinada y de espaldas a él, que no tardó en desnudarla por completo y empezar a follarla desde esa posición. Se moría por follarle ese culito que veía pero decidió dejarlo para la próxima vez. La cogió del hombro y la puso de frente a él. Se sentó en una silla y la subió sobre él. La sujetaba de las caderas para introducirse en ella lentamente mientras le mordía los pezones.

Cuando se apropió por completo de ese coño, agarrándola del culo la movió de adelante a atrás, y con el roce ella echó la cabeza hacia atrás mientras murmuraba incoherencias.

- Quiero terminar en tu boca- y la besó. Ella votaba sobre él y sentía el sudor que unía sus cuerpos.

Se levantaron y ella se arrodilló. A él le hervía la sangre cuando la veía así. Se metió la polla en la boca y no tardó en correrse. Lo hizo susurrando su nombre y acariciándole el pelo. Al terminar se fueron al salón y se tumbaron en el sofá.

- La casa es bonita. Bueno, al menos lo poco que he visto-dijo ella. Él no respondió. Se limitaba a acariciarle el brazo lentamente con el pulgar.

Pero ella siguió hablando.

- ¿Por qué me has traído aquí?

- Porque he querido.

- Con las cosas que estás haciendo últimamente parece que quieres que nos descubran-cuando Sara dijo esto le miró a los ojos.

- Vaya, pues todavía no te había escuchado de quejarte-Pablo se dio cuenta de que no debería haber dicho eso en cuanto las palabras salieron de su boca.

Ella no dijo nada. Se levantó, se vistió y cogió sus cosas.

- Sara...Por favor espera...

Pero ella ni siquiera le miró y se marchó. Pablo cogió lo primero que tenía a mano y lo lanzó contra la pared maldiciendo.

----------------------------------------

Mientras tanto en la universidad, concretamente en la última planta, una mujer caminaba con pasos decididos hacia la puerta del rector. Llamó y esperó el consentimiento para entrar. Era un hombre con aspecto serio.

- Buenas tardes. Mi secretaria ha dicho que estaba usted insistiendo en hablar conmigo.

- Sí, gracias por atenderme. Tengo algo que decirle sobre uno de los profesores. Algo que creo que le va a interesar bastante...


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com