Doceava

Por Tidus XII
Enviado el 16/09/2015, clasificado en Fantasía
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El chico comió algo mientras veía la tele, para después acostarse, había llegado tarde a casa, se había pasado la hora de la cena bebiendo con los amigos y se fue pronto a casa para poder acostarse y así poder madrugar al día siguiente.

El reloj sonó.

Noticias de última hora- Se cambió de repente el programa de comedia por uno de noticias- Ha ocurrido una suceso sin igual, ha aparecido un monstruo en la capital; pedimos a todos sus habitantes que huyan lo más rápido que puedan, una especie de mujer colosal a aparecido y ha comenzado a derribar edifico; repito, márchense lo más rápido que puedan.

Tras el comunicado, el joven se acercó a su ventana para intentar observar lo ocurrido, a 30 kilómetros de su piso se encontraba el campo de batalla, perfectamente visible desde la azotea de su piso, el piso 103 de su edificio; se veía el fuego y el humo ascendiendo al cielo.

Como jugador sabía que algún día se acabarían sus días de tranquilidad, así que se decidió ir  al escenario, a presenciar el poder del otro participante, antes de salir cogió dos bolsas con las preparaciones.

Cogió el coche hasta uno de los edificios cercanos al gigante, subió en ascensor a la azotea y observó como iba a pisar a una niña que se encontraba corriendo en la carretera intentando escapar, pero en el último instante evitó pisarla.

La colosal se acercó a la niña para observarla mejor, y esta huyó, cabreando la más, la gigantesca mujer siguió rompiendo los edificios de alrededor, pero de una forma caótica, se encontraba confusa, seguramente era la primera vez que usó su poder.

Debo matarla.- Fue el último pensamiento del chico con ojos marrones, rápidamente se puso en acción.

Con su poder se copio una y otra vez y cada una de sus copias cogió un arma y se empezó a movilizarse entre los distintos rascacielos, la mayoría de ellas eran fusiles de largo y medio alcance, el resto eran granadas y RPGs.

Una enorme cantidad copias fueran creadas, no se diferenciaban ni en un pelo, una vez repartidos entre los distintos edificios alrededor de la gigante, las copias comenzaron a disparar, mientras el original se retorcía d dolor en el suelo apretándose el pecho, el causante de su dolor era el efecto secundario de su poder.

La mujer colosal lanzó un rugido al suelo producido por el dolor, y comenzó a destruir los edificios donde se posicionaban las copias, miles de copias salían disparadas, y el joven original fue movido por unas 5 copias suyas hacia los edificios más lejanos del gigante, pero dentro del rango de su poder.

Más edificios destruidos, copias muertas por el suelo y entre los edificios. Muerte y Destrucción era lo único que se observaba, el pobre principiante solo podía cerrar los ojos y retorcerse de dolor, era la segunda vez que usaba su poder, la primera solo fue para ver que era capaz de hacer y conocer sus limites, pero solo había hecho una copia, es por ello que no conocía el dolor que producía su poder.

Poco a poco se recuperaba, al llegar al edificio, el muchacho ya podía ponerse en pie y así observar el campo de batalla, se escuchaba un sonido ensordecedor.

Helicópteros, se escuchaban las hélices de los helicópteros, los militares vinieron ya con los misiles, el chico vio desde la ventana como los disparaban, el corazón se le puso en un puño se agacho y se tapo los odios con las manos y cerro los ojos lo más fuerte que pudo.

El sonido de algo grande cayendo al suelo hizo que el hombre corriera con todas sus fuerzas hasta el lugar de los hechos, el gigante había desaparecido, un campo de flores la había remplazado, un poco más adelante se podía ver el cuerpo de una chica, se acercó, se arrodilló, y puso la cabeza en su pecho.

Gracias.

La última palabra de la joven fue un agradecimiento hacia su salvador, el joven entre lágrimas dejo el cuerpo entre las flores, se levantó.

Miró a su alrededor y vio todos los cadáveres de sus copias, copias tan perfectas que por un instante le hicieron pensar que el mismo estaba muerto también.

El joven no podía seguir continuar erguido, el peso su alma le hizo caer rendido en el suelo, el dolor de su pecho se incrementó, pero su dolor no era producido por su poder, sino por su impotencia por no poder salvar a nadie.

El joven harto de tanto dolor, de tanto sufrimiento, de tanta soledad... cogió la pistola que siempre guardaba en su bolsillo.

Apuntó, apretó el gatillo y disparó.

El sonido del disparo inició la expansión del frió silencio.

Las flores comenzaron a marchitarse.


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