La aparición

Por Manuel Olivera Gómez
Enviado el 22/09/2015, clasificado en Ciencia ficción
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LA APARICIÓN

 

 

Cuando comencé a contarle todo lo que sabía al policía medio analfabeta que vino a hacerme preguntas, me miró con una sonrisa de superioridad, como queriéndome decir que yo estaba medio loca, y que él no tenía tiempo para escuchar esas boberías. Por tanto, opté por guardar silencio, y le dije que me disculpara, que hablaba por hablar, y que era mi imaginación fantasiosa, que a veces me hacía ver fantasmas donde no los había.

 

Pero el fantasma, o eso que vio Felicia, era real. Al menos para ella.

 

La mañana siguiente a su primera visión, me tocó a la puerta con la cara muy demacrada por el mal dormir.

 

-¡Ay, Teresa, lo que me ha pasado! –fue su saludo-. ¡Creo que anoche se me apareció un muerto!

 

Como sabía que yo había vivido toda la vida en aquel edificio, me preguntó si en su departamento se había muerto alguna vez un niño chiquito. Cuando le aseguré que no, que allí nunca había muerto nadie, me dijo que lo preguntaba porque la aparición era alguien muy pequeño. Estaba junto a su cama, observándola. Ella quiso despertar e incorporarse, pero no pudo. El cuerpo no la obedecía, y aunque los párpados se negaban a abrirse del todo, si llegó a apreciar el tamaño de aquel ser que tenía delante. Quiso mirarle el rostro, pero se le mostraba difuso, y sólo consiguió verle los dientes, que eran enormes y castañeteaban, como si tuviera frío.

 

Pasado un tiempo, que para ella fue una eternidad, salió por fin de su embeleso. Prendió la luz, y aunque la aparición ya se había esfumado, en el aire quedó un olor raro, como a algo podrido.

 

-¡Ay, pero eso parece más un demonio que un muerto, Felicia! –le dije algo asustada-. ¿Estás segura de que no fue una pesadilla?

 

-No, no fue una pesadilla. ¡Era real! ¡Algo estuvo en mi cuarto anoche!

 

Las visitas se repitieron durante una semana, y en las mañanas Felicia venía a contármelo, cada vez más desmejorada. En todo el cuerpo comenzaron a aparecerle arañazos y moretones. Según ella, aquella aparición estaba haciendo algo con su anatomía, sin que pudiera impedirlo. De nada servían los termos de café que se preparaba para evitar dormir. En algún momento, y sin darse cuenta cómo, aparecía en la cama, dormida, y en medio de sus sueños veía aquella figurita tan diminuta, que la tocaba ahora, y le introducía metales en la carne.

 

Le dije que buscara ayuda, que fuera a ver a una santera o a alguna espiritista que entendiera de estas cosas. Llorando, me prometió que sí, que lo haría, que ya no podía más soportar aquel martirio.

 

Esa fue la última vez que supe de ella. Al día siguiente, me extrañó que no viniera a visitarme. Al mediodía le toqué con fuerza en la aldaba. Nadie respondió. Insistí cuanto pude, y temiendo lo peor, llamé a la policía para que vinieran a derribar la puerta. Pasaron trabajo, porque el cerrojo estaba asegurado por dentro.

 

A pesar de eso, y de que la casa no tenía otra salida, Felicia no se encontraba allí. La cama estaba deshecha, y en las sábanas había manchas de sangre. El aire olía a basura y a carne descompuesta.

 

Hasta hoy su desaparición es un misterio. Algunos hacen comentarios absurdos de que tal vez intentó irse en balsa a los Estados Unidos. Otros hablan de extraterrestres y de una posible abducción.

 

Tengo miedo. Porque desde entonces, no he podido dormir bien. Y anoche tuve una pesadilla terrible. No he visto apariciones. Eso no. Pero estoy preocupada. A la hora del baño, mientras me enjabonaba, me he descubierto junto al ombligo un moretón muy extraño. ¡Ay, Dios mío! ¿Me empezará a pasar lo mismo que a Felicia? ¿Será que ahora la aparición viene por mí?...


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